Mar 13, 2013
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Naufragio en Lanzarote, o el desprecio al ser humano

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Me van a disculpar por meterme también a hablar de este asunto, y es que da la casualidad de que antes de dedicar buena parte de mi tiempo a ayudar a las personas más desfavorecidas de nuestra sociedad estuve unos cuantos años muy centrado en la defensa de las personas migrantes a este y al otro lado de la frontera, un asunto que me dio para escribir algunos libros y denunciar pública e institucionalmente, entre otras barbaridades a esas cárceles del olvido que son los Centros de Internamiento de Extranjeros en España (CIE), o a esos partidos xenófobos que  organizaban en Tenerife manifestaciones contra la inmigración, o las redadas masivas e indiscriminadas de inmigrantes por orden del Ministerio, o al mismísimo Zapatero ante Naciones Unidas por el despliegue del Frontex cual cementerio de personas, y a participar en campañas a favor de la hospitalidad que ahora quieren castigar, o en un proyecto de cooperación con Senegal que llevó gafas y alegría a muchos niños de allí y de acá, y no sigo porque la lista es mucho más larga. Pero es que antes de todo eso pasé más de una década trabajando en la Guardia Civil en Canarias, cuatro de esos años en el Servicio Marítimo repartidos entre Fuerteventura (3) y Tenerife (1). Con este bagaje, bueno o malo, mucho o poco, creo que algo podré decir del asunto cuando además leo y escucho lo que se está diciendo, o muy de una parte o muy de la otra, cuando en la vida la mayoría de cuestiones no son blancas o negras sin más.
Así las cosas, decir que la Guardia Civil realizó una actuación intachable en ese naufragio en Lanzarote es tan incierto como acusar a los agentes que actuaron de asesinato. De entrada en el video se ve una imagen clara, pero hay que recordar que eran las dos de la madrugada de una noche cerrada, así que con toda seguridad allí se veía muy poco. La patera no tenía luz alguna, y era la patrullera la que apuntaba sus focos para localizarla. Conviene aclarar que esos focos han de ser dirigidos manualmente hacia el objetivo desde dentro del barco, en una operación un tanto complicada cuando la patera está intentando esquivar a la patrullera. Al margen del foco hay radares, pero cuando el barco está muy cerca y tiene una eslora muy baja con poca superficie fuera del agua, como le sucedía a la patera, el radar pierde precisión y la señal desaparece o se confunde con las propias olas. A las dificultades del foco y del radar hay que sumar la distancia notable que hay entre la cabina donde va el patrón de la patrullera y la proa de la misma, esto implica que la visibilidad no sea la adecuada cuando de barcos pequeños se trata. Así, la patera puede muy bien quedar escondida debajo de la proa de la patrullera. Por eso estaba el guardia que se ve en la proa por fuera, para avisar de los movimientos de la patera. Pero la patera como vemos intenta escapar inicialmente, obligando a la patrullera a virar de manera brusca. De repente la barquilla detiene su marcha y se atraviesa a la línea que seguía la patrullera, y acaba sucediendo lo que nunca debería haber sucedido, la patrullera alcanza por la proa un costado de la patera y la vuelca.
¿Qué lectura podemos hacer de lo que ocurrió? En mi opinión, el patrón no vio la patera, el guardia de la proa no lo avisó con tiempo suficiente, o aquel no lo entendió, o no reaccionó a tiempo para cambiar de rumbo y evitar el abordaje. Una hipótesis que no es descabellada si tenemos en cuenta que las patrulleras meten bastante ruido con los motores, no haciendo nada fácil la audición de los mensajes. Si a todo esto le sumamos lo que se ha dicho, que al parecer la patrullera tenía algún fallo mecánico, con un motor que no funcionaba, y hablamos de un barco de notables dimensiones que no puede frenar en seco como un coche, todo me hace pensar que fue un accidente producto de un cúmulo de factores, negligencias y desprecios.
Olvidándonos ya del vídeo, puedo decir que en los cuatro años que pasé trabajando en esos barcos nunca hubo agente o patrón que quisiera abordar una patera o un cayuco, y sí más de una vez jugarse la vida en condiciones muy malas, y tirarse al agua a salvar a gente, o tirarse a sacarlos del fondo ya ahogados. Todos sabíamos de lo desesperados y débiles que venían, y unos con más empatía y otros con menos, hacíamos lo que podíamos. Cargar pues todas las tintas contra los agentes que iban en ese barco en Lanzarote es muy injusto, cuando ellos únicamente cumplían órdenes.
Ahora vamos a la segunda parte de este artículo, lo que está detrás de este drama humano, que no es por cierto el primero. Sólo hay que tirar de hemeroteca para repasar los muchos accidentes con trágicas consecuencias provocados por malas maniobras de los barcos que supuestamente iban a rescatarlos, cuando no se perdieron en el Atlántico y murieron de hambre y sed, o volcaron ellos solos, o los obligaron a volver a África y murieron igualmente, cuando no aparecían en El Hierro tras 15 días con más de la mitad muertos, o en las Islas Barbados. Y en mi opinión todo se reduce a una cuestión: un claro y manifiesto desprecio por el ser humano negro, moro, africano, pobre que viaja en esos barcos. Da igual que vivan o mueran, que sufran o se ahoguen, la vida de un inmigrante africano no vale nada para los europeos.
Así es, o así al menos lo entiendo yo. En una sociedad que respetara a estas personas no existiría ni Frontex, ni CIE, ni redadas indiscriminadas, ni se castigaría a los que ayudan a los sin papeles, ni habría una frontera cerrada para los pobres que vienen y otra abierta para los ricos que vamos. En una sociedad que respetara a estas personas no se permitiría que un barco con un motor averiado saliera a por una patera e plena noche, y existiría de antiguo ya un protocolo prohibiendo a las patrulleras perseguir a una patera de noche a tan corta distancia, como si de un juego se tratara, porque el riesgo de colisión es grande, por no hablar de la considerable altura de la borda de las mismas, que hacen inviable un rescate en barcos pequeños. En una sociedad que respetara a estas personas no se habría deportado a los supervivientes tan rápido y sin siquiera tomarles declaración en torno al naufragio, cosa que me cuentan que ha ocurrido.
En fin, que si quieren buscar culpables en aquel naufragio no apunten tan corto, los guardias son sólo el último eslabón de la cadena de mando, víctimas también ellos de la ruleta macabra de este sistema. ¿Qué podrían haber hecho? Bien, podrían haberse negado a salir porque la patrullera no iba bien aquella noche, o podrían haber dejado a la patera más distancia para evitar riesgos, pero probablemente aquellas no eran las órdenes, y en la Guardia Civil no cumplir las órdenes se paga muy caro. Tan caro cómo que en ese trabajo se registran los índices más altos de Europa en suicidios con diferencia, con una jerarquía militar bastante fuerte, sin derecho a sindicarse, sometidos a juicios castrenses a la menor disidencia con poco margen hay para escapar indemne. Y no sigo porque me trae muy malos recuerdos.
En cualquier caso insisto, si quieren buscar culpables por lo del naufragio de Lanzarote apunten a los de traje y corbata, a los de Bruselas y Madrid, a los que toman las decisiones, a los que no van a ver nunca a un negro ahogarse, ni mojarán las olas. Apunten a esos porque el resto son sólo eslabones, peones, cooperadores necesarios o como queramos llamarlos, pero no son los que urden toda esta sucesión de injusticias. Cierto que en las sociedades injustas los cambios de verdad empiezan cuando el brazo represor del sistema deja de ser afecto al poder, por ahí vino la revolución de la Plaza Tahir en Egipto, los bomberos en España ya se han negado a actuar en desahucios, sindicatos de la Policía Nacional han protestado reiteradas veces por las redadas masivas de inmigrantes a las que obliga en Ministerio, confiemos en que pronto también en la Guardia Civil empezarán a surgir desafectos a esta barbarie, y si no es así, algunos seguiremos luchando.

Eloy Cuadra Pedrini.

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Opinión

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