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Feb 9, 2013
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Políticos y colectivos sociales: mala mezcla y ninguna revolución

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El título es claro, este artículo versará sobre lo perjudicial que resulta hoy para la lucha por la justicia social que los partidos políticos controlen, influyan o simpaticen con las asociaciones, las plataformas y los colectivos sociales que pretenden abanderar esa lucha, o peor aún, cuando esos colectivos en realidad están llenos de militantes o aspirantes a políticos por determinados partidos y usan del colectivo para llegar a otro puesto o cargo. En este punto alguien me dirá que es legítimo luchar en un colectivo social y tener inquietudes políticas o preferencias por un partido. Y yo le diré que sí, legítimo sí que es, pero en el estado actual de decadencia que vivimos en España no hay nada más denostado que la clase política, son el tercer problema de los españoles por detrás del paro y la economía, decir político es pensar inmediatamente en corrupción, demagogia, apesebramiento, teatro, incapacidad, cobardía y un montón de calificativos más que le vienen a la gente por asociación casi sin tener que pensarlo, por eso, si estás en un colectivo social que pretende luchar por la justicia de verdad, mejor no tengas conexión, interés o simpatía alguna con la clase política, porque al tenerla el colectivo deja de ser libre y se convierte en servidor de los intereses de ese partido, para acabar tan deslegitimado como el político mismo. Ojo, esto no quiere decir que no se consigan cosas por esta vía, al contrario, si el colectivo se procura apoyos o conexiones políticas logrará cosas que de otra manera resultarían más complicadas. Las logrará sí, pero no logrará un cambio de fondo, no un cambio de verdad, no estará rompiendo con todo lo podrido que tiene nuestra sociedad, algo que pasa irremediablemente por un cambio radical en la manera de hacer política y por supuesto por apartarse de todo lo que huela a político tal como hoy lo conocemos.
Lo que ocurre es que esta vía de desvinculación o lucha abierta desde lo social contra la clase política que yo propongo es la más complicada, por no decir casi suicida, y a las pruebas me remito. ¿Conocen a la Plataforma por la Dignidad verdad?, en ese colectivo participo desde hace un tiempo, también participé en el Movimiento 15M en Tenerife en sus inicios y en ese otro paralelo llamado Democracia Real Ya. Y bien, en el 15M y en DRY fui bastante crítico con el folklore repetitivo, eso de no salir de las manifestaciones ciudadanas como alternativa, también fui muy crítico con el hecho de que no hubiera en Tenerife libertad de acción, debiendo supeditarnos a lo que ordenaran desde las centrales de Madrid, y acabó de rematar el asunto la campaña abierta por el voto nulo que hicimos algunos en las elecciones de mayo del 2011, convencidos ya entonces de la corrupción generalizada y la ineptitud de nuestra clase política, pues, por todos es sabido que IU entró muy de lleno en el Movimiento 15M casi desde el inicio. Las críticas fueron feroces, y me tuve que marchar, pero, ¿en qué ha quedado el 15M?: en una gran decepción, un intento fallido.
Y más de lo mismo con la Plataforma por la Dignidad, donde tras más de dos años de lucha social sin descanso, habiéndole metido mano a causas e injusticias de lo más variado, habiendo denunciado a políticos de todos los colores, llegamos a un punto en el que empezamos a trabajar con el problema de la vivienda porque son muchas las familias sin vivienda o con desahucios de alquiler inminentes las que nos piden ayuda, cada día más, empezamos a buscar soluciones y a hacer propuestas, y desbordados nos da por convocar una asamblea abierta a colectivos para pedir ayuda, pero la colaboración no acaba de llegar de todos los que son, y se organiza un taller de ocupación de vivienda como último recurso para las familias que se ven en la calle, y uno de los colectivos nos intenta colar a un concejal en el taller, en un taller tan delicado como ese, y cuando nos da por expresar desde la Plataforma nuestra disconformidad por la falta de apoyos y por el intento de sacar rédito político de los colectivos sociales, esto es lo que me encuentro, de donde omito los nombres por aquello de que se dice el pecado pero no el pecador:

“Eloy, eres experto en dividir, en destrozar el trabajo de los demás, y en machacarles pero también en manipular a la gente,”
“Yo siempre he pensado que gente como tú son fachas disfrazados de gente de izquierda… a lo mejor ni tú ni te das cuenta pero tus actos te delatan…”
“a mi no me asustas, ni tú, ni quien se declare tu acólito.”
“…eres mala persona…”
“no sé si lo haces adrede y mandado por alguien” 
“desde que tengo noticias de él siempre ha sido un tergiversador, cobarde, ruin, hipócrita y facha disfrazado de izquierdoso”
“Este es el posicionamiento público de (…), Portavoz de (…), respecto al lamentable comportamiento mezquino y acosador de Eloy Cuadra, frente a algunos movimientos sociales y compañeras nuestras”
“Mi apoyo a (…), a sus palabras y a su posicionamiento en cuanto al fraude de Eloy Cuadra.”
“Ya basta de seguir permitiendo que alguien como Eloy Cuadra se cuele en los movimientos sociales para hacer daño y romper. (…) ¿¿¿parece como si le pagaran por ello???.”
“Y por cierto, a mi lo que opinen personas que son mala gente y dañinos para la lucha por la justicia social no me afecta para nada porque ni les tengo en consideración. Eso si, no los quiero en mi entorno y no les paso ni una. Entre ellos está Eloy Cuadra, la egolatría por excelencia y algunas de sus ahora más fieles seguidoras, que se montan teatros y sufren alucinaciones varias.” 

Y viva la libertad de expresión, en fin, es lo que hay, y no digo que no tenga defectos, que los tengo, y muchos, pero saben, el colectivo al que solicitamos colaboración y apoyo, casualmente, andan con una muy buena y estrecha relación con un partido de la oposición del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, o con varios; algunos de los que firman esas descalificaciones que les copio son antiguos compañeros de Democracia Real Ya que se ve que han guardado de entonces algo de rencor, y uno de ellos, casualidad, trabaja a sueldo para ese mismo partidos del Ayuntamiento y para otro más, y tanto o más de lo mismo con los últimos descalificativos de la serie, que vienen de una señora y un colectivo con mucha vinculación e incluso militancia activa en otro partido local del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Dicho esto, insisto, tengo muchos defectos y algún estigma –como haber trabajado en la Guardia Civil- que hacen que participar en colectivos sociales me sea muy difícil, pero no hay duda de que también influye y mucho en el desprecio que desprendo las conexiones políticas de los que así lo sienten y mi posicionamiento claramente antipolítico.
Antipolítico sí, pero aclaro, no por guardar ningún odio especial al político, a un político o a muchos políticos, son personas como todos, con sus familias, sus ilusiones y sus miedos, tampoco soy anarquista aunque puestos a simpatizar me gusta ese movimiento, antipolítico por ser contrario a la forma de hacer política que tienen hoy todos los partidos que conozco, todos continuistas, todos legitimadores del sistema democrático caduco y corrupto hasta la médula que tenemos hoy, aunque algunos se vistan de revolucionarios. Y esta percepción no es sólo mía, está cada vez en más gente, que sale corriendo de todo lo que huela a político. Por eso cuando a cada poco hay en Tenerife bienintencionados intentos de unificación de colectivos sociales o confluencias en frentes unitarios, están condenados al fracaso de antemano cuando en la mayoría de grupos sociales está sembrada y cantada la conexión con algún partido, cuando no hay un claro posicionamiento enfrentado radicalmente al sistema y a los partidos que lo legitiman, cuando muchos de los que están son viejos lobos de la que se dice auténtica izquierda, la siempre fragmentada izquierda. La gente no quiere eso, la gente está harta y busca otra cosa. Este es mi discurso desde hace mucho tiempo, por ello me he ganado muchos enemigos, y con este artículo estoy firmando mi condena al ostracismo más absoluto –y tal vez a algo más- en el terreno de las luchas sociales, y puede que también a la Plataforma por la Dignidad con la que participo, pero tengo que ser honesto y consecuente con mi forma de pensar, y, en cualquier caso, la hoguera ya estaba encendida antes de dar luz a estas reflexiones.

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