Mar 22, 2011
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Proyección y posterior debate del documental sobre el alzheimerBicicleta, cuchara, manzana

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En otoño de 2007, a Pasqual Maragall se le diagnostica Alzheimer. Superado
el golpe inicial, él y su familia inician una cruzada contra la enfermedad
y, desde el primer paso, esta película se convierte en testimonio de
excepción. Con inteligencia, sinceridad y buen humor, Maragall se deja
retratar junto a su familia y los médicos para dejar constancia del día a
día de su lucha personal.

Trabada a veces por las largas exposiciones didácticas, la película dibuja
una historia triste y emocionante de una persona que, sencillamente, no
quiere olvidar.

“Bicicleta, Cuchara, Manzana”, además de obtener el Premio Goya 2011 a la
Mejor Película Documental, son las 3 palabras que Pascual Maragall es
incapaz de recordar en un test de memoria.

OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE ABC
Día 20/02/2011comentarios
Desde que se proyectó «Bicicleta, cuchara, manzana» en el pasado Festival de
San Sebastián podía sospecharse, por la facilidad con la que recogía las
lágrimas de la sala como si fuera el sacristán de una Iglesia y su cepillo,
que la película era un fogonazo a la enfermedad de Alzheimer pero también
una bujía, una vela, a la figura de Pasqual Maragall. El director, Carles
Bosch, utiliza un formato sencillo y de doble cara: mostrar de un modo
didáctico y rotundo el proceso de esta enfermedad que viene a llevárselo
todo, no sólo el futuro sino también el pasado del enfermo, y mostrar a la
misma vez la personalidad fascinante y compleja de Pasqual Maragall, al que
le diagnosticaron alzhéimer hace casi cuatro años y desde el primer momento
se arrojó sobre la enfermedad como Errol Flynn y puso en marcha una
Fundación que trabaja desde entonces para encontrarle solución y antídoto al
veneno de la neblina.

«Bicicleta, cuchara, manzana» son tres palabras cualquiera que el enfermo de
alzhéimer no podrá repetirle al doctor al instante de nombrarlas, pero,
curiosamente, un alegre Pasqual Maragall conduce a la cámara hasta su
apartamento de estudiante en Nueva York, del que recuerda los más diminutos
detalles de aquellos tiempos lejanos, como para dar idea del mundo complejo
de luces y sombras en el que se debate esa enfermedad. Y es así el sentido
de este magnífico documental, tan didáctico como íntimo, tan promocional
como emocional, que demuestra cómo la memoria se oscurece, se sombrea, al
tiempo que la imagen del personaje se colorea, se llena de luz y de sentido
del humor, el de un hombre que se va haciendo fotos en los espejos para no
olvidarse de sí mismo.

Y también sabe esta película ser a la vez un dibujo de un solo hombre y una
crónica familiar (la presencia de la familia de Maragall, y en especial de
su mujer, Diana Garrigosa, le procuran al documento algo de poesía, de
dulzura, pero también de insoportable rugosidad y espina); y aunque parezca
raro o forzado, logra mantener en el aire tanta preocupación como sentido
burlón, y tanto drama como encanto gracias a que abre de par en par la
ventana a lo terrible del alzhéimer, pero también a este hombre bailón,
cínico, cercano y con una eterna cara de juerga.

Bicicleta, cuchara, manzana no es solo un documental sobre Pasqual Maragall
y el alzhéimer. Es una gran película, que una crítico -asegura su director,
Carles Bosch- ha calificado como “una historia de amor”. Bosch (candidato al
Oscar con el documental Balseros), los dos productores y Diana Garrigosa, la
esposa de Pasqual Maragall, han comparecido esta mañana en una emotiva rueda
de prensa porque el filme se ha proyectado dentro de la sección Oficial,
aunque fuera de concurso.

GREGORIO BELINCHÓN – Madrid – 19/09/2010 EL PAIS

Durante dos años, Bosch siguió a Pasqual Maragall, desde el diagnóstico de
la enfermedad de Alzhéimer en una fase muy inicial hasta hace unos meses; el
ex presidente de la Generalitat y ex alcalde de Barcelona (con este cargo se
define ante un desconocido en Nueva York en un momento del largometraje)
arranca su lucha personal y profesional, y ahí continúa. “No está aquí”,
comenta Garrigosa, “porque ha preferido pasear con su nieta y José Ramón
Recalde”. Prosigue con su día a día, “va a la oficina, y se pone nervioso si
falta alguna vez; necesita la agenda llena”, y aún publica artículos sobre
política. “Pero este filme no es sobre Pasqual, es sobre el Alzhéimer. Si
queremos concienciar a la gente no podíamos tampoco rodar diez años sino
estos dos”, asegura su esposa.

“Es una película válida para todo el mundo, porque en todos los países pasa
lo mismo”, comenta a su lado el director. Bosch ha insistido mucho en que,
en su opinión: “O hacíamos una gran película o no la hacíamos, porque tenía
que tener un envoltorio de primera división”. Recordando, eso sí, “que cada
caso es un caso. Esta película, por ejemplo, acaba en puntos suspensivos.
Pasqual no quería hablar de la enfermedad, pero a veces da perlas a la
cámara. Lo que sí tenía yo era que quienes le rodean son personas
brillantísimas y honestísimas”.

Por eso Bicicleta, cuchara, manzana habla de Maragall, sí, pero también se
asoma al drama otros enfermos por todo el mundo y muestra el inicio de la
Fundación Internacional Maragall contra este mal, el empuje por coordinar a
científicos de todo el mundo.

Garrigosa, que demostró ante la prensa un temple y una firmeza
espectaculares, dijo: “la distancia a la solución, que puede que llegue en
20 años, no nos hace pesimistas, sino proactivos”. Mientras Bosch reconoció
que para un documentalista “es mucho más fácil crear emociones que para un
director de ficción”. “Esta película es una herramienta, espero que útil,
para la Fundación Maragall. Había que hacer por tanto un filme que llegara a
todos”.

¿Y qué opina Maragall? “A él le gusta. Echa en falta cosas y le hubiera
gustado que fuese más larga. La ha vuelto a ver entera esta mañana”, dice
Diana Garrigosa. “La película ha sido una carga con una compensación: estar
aquí; la enfermedad de mi marido es una carga, sí, una mala jugada de la
vida; así que debo convertir esa jugada en algo mejor”. El público, desde
luego, está a su lado.

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La Palma

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