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Dic 4, 2010
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El Cabildo restaura el Molino del Durazno, en Antigua, recuperando con ello un nuevo Bien de Interés Cultural para la Isla

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Los carpinteros ensamblaron el altar, la rueda dentada y el eje en una misma estructura que, tras elevarse sobre la torre del Molino del Durazno, volvió a acoplarse en el interior de esta edificación centenaria. La operación tuvo lugar ayer en las afueras de Antigua, allí donde se encuentra este molino y donde los técnicos, carpinteros y operarios del Cabildo comenzaron a montar de nuevo toda la maquinaria de molturación que ha sido restaurada tras varias décadas en desuso.

Esta acción forma parte del proyecto de restauración del Molino del Durazno, catalogado entre los 23 molinos y molinas que en Fuerteventura están declarados Bien de Interés Cultural. El Cabildo, desde la coordinación entre los departamentos insulares de Patrimonio Histórico e Infraestructuras, impulsa un proyecto que se ha venido materializando en los últimos meses valiéndose únicamente de los recursos propios de la institución insular.

Los trabajos comenzaron a finales del pasado mes de julio con la restauración de la estructura del edificio. Desde entonces y hasta el momento, los carpinteros de la Corporación han venido trabajando en restaurar o sustituir, dependiendo de su grado de deterioro, la totalidad de las piezas que conforman la maquinaria de molturación y la estructura interna del molino.

La ejecución del proyecto continuará durante las próximas fechas con el montaje del capacete o techumbre. Los dos carpinteros del Cabildo encargados de esta labor levantarán manualmente la cubierta de madera, utilizando las técnicas de carpintería artesanal y reconstruyendo la antigua apariencia de este molino de viento tradicional.

Del mismo modo, el proceso se completa con la instalación del resto de piezas de hierro y madera que han sido restauradas o recuperadas y que también forman parte de la maquinaria de molturación, como es el caso del ‘rabo’ o timón, las aspas, el husillo, la lavija, la tolva, la canaleja o las muelas. Por otro lado, antes de la instalación del capacete, se habían ubicado en la planta superior del molino las dos piedras de moler originales.

A lo largo de los años, el Cabildo de Fuerteventura ha ido incorporando a su patrimonio los diferentes molinos y molinas que se encuentran distribuidos por todo el territorio insular, hasta contar en la actualidad con 14 de los 23 que han sido catalogados como BIC, en la categoría de monumento, según el Decreto 162/1994, de 29 de julio del Gobierno de Canarias.

Asimismo, el Cabildo ha restaurado doce de estos molinos y molinas que son de su propiedad, impulsando también la rehabilitación de otros inmuebles que pertenecen a vecinos y particulares, como es el caso concreto del Molino de Durazno, o como ocurre con tres de estas estructuras que se encuentran en el Municipio de La Oliva y para los que se ha redactado un proyecto de restauración. Una de ellas, la Molina del Carmen, ubicada en la Plaza Patricio Calero de Corralejo, ha sido restaurada por el Ayuntamiento, mientras que la Molina de Manolo la ha recuperado el Cabildo, quedando por actuar en el Molino de Domingo.

Otros de estos inmuebles también declarados BIC quedarían por restaurar, como ocurre con La Molina de La Asomada, que ya cuenta con proyecto redactado por el Cabildo para su reconstrucción, u otros dos molinos en Valles de Ortega, que son propiedad del Cabildo, y que figuran entre las previsiones de la Corporación para ser restaurados.

En otros casos, son los propios propietarios de estos bienes quienes, tal y como dispone la legislación de Patrimonio Histórico, que se han encargado de recuperar por ejemplo el Molino de Lajares o la Molina de Tindaya-Tebeto.

Declaraciones. Genara Ruiz, consejera de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, habló del “valor que tienen los molinos y molinas de la isla, en el sentido de que forman parte de la historia económica y cultural de Fuerteventura”.

La consejera destacó que no se trata sólo de recuperar la apariencia de un vestigio de nuestra historia, “ya que por supuesto hablamos de elementos que enriquecen enormemente el paisaje rural majorero, sino que también en muchos casos, como en el Molino de Durazno o los Molinos de Antigua y Tiscamanita, habilitados como parte de la Red Insular de Museos, recuperan completamente su funcionalidad y son capaces de producir gofio como lo hicieran nuestros antepasados, y por supuesto constituyen también un importante atractivo para el turismo cultural”.

Referencia Histórica. Los molinos de viento han pasado a formar parte del paisaje majorero, como testigos mudos de un pasado en el que desempeñaron un importante papel económico. En Fuerteventura se fueron construyendo a lo largo de la geografía insular, especialmente en la zona centro-norte, desde finales del siglo XVIII y principios del XIX, y en respuesta a las necesidades climáticas y socioeconómicas de la Isla. La presencia constante de los vientos alisios, que constituían su fuente de energía, y la tradicional economía cerealista de la Isla, favorecieron la implantación de estas edificaciones.

El molino de viento proporcionó enormes ventajas en la molturación de granos, aunque su introducción y proliferación no determinó el abandono de los sistemas de molienda más antiguos, como el molino de mano o la tahona (de tracción animal).

Diferencia entre molino y molina. El molino de viento o molino macho es una edificación de planta circular, troncocónica, realizado en piedra, cal y barro, y coronada por una caperuza o capacete de madera que gira por medio del rabo o timón para orientar las aspas hacia la dirección del viento. Normalmente contaba con tres pisos, aunque algunos tienen dos, y cuatro aspas (también seis) de madera y tela de lona.

La molina, en cambio, es más moderna que el molino (fue ideada por Isidoro Ortega en la Palma, en el siglo XIX), e incorpora  la ventaja de reunir en una única planta las actividades de molienda y manipulación del grano, evitando al molinero el dificultoso trabajo de subir y bajar constantemente entre las plantas del molino. Su principal característica es la marcada diferencia entre la maquinaria y el edificio. La molina consta de una habitación cuadrangular de la que desde el suelo hasta el techo y el exterior sobresale una torre de madera que sostiene todo el mecanismo.

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