Sep 4, 2010
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Lo esencial es invisible a los ojos (“El Principito”, Saint- Exupéry)

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Me gustaría comenzar diciendo que mis opiniones como las de todos, son respetables, pero discutibles. Hasta ahí llego. No obstante en momentos como estos me es muy difícil explicar de una manera razonable, lo que sin duda es un sinsentido, al menos para mí. En pleno periodo estival, donde las mentes, los periódicos y la vida adquiere un formato por llamarlo de alguna manera de, “electroencefalograma plano”……….., o así pretendemos; es difícil hacer un análisis de situación y relatar brevemente que es lo que pretendemos para el próximo periodo de sesiones.

Últimamente, les confieso que estoy un poco desalentada, y no es por el estado de la política en general, ni de la crisis en particular. Lo que subyace detrás de mi estado es la falta de certeza del por qué de tanto trabajo. Al principio cuando comencé en la política, tenía bien claro que mi interés, era el interés general, y así lo sigue siendo. Lo que pretendía o intentaba conseguir era que la sociedad tal y como yo la entendía tenía que ser más solidaria, más comprometida con lo que menos tienen, más justa. Y les aseguro que eso es lo que ha marcado mi camino desde entonces. Lucho día a día porque todos aquellos proyectos e intereses que puedan ser útiles a mi tierra salgan adelante. Les quisiera decir que no siempre ha sido fácil, y que hacerte con las maneras, las gestiones y las negociaciones ha dado mucho de sí. Pero era mi meta, y sola o en compañía de otros que también luchaban por el bien común he seguido trabajando.

Más tarde, pensé que ya era hora de plantearme las cosas de otra manera. No existe el blanco absoluto ni el negro rotundo; entre medio hay un sin fin de matices que a veces con las prisas no te paras a analizar. Cada día de mi vida como diputada me levanto con el firme propósito de ser útil a la sociedad que represento. Este es mi cometido fundamental; después te encuentras con una innumerable lista de dificultades, escollos y vías alternativas, que van surgiendo y entorpeciendo el camino.

Pero me incorporo, me desayuno y comienzo de nuevo. Para otros dejo el desaliento, para otro dejo la crítica. Si desde Madrid me dicen, ahora ya no hay para aquello que estábamos gestionando, pero te aseguramos que de aquí a final de año, tendremos para ello; yo sigo adelante y continúo llamando día a día, hasta que por fin consigo(con paciencia y tesón) el objetivo que queríamos alcanzar. Entiendo que este trabajo es invisible, insoluble he insípido; y que solo yo, se de mis desvelos, y de mi quehacer del día a día; pero no desfallezco. Y con esta actitud he conseguido muchísimos resultados (que ya otros se han encargado previamente de apuntarse para sí).

A veces no es así, en ocasiones pese a meses de desvelos, de trabajo, de reuniones y gestión, el proyecto en cuestión se queda en nada. Es desalentador, pero normalmente no puedo pararme a pensar, porque detrás viene otro proyecto empujando. Este trabajo que no se ve, que no se valora, en el que invierto tanto tiempo, y a veces hasta sueño, es el que más me reconforta. A mí, como a todos los seres humanos nos afectan las críticas (más cuando son injustas). Pero si algo he aprendido en este tiempo, es que no puedes pararte a pensar, tienes que seguir adelante, tienes que luchar, lo tienes que conseguir. Este verano además he tenido la oportunidad de comprobar por mi misma, que la vida aun y todo es un manjar divino que merece ser vivida con intensidad, porque nadie cuando amanece tiene la certeza de que acabará ese día, y precisamente esa incertidumbre, que siempre nombramos pero que nunca tomamos en serio(porque pensamos que con nosotros no va), es la que te hace pensar que en realidad para vivir, no nos hace falta sino “nosotros mismos”, debes de tener la garantía de que haces lo que debes de hacer cuando lo debes de hacer, y responderte a ti mismo que lo intentas de buena fe(aunque a otros no se lo parezca); esa serenidad que te da tu propia existencia sensata y honrada es la única que tiene la garantía de pervivencia más allá de una legislatura.

Si me preguntan qué es lo que espero del siguiente período de sesiones, les contestaré con toda humildad, que seguiré trabajando con honradez, seriedad y tesón, por el bien común, por una sociedad mejor, porque el día de mañana tenga mejor color que el que ahora mismo vemos. Vivimos tiempos convulsos, cambiantes y sometidos a distintos factores que hacen creer poco en el bien común. Yo solo les puedo garantizar mi sentido común para que así sea; espero que ustedes confíen en que pueda conseguirlo.

Mercedes Coello Fernández-Trujillo, diputada por Santa Cruz de Tenerife

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Opinión

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