May 28, 2018
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Julieta Martín: “Nos encanta estar dormidos aparentando estar despiertos”

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La escritora canaria, periodista y licenciada en Historia, Julieta Martín Fuentes, publica su segunda novela, El Corazón de Débora, con Mercurio Editorial, e invita a sumergirse en una sucesión trepidante de acontecimientos, con el estilo narrativo que le caracteriza y que atrapa al lector desde la primera hasta la última página. Pero hasta ahí llega el parecido con su primer libro Lolita Pasión, y demuestra su capacidad para sumergirse con la misma facilidad en el mundo de la luz y en el de las sombras. El próximo miércoles, 30 de mayo, presenta su novela en la 30 edición de la Feria del Libro de Las Palmas y el domingo, 3 de junio, en la 77 Feria del Libro de Madrid.

– ¿Porqué este giro hacia la oscuridad? ¿De dónde nace El Corazón de Débora?

“Creo que antes de la luz siempre está la oscuridad, lo que sucede es que nos resulta más fácil, o es más rápido, hablar de cosas alegres. También porque conectamos mejor con los demás con el humor. El dolor, la tristeza, la incertidumbre y las inseguridades son cada vez menos populares; mucho más en la actualidad, donde todos parecemos estar obligados a ser felices y a demostrarlo. En El Corazón de Débora quería hablar precisamente de lo que nunca hablo, de lo que algunos sospechan u otros saben con certeza y que, en mi caso, descubrí demasiado pronto”.

– Habla de certeza de una forma que parece una cuestión de supervivencia. En su libro demuestra su faceta como historiadora apuntando a acontecimientos decisivos para la Humanidad. A su parecer, ¿en qué momento ha estado más dormido el ser humano. Ahora, o justo antes de bajarse de los árboles?

– “Creo que al calificarnos de seres pensantes ya necesitamos dejar de pensar, porque es el ser consciente el que sufre. De ahí que, en mi opinión, sea más fácil no pensar, dejarle esa responsabilidad a otro y, si podemos, asegurar nuestra supervivencia bajo el paraguas y la supuesta seguridad del grupo. Que el ser humano, además de pensante, sea sociable no es casualidad, es supervivencia. Y para sobrevivir hacemos lo que sea, ¿verdad?. Así que estar dormido es una necesidad, porque si nos mantenemos despiertos nos daremos demasiada cuenta de lo que sentimos y de las consecuencias de lo que hacemos. Es una ironía, pero creo que es así. Yo misma utilizo El Corazón de Débora para, de una forma consciente, dar forma a una reflexión a través de una fantasía; pero hasta esa fantasía es histórica. Así somos, nos encanta estar dormidos aparentando estar despiertos. Puede que sea así desde siempre”.

– De esta reflexión podría deducirse que no basta una vida para aprender, y me recuerda bastante el dicho de “nadie escarmienta en cabeza ajena”. ¿Cree que la ansiada inmortalidad tan presente en su novela, acabaría por invertir nuestros valores y la forma en que nos relacionamos?

“Creo que ya lo hace. En cierta forma, lo único que evita que demos rienda a suelta a nuestros instintos y que hagamos todo lo necesario para sobrevivir es la creencia de que hay algo más allá de la muerte. Las religiones, casi la mayoría de ellas, funcionan a la vez como herramienta de contención y válvula de esperanza ante la terrible certeza de que moriremos. Nacemos con esa verdad, y de una forma u otra aprendemos que es cierto. Así que sí. Creo que si fuéramos inmortales, o encontráramos un camino para serlo, y también aquellos a los que amamos, habría muchos menos límites. Sería interesante pensarnos en esa realidad y ver qué haríamos, y qué no, pero también por qué”.

 

– Para El Corazón de Débora elige un hilo conductor arriesgado con saltos continuos en el tiempo y nuevos personajes que se incorporan a la trama hasta el último momento. ¿Cómo se lleva ese ritmo desde el punto de vista de la construcción de la novela? ¿Le resultó muy complicado engarzar tantos elementos?

– “Cuando escribo me dejo llevar, por eso supongo que tantos personajes surgen de mi forma de ver la vida. Porque en lo que sucede en ella intervienen todas las personas que nos encontramos, así como las situaciones y lo que nosotros decidimos sobre ambas cosas. Porque nada está decidido. A mí me resulta divertido hilar acontecimientos y personas, descubrir las conexiones, como nos sucede cuando analizamos un momento que nos cambia la vida, y entonces recordamos más detalles de los que creíamos. Escribir es como recordar pero al revés. Me concentro en los detalles para que desemboquen en aquello que quiero contar. Claro que la historia misma siempre me sorprende y me dejo embrujar por ella un poco. Si no, no sería tan refrescante escribir, por lo menos para mí”.

– Una curiosidad, ¿de dónde provienen los nombres de los personajes y las estirpes?

– “Eso me hace sonreír… Cuando escuchas hablar en otro idioma y no lo comprendes se produce una especie de ruido que nos atrapa, por lo menos en mi caso, porque queremos entender, pero no hay manera. Así creé los nombres más antiguos y de las estirpes. Pensé que al ser tan antiguos, no podría utilizar ningún nombre conocido, así que leí textos de leyendas mesopotámicas, egipcias y fenicias y los cambié un poco en función de lo que oía cuando los decía en voz alta”.

– La isla de La Palma vuelve a convertirse en escenario fundamental en su segundo libro. Esta vez nos sitúa en plena época de ataques piratas a finales del siglo XV dirigidos por el temible corsario Pata de Palo. ¿Qué le divierte más, su faceta de escritora o de historiadora?

– “Combinar las dos es lo más divertido. Creo que una de las cosas que nos encanta a los amantes de la historia es recorrer los lugares donde sucedieron los hechos que están narrados de forma tan fría en los libros. Por eso buscamos anécdotas y escuchamos embobados a los guías cuando nos narran los secretos que sólo ellos conocen. Así que lo confieso, me encanta hacer recorridos históricos por ciudades y pueblos, y La Palma es un lugar privilegiado para eso. La isla era el último puerto de pago antes del desierto del mar que llevaba a Indias en la época del Imperio español, y hasta aquí llegaron navíos mucho antes de la conquista. Luego, entre 1500 y 1600, por ejemplo, había ataques piráticos cada dos años. Por eso tenemos murallas, cañones y castillos, pero también arqueología prehispánica, o la huella de Flandes e Irlanda o Inglaterra, que aún pervive en las iglesias y los inmuebles públicos. Así que hacer que sucedieran hechos ficticios en ese contexto es una golosina a la que ningún soñador romántico podría resistirse”.

– “El amor es lo único que nos salva de que nos devoren…”, dice uno de los personajes. Normalmente lo pensamos al revés. Es decir, lo vemos desde el punto de vista de que el amor funciona como un motor que nos impulsa. Pero nunca lo había visto como un escudo en sí mismo. ¿Este concepto se lo descubrió El Corazón de Débora, o ya lo manejaba antes de escribirla?

– “Es un concepto descubierto en el viaje de la vida y al que este personaje llega también tras los hechos que le suceden en la novela. Cuando se ama intensamente uno puede ser devorado por ese sentimiento, incluso por el ser amado, si se deja, pero cuando se ama intensamente también se pelea, el amor da una fuerza sobrenatural. Por eso es un arma tan poderosa y, como todas las armas, hay que saber manejarla, claro. Siempre me ha resultado sorprendente la capacidad de supervivencia del ser humano, el por qué de esa lucha, y el para qué”.

– Afirma que no puede existir luz sin oscuridad, ¿Qué es lo mejor y lo peor de Débora?

– “Es curioso que me preguntes eso porque es el personaje sobre el que construí toda la historia y, sin embargo, es el que menos defectos parece tener. Tal vez porque aparece como un recuerdo, y esos siempre son ideales, mucho más cuando pasan los años. Pero como sucede con éstos, al mirarla de cerca comprendes que los tiene también. Por eso diré primero lo peor que tiene, y es su egoísmo, su independencia y su frialdad. Pero lo mejor de Débora es su valor, su ternura y su fortaleza”.

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Canarias · Entrevistas

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