May 23, 2018
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Francisco David Carballo Ventura “he dejado de creer en la justicia”

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Son muchas las sentencias judiciales que últimamente producen una gran incomprensión entre la población, no acostumbrada a lidiar con un lenguaje técnico, ininteligible y posiblemente desfasado. No voy a entrar a detallar la lista de casos que, a priori, parecen que dibujan dos realidades completamente opuestas porque copan a diario las primeras páginas de periódicos y los cebos informativos y sobre ellos, cada uno de ustedes, tienen ya su propia opinión. Son casos que parecen alejados de nosotros porque se producen en la península, sin embargo en La Palma también el sistema judicial emite sentencias que dejan sin palabras a los afectados.

Francisco David Carballo Ventura iniciaba una serie de trabajos de reforma en una casa situada en el barrio de El Roque en el municipio de Los Llanos de Aridane. Hasta ese lugar trasladó todas sus herramientas y algunas prestadas por amigos. Sin embargo, todo este inicio de un trabajo que parecía muy simple se ve complicado cuando alguien accede al interior de la finca y se introduce en el cuarto de aperos donde David guardaba las herramientas, “esa fue la primera vez que entraron, recuerda David, en esa ocasión se llevaron un bidón de agua, maquinaria de soldar, destornilladores, en general herramientas de albañilería y fontanería que tenía guardado en ese cuarto; rompieron además los riegos”. Una situación que se complica aún más cuando el agente que redacta la denuncia considera que la puerta del cuarto de aperos no reúne las características ni técnicas, ni materiales para considerarse una puerta como deja constancia en su escrito “se trata de una puerta de tea de las antiguas, con una cerradura de las grandes, se le puso una plancha metálica delante para evitar que se hinchara en época de lluvia, aclara David, yo miraba al agente y creo que le grité si él pensaba que aquello era un avión y no había forma de que viera más allá de lo que escribía”. Y quizá sea detalle en la redacción lo que ha producido la indignación de este palmero “si lo redactas así ya no es un robo, es un hurto, un delito menor con el que las personas que lo han hecho se salvan por no decir otra cosa. Yo me he quedado sin mis herramientas valoradas en unos 9.000€, más unos 6000 euros por la rotura de los riesgos, el bidón y ellos están tan tranquilos”.

Una situación que lo llevó a la quiebra, y que que no termina aquí porque hubo una segunda denuncia por otra presunta entrada a esta finca, una ocasión en la que los amantes de los ajeno irrumpen de nuevo en la finca, matan unas 15 gallinas, las dejan tiradas en los alrededores de la casa ,y, esparcen cuerpos de las aves por las calles de Los Llanos de Aridane. Y si en aquel primer momento no se contaba con testigos, ahora sí. Una vecina que presenció cómo unas personas accedieron, aquella primera vez, y la segunda a la finca y, a quienes, fotografió. La testigo por miedo a represalias no declaró pero sí que entregó las fotos a David, la señora me entrega unas fotos que hizo de los dos robos e identifica a las personas que entraron y voy de nuevo a presentar otra denuncia con las fotos en mano y dando los nombres y no me aceptan absolutamente nada y, lo que el agente que me atiende, repite y repite, es que en aquellas fotos no se ve nada”.

La sentencia sobre su caso ha sido desfavorable; el peregrinaje en busca de ayuda de David ha sido infructuoso y el sentimiento que alberga es el de la incredulidad ante la justicia “todo esto hizo que entrara en una depresión, me he visto solo; tan solo arropado por mi familia y amigos. He acudido a todos los lugares oficiales y he llamado a todas las personas y puertas que puedas imaginar y nada. Yo he hecho las cosas bien, he utilizado los recursos que el sistema pone y el sistema premia al que se lleva lo tuyo por un tecnicismo legal; dejas de creer en la justicia porque tú haces las cosas como te dice el sistema y luego ves que aunque sigas los cauces, ganan los malos, por decirlo así”.

Intentando salir a flote, David no “tira aún a toalla”. Ya estudia otras alternativas, y, quizá en un futuro esta parte tan negativa de su vida se convierta en una mera anécdota.

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La Palma

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