May 10, 2018
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Rock para vivir de pie

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Ser original y no rendirse. Estar sin dejarse arrastrar por la marea musical que entretiene pero no dice nada. Porque el valor del rock and roll está en el compromiso que emana de las letras y hace vibrar con sus notas las salas, las plazas de los pueblos, los auditorios y los estadios. “Eso era antes”, explica Carlos Catana (Carlos García. La Palma, 1963), músico legendario del rock canario con más de 80 años de conciertos en su chupa de cuero. “Ahora no hay circuitos para tocar ni en La Palma ni casi en ningún sitio; porque la música se hace enlatada, y a mí solo me interesa lo que tenga corazón”. A su lado, en la Plaza de España de Los Llanos de Aridane, se sienta Margarita Galván, pianista con formación clásica con la que ha publicado su último disco Catana Dos. “La música solo tiene sentido si hay compromiso y este tiene que ver con las palabras, porque tienes que decir algo”, agrega justo en el instante en el que un caminante se tropieza y cae al suelo sin remedio. Catana se levanta como un resorte para atenderlo, ignorando que en la grabadora sigue la entrevista. Al regresar, ya tranquilo porque solo fue un susto para el viandante, comenta que lo sucedido es reflejo de lo que vivimos actualmente en el rock y en la vida,  “que nos resbalamos”, sentencia.

“La música me ha dado cultura”, afirma Carlos Catana, “tras 38 años sobre el escenario me ha permitido conocer a grandes músicos y a grandes personas. También me ha dado una experiencia urbanita de poder caminar ciudades y calle; ya que con ella tengo el conocimiento de la calle, tanto en lo bueno como en lo malo, así que me ha enseñado a defenderme. Porque hay personas muy traicioneras. Así que la música para mí”, destaca, “es los grandes músicos que he conocido y las grandes personas”.

En sus comienzos, Carlos Catana tonteó con el punk en el grupo Facies.  “Era el cantante y llevaba el pelo de colores y chupa de cuero”, aclara Carlos Catana, “pero no hacíamos música punki”. Se define, de hecho, como más cercano a Jim Morrison y, por supuesto, a The Doors. Quizás por eso en él las composiciones son automáticas, “no escribo primero y le pongo  música después, sino que todo viene a la vez, en una misma corriente que me hace crear inevitablemente”, confiesa. Antes, con doce años, en 1978, escuchar canciones en la radio, en su casa de Los Llanos, en La Palma, le cambió la vida. “Porque luego ves las fotografías de los cantantes como Lou Reed o Neil Diamond y empiezas a vestirte como ellos”, evoca, “a ponerte cuero negro y zarcillos, a pintarte las uñas y los ojos de negro, a fumar…y entonces hay un choque social y un problema familiar, por eso a partir de ahí tu camino es otro”.

Respecto a su forma de crear, el artista reconoce que no se marca el objetivo “de escribir hoy una canción, o mañana o pasado, sino que un día me despierto y necesito coger la guitarra, y algo me dice que tengo que escribir. Entonces todo viene solo, a la vez palabra y melodía”. Así ha sucedido durante toda su vida. “De repente me viene un verso, luego otro, y voy jugando”, revela, “porque la composición se va creando mediante la palabra, porque escribo con ritmo. A veces las rimas me salen inconscientemente, pero todo a la vez. Por eso, cuando acabo la canción me pregunto a mí mismo quién me lo dictó”.

De hecho, Carlos Catana fue primero escritor, “pero un día me subí a un escenario a recitar y una banda que estaba entre el público me escuchó y, al terminar, vivieron a preguntarme si quería ser su cantante”. De esta forma nació a la música, “pero yo les dije que ellos harían las bases musicales, que yo solo recitaría”, aclara, “lo que pasa es que al final me obligaron a cantar”. Por eso se identifica con el rock, “porque si no tuviera palabra, poesía y compromiso, no me interesaría”. Así que fueron los poetas músicos como Bob Dylan, Leonard Cohen o Jim Morrison o Patti Smith los que le conquistaron. “Tuve la suerte de que cuando me empezaron a gustar las bandas de rock como The Doors, con trece o catorce años, también me compré todos los libros de poesía de Jim Morrison, y justo en ese momento”, apostilla, “Diego Manrique publicó un libro que se titulaba Poetas del Rock. Así que lo que me gustó del rock era lo que decían esas canciones”. De hecho, en su opinión, el Premio Nobel de Literatura para Bob Dylan en 2016 “es un premio al rock, a esa forma de vida y de escribir”, porque lo considera “el icono, la imagen y el leitmotiv de todos los grandes poetas del rock”.

Ahí radica su amor a la música, en el contenido para el compromiso pero también “en la experiencia”, algo que también siente sobre los escenarios. “Porque para subirse ahí arriba tienes que desearlo mucho”, señala. Eso le ha llevado a crearse y reinventarse todas las veces que han sido necesarias. Ya fuera desde su infancia en La Palma o sus primeros años en La Laguna, pasando por sus años de música en “garitos”, como él los llama, en Madrid.

Son sus 38 años en la música los que lo convierten en parte de la leyenda viva del rock en Canarias junto con grupos como Eructo del Bisonte, Palmera, Teclados Fritos, Escorbuto Crónico, Ataúd Bacante o Escorbuto Crónico y Guerrilla Urbana, entre otros. Su trayectoria está recogida en la mayoría de las recopilaciones de la historia del rock en las Islas de los años 80 y 90, como Perversiones & Diversiones, un libro disco de Salan Producciones, dirigido y coordinado por los periodistas Mario Alonso y Diego F. Hernández, y editado en el sello grancanario Ruin Records. Su historia se puede encontrar también en la publicación de José María de Páiz con Héroes del Rock Canario, un libro editado por Los 80 pasan factura, de Yotty Delgado. También se le puede conocer a través del así documental Catana, dirigido José María de Páiz. Además, ha escrito su propia biografía: Facies. A un niño salvaje no le duele la sien. Crónicas de un incendio en la isla de La Palma, editado por Jonathan Delgado. De Catana Dos, su último disco, Altahay González, de la Isla Comunicación, ha realizado el vídeo musical del tema Los versos que se esconden detrás de las miraras.

De modo que, como el animal de la música que es, Carlos Catana hace referencia en la conversación a composiciones clásicas de Chopin, al punk o al rock mientras saluda con camaradería y naturalidad a los vecinos con los que se cruza por la calle. Luego, retoma la entrevista por donde la dejó con Baudelaire. Con todos conversa unos minutos sin perder el hilo de sus pensamientos, “porque los grandes pianistas de la historia del rock vienen de la música clásica. Así que el rock no está tan lejano de la composición clásica”, señala para explicar su unión con Margarita Galván, pianista formada en el Real Conservatorio de Música de Madrid, con la que acaba de editar el disco Catana Dos, grabado en Guamasa Estudios, en Tenerife, con Ayoze Hernández. Con ella vive uno de esos momentos que pondría en una botella para descorcharlo y volver a vivir siempre ya que, en sus palabras, “nunca he tocado tanto como en este último año con ella”.

En Catana Dos, el artista explora a los poetas palmeros Domingo Acosta Guión, Severo Martín Cruz, Juvenal Machín Casañas y Félix Francisco Casanova con bases compuestas para él por Margarita Galván, que también ha puesto música a los versos del cantante. “Respeto mucho a los poetas”, señala Margarita Galván, “por eso no cambio ni una coma ni una preposición cuando adapto sus versos, porque las palabras son importantes en la poesía, por algo ellos las han colocado ahí”. Entre sus próximas actuaciones está la clausura del XIII Festivalito La Palma-Festival de Cine de Las Estrellas, en el Teatro Circo de Marte, el sábado 26 de mayo, y, ya en agosto, como teloneros de Los Secretos en las Fiestas Trienales de la Baja de la Virgen de El Pino. En esta última actuación llevarán al escenario el proyecto cultural musical que denominan Crónicas en Llamas, con el que fusionan la poesía y la música. En el municipio pasense, Carlos Catana y Margarita Galván tocarán con el cantautor Sito Morales y el guitarrista Álvaro Jiménez, el batería Javier Guerrero y, al bajo, Oscar Santana, integrante del mítico grupo Palmeras.

Carlos Catana mantiene su corazón latiendo al ritmo del rock and roll junto con Margarita Galván, con la que explora y experimenta a través de la fusión de las artes “para avanzar” y no resbalarse. “De no hacerlo así, con compromiso”, apostilla Galván, “estamos perdidos en un mundo donde solamente te comprometen para que consumas”. De ahí que, además de su disco a dúo y de los conciertos por toda Canarias, innoven con el concepto cultural Crónicas en Llamas. En su última actuación, en Time Machine Festival, en Tenerife, han contado con la colaboración de los artistas consagrados del teatro Antonio Abdo Pérez y Pilar Rey, que recitaron poemas sobre las bases al piano de Margarita Galván.

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Canarias · Entrevistas · La Palma

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