Abr 22, 2018
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LAS RAYAS

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Es el segundo museo dedicado a la educación más antiguo de España, se encuentra en Santa Cruz de La Palma y, desafortunadamente, es un gran desconocido entre los ciudadanos capitalinos. El Museo de la historia de la educación Rayas, que se encuentra en el antiguo Sector Sur, tiene su origen en el año 1985 cuando, a un grupo de maestros de escuelas unitarias, se les pide que realicen una exposición sobre la educación en la isla “creí que no terminábamos a tiempo, me explica Luis Brito, miembro fundador del museo; era año de Bajada y se inauguraba además el Astrofísico con la presencia de todas las autoridades; los Reyes estaban en el patio de San Francisco plantando los naranjos, y nosotros terminando de colocar la exposición con la que íbamos a homenajear a los docentes de la isla”. El maestro Roberto de la unitaria de Tigalate, Norberto de La Dehesa, José Miguel de Las Manchas, el inspector de educación Germán, junto con Luis Brito son el alma máter de este espacio que transporta a todo al que se acerque a un tiempo en el que ir a la escuela era toda una proeza. Su nombre Raya lo debe a los cuadernillos que estos maestros utilizaron cuando ellos eran unos niños y empezaron a estudiar “estaba el Raya 1, el 2 y así. Se llamaba rayas porque su autor decía que cuando se realizaba una curva o una recta, a la hora de escribir, todo se hacía con una raya. Así que como todos estudiamos con ese libro pues decidimos usar el nombre”.

Como buen maestro que es, Luis me explica, igual que hace con los centros escolares que visitan el museo la historia de cada elemento expuesto. Todo el material que el centro alberga fue, en su momento, recogido por este grupo de maestros que han salvaguardado una parte importante del patrimonio etnográfico de la isla, “si hubiésemos esperado un poco más, mucho de lo que hay hoy aquí se hubiese perdido. Tenemos una mesa de Garafía que encontramos en un gallinero. Date cuenta, que fue en la época en la que la Consejería de Educación mandó equipamiento nuevo para las aulas y entonces todo esto se tiraba. Y desafortunadamente perdimos mucho”, se lamenta. Y para todos aquellos nostálgicos, el museo guarda mesas del desaparecido instituto de la Calle Real, o pupitres de la unitaria de Puntallana hechos por Julián Guerra, el abuelo del cantautor Pedro Guerra. Curiosidades, todas y más que ustedes ni siquiera podrían llegar a imaginar “por ejemplo, me explica, tenemos un proyector de cuerpo opaco recogido en Las Tricias. Allí dio clases desde los 16 hasta los 70 años, todo un personaje Ramón Rodríguez Martín; el proyector fue idea suya, pero además, también nació la primera asociación de padres. Ramón fue un maestro muy inquieto y contagiaba esa actitud. A él le debemos un estudio sobre la educación en Garafía”. Curiosa también es la primera noticia recogida sobre la educación que me muestra Luis, “se trata, es evidente, de una copia de un contrato entre un señor y un maestro en el que se acuerda el salario para que le de clases a su hijo, es del año 1560”. Lo que parece claro es que la preocupación de los padres por apuntar a sus hijos a clases particulares para reforzar conocimientos viene de lejos.

Los alumnos son los principales visitantes del museo de la educación. Curiosos con todo lo que ven y descubren, lo que más llama su atención suele ser el método de castigo “sí así es, comenta Luis, siempre preguntan por este utensilio, la palmeta. La palmeta era un sistema para castigar a los alumnos; ¿sabes para qué sirven estos agujeros? me pregunta, pues al pegar en la mano el aire sale por los agujeros y duele más. Es un recorrido en lo que nada te deja indiferente. En una esquina de la escuela pero a la vista, una olla con una bolsa de plástico en su interior y un hornillo “¿te acuerdas de la película Bienvenido Mister Marshall?”, claro, asiento, pues eso es lo que el famoso Plan Marshall mandó a La Palma, leche en polvo. Mi maestro, estando en clase, nos dijo una vez, o bien les doy clase, o les hago la leche. Éramos 40 chicos y el maestro tenía que hacer la leche y darla uno a uno; así que al final nos daba el polvo en una bolsita y nosotros en La Galga se la dábamos a los cerdos porque con vacas y cabras teníamos leche fresca todas las mañanas, recuerda. Y si creen que estos maestros ya lo han hecho todo se equivocan. Los actuales miembros están planteando hacer un museo más vivo. Hacer que los niños revivan y utilicen los mismos materiales escolares que sus abuelos hace años “estamos pensando que los más pequeños usen los pizarrines, tenemos muchos y era con lo que se empezaba a escribir. Además, los niños se sorprenden cuando les cuento que lo habitual era que se limpiaran con saliva, me miran desconcertados, comenta Luis. Para los mayores hemos pensado en que utilicen los tinteros y las plumillas. Tenemos un horario hecho por un alumno de 11 o 12 años que los chavales lo miran no creen que eso lo haya hecho un niño como ellos. La caligrafía es espectacular, apunta. Y lo es, el horario es de Roberto Rodríguez, natural de Puntagorda y un excelente cineasta, recientemente fallecido.

Docente en el sentido más amplio de la palabra, Luis Brito ha dado clase en la escuela unitaria, ha sido maestro de 1ª y 2ª etapa, maestro en educación compensatoria y docente en la Escuela Hogar y director del A.P.B. .Maestro de matemáticas y música reconoce que extraña la docencia y que esta actividad le sirve para seguir en contacto con los jóvenes y, con los que, hasta aquí se acercan. Me asegura que guarda un buen recuerdo de todos los centros en los que ha trabajado pero que quizá la Escuela Hogar sea donde mejor se ha desarrollado porque era un maestro en todos los aspectos. Ha intentado, dice, a lo largo de su dilatada carrera que sus alumnos aprendieran a tener un espíritu crítico “no sé si lo he conseguido, a veces me pregunto si lo he hecho bien. No quería que mis alumnos estudiaran lo que yo dijera sin cuestionarlo”.

Le gustaría que el museo gozara de más visibilidad entre los palmeros y visitantes “el ayuntamiento va a realizar un vídeo promocional, me dice, para darlo a conocer”. Yo le recordaría al consistorio que el Museo de la Educación Rayas no cuenta, aún, con una señal que indique donde se encuentra como primer paso para dar a conocer un valioso recurso histórico dentro de Santa Cruz de La Palma.

Personalmente invito a los mayores a que acudan y revivan sus años escolares, porque seguro lo harán, y, a los pequeños para que vean que hubo una época en la que se estudiaba sin ayuda de ordenadores, pizarras digitales y demás artilugios tecnológicos y que también fue un tiempo divertido. A don Luis, muchas gracias por haber compartido un poco de la historia de la educación conmigo.

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Entrevistas · La Palma

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