Abr 19, 2018
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El legado de María Victoria

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La Era de la Corte
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Esta es la historia de una chica de ciudad, que se enamoró y se fue a vivir a Fuerteventura. Cambió el bullicio de la ciudad por la calma de una isla que la dejaría marcada para siempre y a la que defendió por encima de todas las cosas. Aquel lugar le dio una enorme familia y una casa, que se convertiría en el primer hotel rural de Fuerteventura. Pocos creían en este negocio,  cegados por la luz del sol y el dorado de la arena majorera;  pero gracias al empuje y al gusto por las cosas bien hechas, ahora es una de las grandes apuestas del sector.

María Victoria Cabrera llegó a Fuerteventura después de casarse con Andrés Rodríguez Berriel, un ingeniero de Gran Tarajal que se había trasladado a vivir a Gran Canaria con sus padres y hermanos. Eran los tiempos en el que el ‘Guanchinerfe’ navegaba cargado con cabras majoreras que acaban en muchas azoteas de la capital grancanaria. Casi sin darse cuenta, María Victoria, a la que no le gustaban los niños y tampoco cocinar, se había convertido en esposa, madre de nueve hijos y una experta cocinera que llegó incluso a editar libros de recetas.

Andres y Maria Victoria

Andres y Maria Victoria

Un viaje al País Vasco cambió por completo su vida. Acostumbrada al turismo de sol y playa de Fuerteventura, descubrió que en el interior de la isla se escondían muchos tesoros aún por conocer, perfectos para aquellos visitantes que llegaban a la Maxorata dispuestos a explorar los rincones más recónditos, la gastronomía, las costumbres y hasta las leyendas que Andrés conocía tan bien y que a día de hoy, sigue transmitiendo en sus escritos.

La Era de la Corte es una construcción que data de 1890, en la que han vivido varias generaciones de la familia de Andrés; y el había nacido en una de sus habitaciones.

Cruzar sus muros es hacer un viaje a través de la historia de la familia de María Victoria, Andrés y sus nueve hijos, donde el tiempo parece pararse y las preocupaciones se diluyen como un azucarillo en una taza de café, preparada en una cocina que aún debe recordar los olores de las deliciosas recetas familiares.

María Victoria tomó la decisión de convertir aquella casa que habían heredado en un hotel rural, aportando su distinguido toque personal y haciendo que todo el que se alojara en él, se sintiera como en su propia casa. Pero esa aventura era demasiado grande para afrontarla en solitario. Redactó un proyecto que reflejaba a la perfección su idea, buscó las ayudas necesarias para hacerla realidad y se lo presentó a Andrés, quien pese a sus dudas iniciales, decidió apoyar la iniciativa de su mujer. En 1999, La Era de la Corte era una realidad y el futuro del turismo en Fuerteventura ya no sería el mismo.

“En aquella época la normativa era muy dura”, explica Malole Rodríguez, “había que cumplir muchísimos requisitos, algunos incluso eran completamente desconocidos para las personas que debían tramitarlo, porque se trataba de la primera vez que se abría este tipo de establecimientos”.

La consigna para todo el que entrara en este hotel rural era y será siempre la misma: “esta es tu casa”. Así es como se sentían los huéspedes que elegían conocer la isla desde un punto de vista diferente, que sentían el calor que esta familia transmitía a todo aquel que cruzaba el umbral de su puerta. Durante unos 16 años, su vida se centró en su negocio y en seguir dando a conocer esta nueva forma de viajar, experimentar y sentir Fuerteventura.

Salón de estar en la Era de la Corte

Salón de estar en la Era de la Corte

Sin embargo, la enfermedad de María Victoria obligó a Andrés a tomar la decisión de cerrar el hotel para dedicarse por completo al cuidado de su mujer, quien fallecería poco después.

Este giro inesperado llevó a la familia a plantearse la venta de esta casona típica majorera. Pero las ofertas no llegaban y había que decidir qué hacer con los muebles y todos aquellos detalles que su madre había colocado a lo largo de toda una vida y que siempre llamaron la atención de los visitantes. Pronto pensaron en Malole. Después de 16 años viviendo en Austria y con una amplia experiencia en el sector de la hostelería, era la persona ideal para hacerse cargo del proyecto. Su carácter y particular forma de ver la vida, eran la combinación perfecta para que La Era de la Corte siga teniendo esa esencia y personalidad que la hacen única.

Con la ayuda de su amigo David, Malole tomó las riendas del hotel rural. Tras dos años cerrado, fue necesario hacer algunas reformas para devolverle la vida de antaño. Y para ello, no dudaron en llamar a la familia, amigos e incluso, a un antiguo jefe que no dudó en viajar a Fuerteventura con su familia para conocer de primera mano ese hotel, del que tantas veces había oído hablar. Malole recuerda entre risas esos días en los que “se quejaban porque les estaba explotando” y la reacción de todos al llegar: “se quedaban impresionados; alguno pensaba que se trataba de una pensión, pero al ver la casa, se mostraban encantados”.

Las enseñanzas de su madre y los consejos que a día de hoy le sigue dando su padre, son las claves del éxito de esta nueva etapa de La Era de la Corte. “Cuando tomamos la decisión de encargarnos del hotel, comenzamos a buscar los sitios que verdaderamente merecen la pena, los restaurantes donde se sirve la mejor comida a mejor precio, o las distintas rutas para recorrer la Isla”, explica Malole. El objetivo es poder ofrecer una experiencia más personal al cliente, recomendando lugares o establecimientos que se ajusten mejor a lo que están buscando.

Andrés leyendo en una zona de descanso

Andrés leyendo en una zona de descanso

“Algunas veces hacemos salidas con ellos visitando distintos lugares. Y cuando volvemos a casa, nos sentamos por la noche a contar la historia de Fuerteventura, mientras nos tomamos una copa de vino o hacemos una cata de quesos”.

Esa es la verdadera esencia del turismo rural que le transmitieron sus padres. Del turismo de interior que disfruta de una forma diferente; que no duda en transitar a pie o en bicicleta la Isla y que en muchos casos, se sorprende cuando cae la noche y el frío se cala en los huesos. Ese turismo que no busca lo que sale en las revistas y que solo muestran el sol y las playas infinitas.

 

El Turismo Rural está de moda y por este motivo, el Cabildo de Fuerteventura ha iniciado un proyecto en colaboración con las asociaciones Smart Fuerteventura, Fuerteventura Rural, la consultora NsCalidadturística y la Reserva de la Biosfera, que tiene como objeto unir a todos los alojamientos rurales con el fin de promocionar el turismo interior, pero manteniendo cada uno de ellos su propia esencia.

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Entrevistas · Fuerteventura

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