Feb 20, 2018
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La memoria del agua

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Si preguntáramos a alguno de los alumnos de secundaria, o, incluso universitarios palmeros de donde procede el agua que hoy en día consumimos las respuestas podrían dejarnos boquiabiertos. El simple gesto de abrir y cerrar un grifo, que a diario realizamos en nuestras casas, es el fruto del duro trabajo, del esfuerzo y en muchos casos de la muerte de muchos palmeros hace algo más de 70 años.

Las cocinas con grifos, los baños con agua caliente y fría era un sueño en La Palma rural de los primeros años del siglo XX. “El agua la íbamos a buscar a las fuentes más cercanas a las casas, recuerda Juana Pérez, y, como ella toda una generación de mujeres que se levantaban de madrugada para ir en busca del ansiado líquido. Con esa agua se cocinaba, se bebía y nos aseábamos, “eso de ducharnos, ni se nos pasaba por la cabeza”, recuerda. Si tenían suerte y llegaban a las fuentes antes que las vacas que, también, se acercaban hasta allí para abrevar, regresaban antes a las casas “si las bestias estaban bebiendo a nosotras nos tocaba esperar y eso significaba llegar más tarde”. Bajábamos de las fuentes con la cántara de agua a la cabeza y en cada brazo la ropa mojada que habíamos lavado, rememora Sotera Martín. No puedo ni por un minuto imaginar cómo una persona podía realizar esa rutina diariamente atravesando caminos y rodaderas sin asfaltar. Una época dura, de miseria y de escasez donde el agua jugaba un papel importante y que cambió debido a la gran seca del 49, nombre con el que nuestros mayores se refieren a la gran sequía que asoló la isla en el año 1949, “se secó todo, no había agua en ningún sitio de la isla, dice F. Carlos Guerra. Una sequía que contrastaba con el agua que corría en forma de manantiales por las montañas de la isla, especialmente en las de la vertiente norte. El ingenio del palmero y la necesidad del pueblo fraguaron la idea de acercar esa agua hasta los vecinos mediante el uso de tuberías “así comenzamos a encauzar esa agua y llevarla hasta los vecinos, recuerda Aquilino Guerra. “Eran manantiales con una gran fuerza porque aún no habíamos empezado a cavar las galerías que hoy tenemos” explica Griseldo Armas.

Galerías excavadas en las entrañas de La Palma durante varios años. Galerías cavadas como minas en arreglo a la ley de 1895 y cuyo objetivo era abastecer el consumo de los vecinos, dice Ricardo Yanes porque los pozos y los Heredamientos surtían la agricultura. Galerías que han permitido que hoy todos nosotros disfrutemos de las comodidades de tener el agua corriente en nuestras casas sin apenas pararnos a pensar en el esfuerzo y la pérdida de vidas que también este trabajo acarreó. Una tarea dura recuerdan los trabajadores de las galerías; 8 horas por un jornal de 50 pesetas pero donde si hacía falta se duplicaban las horas sin apenas descanso. Agua fría o caliente cayendo sobre unos cuerpos sin equipos adecuados con los que trabajar o sin mascarillas con los que escapar a la silicosis, una enfermedad pulmonar producida por aspirar la sílice de las minas y que sufren muchos de nuestros mayores, los que cavaron aquellos túneles de agua. “No todos servían para este trabajo, pero lo hacíamos porque era lo que había en aquella época; hoy todo es fácil, pero entonces todo lo hacíamos a mano. Las vagonetas las empujábamos entre unos cuantos para sacar los escombros y picábamos la piedra con una mocheta que amolábamos, fue muy duro”, explica Aquilino Guerra.

Mención aparte en esta indisoluble unión entre el agua y la isla merecen los cabuqueros. Hombres que, sin apenas conocimientos técnicos, detonaban los túneles para avanzar en la búsqueda del líquido. Colocaban los barrenos en agujeros hechos en las paredes; las mechas muy cortas o el escaso análisis que se hacía para determinar si aquella pared era la mejor o no para explosionar se llevó muchas vidas por delante “hubo muchos percances en las galería, muchos por despiste del cabuquero; en la que yo trabajé no pasó nada, pero sí oí historias de otras y eso marca de por vida”, apunta Griseldo Armas.

Es la historia de cientos de palmeros que vincularon la isla con el agua; es quizá la historia que define nuestro carácter, tranquilo, y manso como el agua pero que busca su camino cuando la situación se complica. Una historia de incansable lucha por domar el medio y que los palmeros de hoy y de mañana, les debemos a los de ayer.

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Entrevistas · La Palma

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