Ene 24, 2018
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Alba Sabina: “Los poetas de la Generación Z normalizan el uso de las redes sociales para darse a conocer y conocer lo que hacen otros”

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En un quita y pon de gafas de sol que deja entrever una mirada directa, desnuda y vigorosa, la poeta tinerfeña Alba Sabina disfruta de la primera taza de café de la mañana. Mientras me confiesa que le encanta tomarlo a cualquier hora, porque no le quita el sueño, las nubes van y vienen dibujando para nosotras un paisaje de melancolía poderosa. Tengo que confesar que tardamos un poco en aclimatarnos, quizás porque los versos son demasiado íntimos para hablar de ellos en público -estamos en una cafetería de Santa Cruz de La Palma, junto a la escultura del poeta Félix Francisco Casanova-, o quizás porque tratar del arte de sentir en un mundo al que parece no importarle nada que dure más de un instante nos obliga a salir de las conchas en las que nos escondemos. Los poetas son seres de otro mundo y, sin embargo, Alba Sabina habita en este con el móvil en la mano, fotografiando a quienes no saben que los mira, “algo que me encanta”, me revela como un secreto, “porque hacen cosas increíbles”. Después selecciona las instantáneas con mucho esmero y las comparte en sus redes sociales. Su libro de poemas Ya nadie lee a Pentti Saaritsa (Ediciones La Palma. 2015) surgió precisamente de compartir versos en su blog (albasabina.com); versos que leyó el autor Nicolás Melini y que despertaron su interés para publicarlos. También ha escrito la novela Silence (Neys Books Ediciones. 2014) y el libro de relatos ¿Quién cuidará de mis guardianes?  (colección Tid, Ediciones Idea. 2013). Licenciada en Comunicación Audiovisual, actualmente trabaja como traductora para multinacionales de streaming mientras termina su segunda novela y realiza el doctorado en la Escuela de Estudios Interdiciplinares de Género de la Universidad de La Laguna sobre género y redes sociales.

P-. ¿Qué es la generación Z de poetas?

R-. Los poetas que pertenecen a la generación Z son aquellos nacidos a partir de 1996. Es la generación que prácticamente nació con Internet y ha vivido su adolescencia con las redes sociales, así que su creación es distinta porque son personas que se han relacionado con la poesía y con otros poetas dentro de ese nuevo paradigma y su vínculo con la creación se extiende a otros formatos, muchos de ellos se conocen y comparten su obra y sus inquietudes, y participan en otros ámbitos del arte y de la cultura por lo que tienen más posibilidades de desarrollarse como artistas y de hacer proyectos conjuntos. También se relacionan con personas de todo el mundo, se descentraliza la creación y la difusión y de pronto no solo es importante lo que sucede en Madrid o Barcelona o en otras capitales de Europa y Estados Unidos. Conocen lo que se hace en todos los continentes y tienen una gran influencia de poetas y creadores de su edad, de donde quiera que vengan. Creo que la Generación Z tiene muchas posibilidades de cambiar las cosas para bien, sin perder de vista la necesidad de fomentar la cultura y de preocuparnos por la influencia negativa de la hiperconectividad. Creo que hay una mayor conciencia entre ellos acerca de temas medioambientales, feminismo y un gran interés en luchar contra el bullying o la discriminación.

P-. ¿Qué caracteriza en tu opinión a estos poetas de la generación Z de Canarias?

R-. En general hay gente muy buena pero no siempre están todo lo visibles que deberían. Canarias es un lugar pequeño donde se hace mucha poesía y se decanta poco. Nos conocemos todos, así que es muy difícil ser críticos, porque te puedes encontrar por la calle a quienes lees y eso crea una cierta complacencia, lo que unido al auge de la poesía en las redes sociales, provoca que se estén mezclando autores de calidad con los que no tienen tanta; poetas muy buenos que tratan de aprender y mejorar con cabeza con autores que se han autopublicado sin que una sola persona que no sea de su entorno les haya dado una opinión crítica de lo que han hecho y viven en un invernadero de halagos. A mí me interesa mucho leer lo que hacen los jóvenes, buscar lo interesante entre todo lo que hay y creo que hay gente muy buena, muy interesante. Además, son autores que, al crecer con internet, tienen una mentalidad más práctica, versátil, moderna y resolutiva, más conscientes de cómo funciona el mercado laboral actual y con capacidad para compartir su escritura con otras inquietudes sin frustrarse. Compartir lo que hacen con otras personas en las redes sociales con total normalidad, sin una sobreconciencia. Ellos han normalizado el uso de las redes sociales para su beneficio, para escribir en ellas, mientras que su principal aspiración no tiene por que ser vivir de ello, casi nunca lo es.

P-. ¿La generación Z podría abrir una puerta a un disfrute de poesía más generalizado?

R-. Es complicado porque también habría que estudiar qué es lo que está sucediendo con la poesía en este sentido, cómo son los poetas que están saliendo de Twitter, con un carácter más comercial que genera críticas por parte del círculo literario más tradicional que me parecen lógicas, porque lo que hacen se parece más a la canción popular que a la poesía como la entendemos las generaciones anteriores, lo que  a mí personalmente no me interesa demasiado pero no me parece mal porque en definitiva está acercando la poesía al público. Es normal, no obstante, que a quienes hemos crecido leyendo a Federico García Lorca o a Emily Dickinson nos resulte difícil comprender que esta sea la poesía que gusta actualmente cuando generalmente es un tipo de poesía que no presenta una novedad o una búsqueda del lenguaje. Sin embargo, no hay que olvidar que hay jóvenes que descubren en Twitter la poesía y que luego acaban profundizando y encontrando a otros autores, y eso es muy bueno también.

P-. Pero, ¿podemos ignorar que las personas afirmen que les guste y lo compartan?

R-. Lo que más me preocupa de internet y de las redes sociales es el auge del pensamiento positivo, lo que yo llamo la dictadura de Mr. Wonderful, que estemos obligados a ser positivos todo el tiempo, a estar felices como explica Barbara Ehrenreich en su ensayo Sonríe o muere. El problema es que a las personas que sufren se las considera tóxicas y el que sufre una depresión es rechazado. Esto no es más que el reflejo del individualismo que caracteriza a las publicaciones que se comparten en las redes: selfies, autogusteos, gente que vive de mostrar su imagen o de halagos constantes. Se tiende a tener fobia al que no es feliz o no lo muestra, obviando que hay problemas que entristecen a las personas, y que no es un pecado estar triste y no pasa nada por estarlo. No soy partidaria de que hagamos apología de nuestras tristezas o de nuestra vida íntima y de hecho, hay que tener cuidado porque la huella digital existe, pero tampoco es cuestión de afirmar que todo es felicidad y que todo se cura con una sonrisa. Esto es importante y a la vez peligroso, porque todas estas afirmaciones influyen en el cuidado de nosotros mismos y en la medicina: puedes sonreír ante la enfermedad pero hay que seguir un tratamiento también.  Desgraciadamente este auge del pensamiento positivo, unido al bajo nivel cultural, influye en que sea difícil distinguir entre los distintos tipos de poesía y, finalmente, el listón no está muy alto, se vuelve algo sumamente autorreferencial con influencias de la autoayuda y del tipo de literatura que hacen Coehlo o Bucay. Se confunde una frase que vagamente suena bien con la poesía, o confunden la impresión que se tiene de lo que es poético: el lenguaje un poco enrevesado, expresiones grandilocuentes o arcaicas, hablar de las nubes o del amor, por ejemplo, con lo que es la poesía.

P-. En tu poemario, Ya nadie lee a Pentti Saaritsa, se aprecia claramente que amas la poesía y que realizas una profundización estética en todo lo que escribes. ¿Cómo definirías lo que es poesía?

R-. La poesía es una reflexión sobre el lenguaje y una manera de entender la realidad y de entender la existencia, pero también consiste en crear algo nuevo, algo distinto. Al poeta finés Pentti Saaritsa lo descubrí por casualidad porque apunté una frase suya en un viaje a Finlandia que hice cuando era más joven. Años después busqué quién era y me di cuenta de que había traducido a Octavio Paz y a otros grandes autores de la lengua castellana. Su poesía me encantó y me gustó la ironía de que todo un país hubiera leído a Pentti Saaritsa a través de sus traducciones pero nunca su poesía. En el poemario abordo esta ironía como reflejo de lo que estamos hablando también, de que no profundizamos, de que no vamos más allá de lo fácil o de lo evidente.

P-. ¿Se puede escribir poesía trabajando para multinacionales de streaming?

R-. No tiene nada que ver. Conozco poetas que trabajan de cualquier cosa porque prácticamente puedes encontrar poesía en cualquier lugar. A mí, por ejemplo, me interesa mucho escribir poesía sobre las personas anónimas, sobre aquellas que no son visibles, que no tiene voz, sobre la identidad. No tengo prejuicios. Si la poesía está ahí y aparece, yo la escribo. No creo que sea más poesía la que habla sobre el amor o el paisaje que sobre una persona que está sentada en un cine.

P-. ¿Utilizas las redes sociales como poeta?

R-. Antes compartía más poemas. Todos hemos aprendido a utilizar las redes sociales sobre marcha. Pasamos por una etapa en la que estábamos un poco perdidos, digamos que no sabíamos lo que estaba bien o lo que estaba mal. Era como un mundo sin ley, un lejano oeste virtual, y ahora hemos hecho un aprendizaje, aunque aún tenemos dificultades para diferenciar el ámbito público y el ámbito privado. Cuando estás en Internet, incluso en Whatsapp, estás en tu ámbito privado físicamente y es difícil llegar a la conclusión de que, a pesar de eso, lo que compartes en tus redes sociales está en el ámbito público digital. Así que publicar tu obra en ellas es una decisión personal, pero también tienes que comprender lo que significa hacerlo. Yo publico poemas en mis redes ocasionalmente y he aprendido a hacerlo siempre cuando ya los he reposado, no los escribo sobre la marcha y los comparto sin más, porque entiendo que cuando escribes poesía estás en un estado casi hipnótico,así que es bueno dejarlo enfriar para saber si lo que he escrito tiene calidad o no, y también tratar de no saturar y convertirte en un “poeta de Facebook”.

P-. Tu poemario fue publicado gracias a que escribías versos en tu blog. ¿Crees que Internet y las redes sociales ayudan a publicar a los autores?

R-. Las redes sociales han fomentado la popularización de muchos movimientos artísticos y esto, obviamente, ha llegado a la poesía. Creo recordar que el libro más vendido el año pasado fue de poesía. Así que ahora hay posibilidades de que también las editoriales de poesía crezcan más gracias a las redes, aunque siendo realistas, se ha generalizado otro tipo de poesía, más cercana al cantautor y esta tiene más éxito porque requiere menos trabajo por parte del lector, una menor indagación del lenguaje, está más al alcance de todos.

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Entrevistas

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