Dic 17, 2016
2 0

El Universo de Domingo Cabrera

Written by
Share

La Plaza de España en Santa Cruz de La Palma es, sin duda, el mejor espacio para hablar con el restaurador y artista Domingo Cabrera Benítez. Y es que hablar de arte en uno de los espacios arquitectónicos renacentistas más reconocido en el Archipiélago Canario, es todo un lujo y privilegio. Lo tenía muy claro desde que era niño; sabía que su vida iba a estar dedicada al arte en todo su amplio espectro “cuando era pequeño dibujaba muchos pasos de procesiones, Calvarios y todo, eso, recuerda. Claro, la profesora se alarmó porque eran dibujos de Cristos con sangre y llamó a mis padres para comentarles; mi padre le aclaró que me gustaba mucho los pasos de la Semana Santa y que los dibujaba constantemente”, rememora entre risas. Esas fueron sus primeras pequeñas grandes obras, porque, que un crío dibuje un paso de Semana Santa no debe ser muy habitual; al pequeño Domingo no se le resistía nada de una pastilla de jabón lagarto, la que todos hemos tenido alguna vez en casa, esculpió un perrito que aún guarda su madre “tú sabes que las madres guardan todas las cosas que hacemos, y ella fíjate aún tiene ese perro”.

Pero si todo parecía predecir que Domingo se dedicaría al arte, la sorpresa llegó cuando en su primer año de Universidad se decanta por arquitectura. Una elección que al finalizar ese año dejó “me gustaba el dibujo de edificios, el diseño, pero aquello no me llenaba ¿qué dijo tu familia cuando les dices que quieres Bellas Artes?, le pregunto “que había perdido un año, se ríe, ellos no entendieron mi elección porque siempre habían tenido, creo que, más claro que yo, que el arte era lo mío”.

Si Domingo ya contaba con la fantástica, y para mí envidiable habilidad pictórica y escultórica, la Universidad le abrió además las puertas de la restauración faceta, que ha desarrollado profesionalmente, y, en la que en algún momento informativo, hemos coincidido. Son como, él mismo me explica, dos mundos paralelos pero completamente antagónicos y sin embargo, se encuentra muy cómodo en ambos “la restauración es un proceso largo y en el que tú haces de doctor, la mejor restauración es aquella en la que apenas se nota que tú has trabajado; tienes que contenerte aunque sientas que si haces algo por tu cuenta estaría mejor porque aquella no es tu obra, es la de otro y debes un respeto; sin embargo en el proceso de creación, ahí soy yo; doy rienda suelta a mi imaginación, todo artista necesita ese proceso de creación porque ahí vuelcas todo lo que llevas en tu interior. Son dos procesos bonitos pero diferentes y en ambos, explica, me siento bien”.

Su última obra restaurada es La Virgen del Carmen de La Parroquia de El Salvador. Ha sido un gran reto porque la talla, una pieza de madera en tela encolada, con varios elementos añadidos, no solo tiene un recorrido procesional peatonal, sino que hace otro en el mar , con los inconvenientes, que acarrea a una obra de este tipo “a mí me gustan los retos, dice Domingo, y la Virgen del Carmen era un reto muy interesante porque ya hasta el tamaño de la talla es diferente. Te puedo decir, me cuenta, que estuve días observándola antes de empezar a tratarla y luego cuando ya la ves cara a cara, la misma pieza se va abriendo ante ti y ya sabes cómo proceder. Entonces todo lo que antes veía como un problema enorme, lo sabes solucionar, lo tratas, y lo resuelves”. Escucho atentamente todo lo que Domingo me explica mientras pasa la gente por la Calle Real, algunos se detienen y saludan, mientras pienso que Domingo casi me acaba de describir, grosso modo, la labor de un médico “parece muy ostentoso decirlo, pero en la facultad, nos decían que hay tres tipos de médicos, los doctores que todos conocemos, cuyos pacientes hablan, los veterinarios y nosotros los restauradores con pacientes de siglos y que no dicen palabra”. Son muchas las obras que han pasado a lo largo de su dilatada carrera por su taller. Se ve incapaz, asegura de decirme de qué obra restaurada guarda un mejor recuerdo, pero me atrevo a decir que la Virgen del Carmen lo ha tocado “imagínate, yo he sido monaguillo y he salido en procesión con esta imagen. Nunca me hubiese imaginado que la iba a tener en el salón de mi casa hablándole porque, en todo, el proceso de restauración yo le hablo a las obras, parece irracional, pero es una costumbre que he adquirido con el paso del tiempo”.

Hablamos un poco más sobre la restauración porque también quiero saber algo más del Domingo artista, que es el que menos conozco y quiero descubrir. El mundo de la restauración en la isla, me dice, es pequeño. Son unos pocos los que se dedican a esto y cuando hay dudas se consultan. La crisis, como no podía ser menos, también les ha hecho daño “ahora hay menos obras de particulares que restaurar”. En general, el amplio patrimonio de la isla está bien cuidado, el Cabildo Insular cuenta con un magnífico taller y profesionales con las que ha trabajado en varias ocasiones. Sin embargo nuestro gran enemigo, apunta, son los xilófagos “los tratamientos que damos son preventivos, pero en un clima como el nuestro los xilófagos son una constante, así que tú restauras una obra, está a salvo de los bichitos durante unos años, pero el tratamiento no es eterno, y los xilófagos terminan apareciendo de nuevo; ese es el mayor enemigo de nuestro patrimonio”.

Y ¿cómo es el artista?, pregunto, completamente diferente, me dice, es una vía de escape, no la he abandonado nunca porque es una necesidad, necesito expresar y crear lo que llevo dentro”. Todas las semanas “creo algo”, con el tiempo algunas salen a la luz, otras simplemente no le gustan y muchas las termina cuando puede. Domingo es de esos creadores que no sabe ni puede estar quieto; cualquier momento que muchos de nosotros utilizamos para desconectar, él lo usa para crear, incluso los momentos más cotidianos “cuando voy a buscar a los niños al cole y espero esa media hora fuera, cojo las acuarelas y dibujo, tengo un maletín con todo en el coche y me entretengo con eso”. Considera que igual que aprendemos a escribir y leer, también debemos aprender a dibujar, es necesario saber expresarnos a través del dibujo “la gente tiene miedo a dibujar y todos en menor o mayor medida sabemos dibujar; el dibujo, matiza, es un lenguaje al mismo nivel que la escritura en el que unos tienen la letra más bonita y otros no tanto”. Su último trabajo, en este sentido, ha sido un retrato de Santa Catalina que se encuentra en el Real Castillo que lleva su nombre “es un cuadro que me ha hecho mucha ilusión porque está en un sitio muy emblemático que ahora ha recuperado su historia. Es una obra de formato pequeño, explica, y de creación completa ideada por mí. He hecho este cuadro basándome en mis recuerdos especialmente de las obras flamencas que tenemos fusionándolo con la fisonomía de los palmeros, el resultado me gusta mucho y espero que a todos los que visiten el castillo les guste también”.

Hemos pasado casi dos horas hablando en la Plaza de España; el tiempo ha pasado volando, he descubierto al Domingo artista y me he vuelto a reencontrar con un gran profesional con el que hacía tiempo que no hablaba; sus trabajos más recientes ya saben donde se encuentran; una recién restaurada Virgen del Carmen en la Parroquia de El Salvador y Santa Catalina en su castillo donde iré a admirarla.

Article Tags:
Article Categories:
Entrevistas · La Palma

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 
Share