Oct 5, 2016
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Una exposición resucita la tradición de las traperas como símbolo cultural e identitario

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una-de-las-traperas-de-paco-lopezLa Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista de Gáldar (Calle Capitán Quesada, 3) inaugura este viernes, 7 de octubre, a las 20.30 horas, la exposición ‘Des/Plegar Traperas’, la primera exposición del arquitecto galdense Paco López. Las formas geométricas que adoptan las traperas modifican su presentación habitual y emiten una señal sugerente e intensa que invita a reflexionar sobre su dimensión etnográfica como portadora de señas de identidad insulares.

La muestra organizada por el citado centro dependiente de la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria permanecerá abierta al público hasta el día 30 de octubre y se enmarca dentro de los actos con motivo del Día Internacional de la Mujer Rural. La entrada a la exposición es gratuita.

López señala que “el fundamento esencial de esta exposición es rescatar las traperas de esa especie de abandono en el fondo de los cajones, los roperos y las cajas de madera de tea para ponerlas en primer plano y darles un protagonismo absoluto. De esta manera, y con los pliegues que van dándoles formas geométricas, comprobamos que detrás de las traperas hay mucho más de lo que siempre hemos visto. Cada una de ellas encierra miles de historias”.

Las traperas tienen su origen en la tradición de reciclar la ropa usada y ya casi inservible. Las prendas se hacían trizas y de ahí se elaboraban los ovillos que luego se llevaban a las tejedoras. Una costumbre que todavía se mantiene con vida, aunque no tanto como antiguamente. De hecho, las doce traperas plegadas que integran la exposición proceden del municipio de Gáldar y una de ellas de un telar de Acusa, en el municipio de Artenara.

El arquitecto Paco López es natural de la localidad de Caideros de Gáldar. Su formación está en la raíz de las formas geométricas que caracterizan las obras que dan vida a su primera exposición. La docena de traperas seleccionadas se presentan interpuestas entre dos mallas metálicas que conforman un armazón que actúa como soporte consistente de las mismas y que recalca y sintetiza la esencia formal de los tejidos.

El pliegue se propone como una interferencia y da lugar a cuadrados, rombos o triángulos que remiten a la geometría de las pintaderas aborígenes o a los motivos geométricos de la Cueva Pintada de Gáldar y también a los rostros de los mujeres de los cuadros de Antonio Padrón, aquellos que aparecen enmarcados de nuevo por los pliegues geométricos de los pañuelos que cubren sus cabezas.

El autor del texto crítico que acompaña la hoja de sala que se entregará a los visitantes, Ángel Sánchez, recuerda que “hay todavía por esas cumbres y barrancos quienes conservan ejemplares que se acercan al siglo de su rústica elaboración casera: auténticas maravillas de elemental tecnología, delicada conformación y variable uso. La población isleña es pues el subtexto simbólico de estas prendas, en principio humildes y conformadas con su utilitarismo funcional como índice de pobreza”.

 

“Pero, evidentemente”, apostilla Sánchez, “todos sabemos que por último han pasado a la categoría decorativa y comercial, sin perder el perfil de utilidad identitaria. Las hay para cualquier aplicación ornamental doméstica o rodante (en los asientos de los coches), se usan como alfombras al pie de la cama o en cualquier lugar casero donde se vea aparente, vistosa; en los balcones de los pueblos cuando celebran a sus santos patrones. Tal es su sino como objeto de rústica belleza y versátil utilidad”.

 

La nobleza del objeto usado

 

No obstante, Paco Sánchez subraya que “luego está el texto, exactamente en lo que llamamos textura, urdimbre, trama. Texto como alineación de renglones cromáticos que se suceden paralelos y que pueden paginarse en cosido de patchwork. Se crece entonces la trapera como urdimbre étnica significante, reconocible como presencia indispensable en el ajuar cultural canario”.

 

“Y Paco López acaso cuenta ya con esta trascendencia identitaria; pero quiere   ir más allá de la mera presencia analógica, seccionándolas en un uso hasta ahora desacostumbrado, desviando su sentido en el plegado”, concluye.

 

En la justificación de esta exposición de la Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista subyace también una frase de Bertold Bretch que es una oda a las cosas que son capaces de vivir más de una vida. “De todos los objetos”, escribió el dramaturgo y poeta alemán, “los que más amo son los usados. Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados, los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera han sido cogidos por muchas manos. Éstas son las formas que me parecen más nobles”.

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Gran Canaria

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