Sep 24, 2016
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El Castillete

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Pasamos a diario a su lado sin percatarnos de la historia, y leyendas que acumulan cada una de las piedras que levantan el Real Castillo de Santa Catalina de Alejandría. Sin embargo este monumento histórico enclavado en Santa Cruz de La Palma acumula mil y una crónicas desconocidas para la mayoría de los palmeros “para empezar hasta el nombre del castillo es diferente. Este Castillo es Real Castillo porque fue directamente Carlos I quien lo mandó a construir y tanto él como sus descendientes lo mantuvieron, digamos de su propio sueldo, como respuesta al ataque pirata del francés François Le Clerc, “Pata de Palo” allá por el año 1553. Hasta el nombre Santa Catalina tiene motivos históricos-políticos. Hay que recordar que Catalina de Aragón, tía de Carlos I se casó en primeras nupcias con Arturo Príncipe de Gales que murió; es entonces cuando Enrique VII decide que Catalina se casara con su otro hijo, el famoso Enrique VIII, quien años más tarde se enamora de Ana Bolena, y todos sabemos, como continúa la historia. En todo esto, cuando Catalina es repudiada por Enrique VIII, ella pide ayuda a su sobrino Carlos I y quizá como un arma de doble filo, o, para recordarle a Enrique lo que había hecho, Carlos I le dio el nombre Catalina a este Castillo, y a otros muchos. Además también hay que tener en cuenta que cerca de lo que hoy es la Alameda se levantaba la ermita de Santa Catalina, así que el castillo no podía llevar sino este nombre tan singular para la época”.

Todo esto me lo cuenta, casi sin pestañear Francisco Acosta, guía turístico del Castillo. Su afición por la historia de la isla viene inculcada por su familia. Su padre, cronista oficial de S/C de La Palma y su abuelo amante de la historia contaban al entonces pequeño, Francisco todo lo que sabían sobre el devenir del Castillete “yo jugaba en el patio de este castillo cuando era un niño, así que para mí el castillo es parte importante de mi vida. Mi padre y mi abuelo me contaban historias sobre los pasadizos subterráneos que unen diferentes puntos de la capital palmera, o, de los diferentes usos que a lo largo de su dilatada historia el castillo ha tenido, o, incluso historias maravillosas de antepasados directos castellanos que habían estado en el castillete. Como te podrás imaginar, me explica, fue una forma muy divertida de aprender la historia de tu ciudad y de tu isla, de ahí viene mi gran pasión por la historia”.

Desde que el Castillo volviera a abrir sus puertas al público el pasado Mayo de 2105, este palmero se ha convertido en la voz de las murallas del Monumento Histórico Artístico. Se ocupa personalmente de cada detalle del edificio; cuenta de forma entretenida tanto a adultos como a pequeños todo lo que sabe acerca del Castillete, y son precisamente los niños lo que se quedan perplejos ante tanta historia “la historia se debe contar de una manera divertida es la mejor forma creo yo para aprender y apreciar. A los niños les digo que un castillo sin salidas secretas es una birria de castillo y luego les cuento que este tiene tres, las caras son de asombro; con los adultos pasan varias cosas; si son de S/C de La Palma saben algo de la historia, pero se acuerdan, especialmente, de los diferentes usos del Castillete durante el siglo XX, como Museo, como recinto para realizar Ferias de Artesanía. Otros recuerdan que era aquí donde se celebraban las fiestas de Mayo, y otros se acuerdan que Roberto Estrello preparaba su gran almuerzo para el día de los Embajadores en los carnavales en este patio”.

Francisco responde a todas mis preguntas sobre el castillo, reconozco que este tema me encanta, mientras tomamos una taza de café sentados en la cafetería a la entrada del noble edificio. Son muchos, entretanto, los turistas que entran y salen del edificio haciéndose participes de un trozo de nuestra historia. En un día normal, cuenta el guía algo más de cien personas diarias, en la época de los cruceros esa cifra se eleva hasta unas 700. En su particular intento de salvaguardar la historia, Francisco se ha embarcado en una aventura junto al Ayuntamiento de S/C de La Palma, recuperar uno de los calabozos del Castillo y contar la historia de los diferentes presos políticos encarcelados en las mazmorras. Para ello se ha recreado el ambiente en uno de las celdas. Y reconozco que la sensación es de angustia. Un cuarto pequeño con pinillo como cama y aseo y una angosta ventana que apenas deja ver el cielo, “esto se ha hecho con una perspectiva simple y llanamente histórica, explica Francisco, porque hay mucho que contar sobre estos calabozos. La historia hay que contarla con cierto desapego, creo yo; este calabozo que se ha recuperado juega un papel importante porque los primeros presos políticos que tuvo Canarias se encarcelaron aquí, por ejemplo Anselmo Pérez de Brito. Hemos querido contar la historia de los diferentes presos políticos porque ha habido diferentes etapas desde el siglo XVII al XX. Presos políticos monárquicos, republicanos, masones. Y hay anécdotas curiosas que debemos conocer, como por ejemplo, una que tiene que ver con los franceses. En Garafía hay un barrio llamado Franceses y debe su nombre a los presos que durante la guerra de Bailén ocuparon estos calabozos. A Canarias le correspondía encarcelar un cupo y en S/C de La Palma había unos 300. Al término de esa guerra y como, un privilegio se les concede tierras en Garafía y allí se fueron. Son muchas, en relación a los monárquicos, hay un caso curioso. Unos conciudadanos de Barlovento que permanecieron trece años encerrados porque se negaban a que los asistiera un sacerdote. No hemos querido centrarnos en una etapa concreta; todos sabemos que aquí se encarcelaron represaliados de la Guerra Civil, pero no se trata de destacar unos sobre otros; lo que está claro es que debido al esfuerzo y sufrimiento de todas esas personas, nosotros hoy estamos aquí. Y eso es lo que hemos querido reflejar”.

El Real Castillo ha vuelto a la vida gracias a la labor divulgativa de Francisco y de otros muchos que, como él, se empeñan en recuperar parte de un legado muy rico y variado. Los llamados 12 de Su Majestad se han organizado de nuevo, vuelven al patio de su Castillo para entrenar y desfilar, cientos de años después, de que el rey Felipe IV los armara y pagara de su propio bolsillo para que defendieran la capital de los ataques cosarios y adiestraran a las milicias en el manejo de las armas. Por mi parte solo me queda recomendarles una visita al castillo y una charla con su guía.

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Canarias · Entrevistas · La Palma

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