Ago 3, 2016
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El Obradoiro de Martina

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obradoiro deEl amor la trajo hasta La Palma y ha sido en la isla Bonita donde Martina González Franco se ha reencontrado con ella misma, con su vida y su profesión. Nacida en Santiago de Compostela, recuerda “corretear a lo largo de las calles que llegaban hasta la Plaza del Obradoiro”. Sus estudios de Bellas Artes la llevaron hasta la Universidad de La Laguna donde conoció a su marido palmero; tras unos años a caballo entre Tenerife, La Palma y Santiago, la pareja se establece en la isla donde Martina abre su Obradoiro particular “me pareció natural elegir el nombre, es parte de mí y al abrir un establecimiento en el que yo diseño mi propia colección, o, los encargos que recibo, aúno la tradición de mi familia con todo lo que he descubierto en esta maravillosa isla”. Los estudios de Bellas Artes permitieron que continuara con toda la tradición familiar heredada de sus abuelas, modistas, en su querida tierra natal, pero la isla le abrió otra perspectiva completamente nueva en lo que a la tradición del bordado se refiere “diría que fue amor a primera vista; todo lo que ahora mismo sé sobre el bordado de La Palma se lo debo a la abuela de mi marido Amparo, y a la tía Rosa. Fue ver el trabajo de Amparo y empecé a recordar el trabajo de mi familia y casi sin darme cuenta comencé a fusionar ambos mundos haciendo bordados en los trajes, fue eso, un amor instantáneo”, concluye Martina.

Ha sido una labor ardua de investigación, de contacto directo con las cisnadoras que aún perviven en los municipios de la isla, mujeres cuyas manos se encargaban de dibujar en las telas la historia del devenir del borde, y, con cuya labor, ahora, Martina ha vuelta a darles la vida “ en Garafía descubrí la espiral, es un tipo de bordado de inicio en su época para las niñas; era de los favoritos de las pequeñas porque aprendían las técnicas de la curva y del vaciado y era sencillo, de ahí se pasaba a lo que llamamos la sonrisa del sol, un tipo de bordad más técnico con pequeñas pinceladas de realce. Si importante es rescatar y tratar con respeto este tipo de bordado, me explica Martina, también lo es el saber qué significaba. Y para una niña de hace 100 años en cualquier municipio de la isla, bordar significaba ser productiva mientras se encargaba de cuidar las cabras en el campo.”

Y es que ese ha sido el principal objetivo de esta pequeña empresa, la de contar historias especiales a través del bordado. Para eso Martina trabaja con apenas máquinas, todo se realiza a mano; el cisnado con el jabón azul, que todos en alguna ocasión hemos visto en el neceser de costura de nuestras abuelas, los pesos, o, los perforados con punzón o aguja. Todo se mantiene porque es parte indispensable de la pieza en ejecución y de su historia “la gente que viene hasta el Obradoiro, dice Martina, vienen buscando algo especial, quieren la historia que hay detrás de esa pieza. Estamos terminando un traje de bautizo, por ejemplo, ni la madre del niño, ni, la madre de ésta saben bordar, pero sí sabían la abuela y bisabuela y ellas tenían esa espinita clavada; este traje no va a ser solo el traje del bautizo, ya ha pasado a convertirse en parte del legado de esta familia. Eso realmente es lo que hace que las horas que dedicas a este trabajo merezcan la pena”.

Han sido tras años de intenso trabajo en el que esta profesional ha visto recompensado su esfuerzo. El Obradoiro de Martina, explica nació en plena crisis y como consecuencia de su embarazo “en ese momento mi papel de madre se antepuso pero quería continuar mi carrera en un ambiente en el que pudiera, eso que, tanto dicen los políticos, se ríe conciliar mi vida laboral y profesional y con esta apuesta lo he conseguido”; y quizá por eso se siente más cómoda diseñando para los más pequeños. De ellos les gusta su espontaneidad su forma de ver la vida y el colorido con el que ven el mundo y por el que se ha decantado en sus colecciones. La más reciente “Aire” presentada en el 1º Certamen de Jóvenes Diseñadores en el Isla Bonita Love Festival. Y los proyectos continúan; Martina estudia ahora la posibilidad de abrirse en hueco en el mercado. Con un punto de venta ya funcionando en Ávila, se arriesga en llegar más lejos, eso sí con calma y contando siempre la historia del producto “esto me pasó con una intermediaria alemana; nos llevó a mis trajes y a mí a Alemania y de pronto me vi comiendo con un grupo de señoras en una tienda que quería comercializar nuestro producto, hablando de la historia de cada bordado en cada pieza; fue una experiencia enriquecedora porque la gente ya es consciente, especialmente en el norte de Europa de la importancia del trabajo, de la ética de la empresa, del respeto de las costumbres y de los valores de un pueblo; eso ya se está demandando y eso es lo que yo quiero”.

Estoy segura de que Martina llegará donde ella quiera, seguirá contándonos entre bordado y bordado las historias de la bisabuelas, abuelas, nietas y madres que ha ido cayendo en el olvido, por ahora, ya ha conseguido demostrar que la artesanía es una profesión, no un mero entretenimiento del que se puede vivir.

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Entrevistas · La Palma

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