El lagarto gigante de La Gomera (gallotia bravoana) se aleje de un peligro de extinción


Diecisiete años después de descubrirse ejemplares de una especie que se consideraba desaparecida, se está más cerca de garantizar su efectiva continuidad

0

La continua labor desarrollada desde hace ya 17 años por el Cabildo de La Gomera, ha permitido el cumplimiento del exigente protocolo establecido en su día encaminado a que el lagarto gigante de La Gomera (gallotia bravoana) se aleje de un peligro de extinción al que en un momento dado estaba peligrosamente condenado.

El resultado paralelo es que este animal se ha convertido en uno los símbolos de la Isla, cae bien y despierta curiosidad en todos los ámbitos incluído el internacional tanto entre estudiosos como particulares. Y es que además de los indudables éxitos científicos, lo cierto es que el lagarto gigante de La Gomera puede ser observado también en llaveros, fotografías, reclamos turísticos o piezas de decoración. Lo que supone, sin duda, otra forma de supervivencia.

El presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo Curbelo, considera que durante los años transcurridos desde que tuvo lugar el descubrimiento de la legendaria especie en el risco de La Mérica en Valle Gran Rey, “hemos demostrado nuestra voluntad de asegurar su continuidad y de que los lagartos tienen en los habitantes de esta Isla a su mayor aliado”.

A lo largo de este tiempo desde el Cabildo se ha desarrollado de forma escrupulosa el protocolo de recuperación garantizando su financiación, o bien con fondos propios o bien externos, como ocurrió con el programa europeo Life. En el año 2006 el Cabildo asumió competencias en estas materias y desde entonces ha sido responsable del desarrollo de unas actuaciones, cuyo éxito resulta innegable. En algunas ocasiones Curbelo ha demandado la implicación de otras administraciones para que de esta forma demuestren la misma sensibilidad que el Cabildo hacia la particular especie. Por ahora los sucesivos llamamientos han tenido la correspondiente respuesta.

La conservación del lagarto no sólo se centran en el cuidado de los ejemplares en cautividad. También se ha desempeñado una intensa labor divulgativa y de concienciación. Para ello se ha establecido una efectiva colaboración con los colegios de la Isla, lo que ha permitido despertar y mantener vivo el interés hacia el lagarto gigante desde edades tempranas. Ejercicio tras ejercicio, el Cabildo se encarga del pago de los salarios del personal y del mantenimento del Lagartario, entre otras acciones más.

Para certificar que la especie ha superado peligro extinción existen unos parámetros que aún no se cumplen. Pero se está en vías de conseguirlo. Los fondos europeos Life resultaron fundamentales en el camino recorrido. Este proyecto culminó en 2010 y desde entonces se ha entrado en la última fase: la reintroducción de ejemplares en la naturaleza. La lucha para garantizar la supervivencia de esta especie se enfrenta dos enemigos claros: Por un lado, los exteriores como son la actividad humana y los depredadores naturales y por otro la propia genética de los lagartos, en la que parece estar escrita su propia decadencia.

Los estudios apuntan a que hace alrededor de ocho siglos los ejemplares eran de mayor tamaño y ocupaban los espacios más privilegiados de la Isla. Sin embargo, poco a poco tuvieron que irse replegando a enclaves en el que se pudiera garantizar su supervivencia. Casi no lo logran pero ironicamente uno de los responsables de su extinción, el ser humano, ha sido fundamental a la hora de producir el milagro de su renacimiento y además hacerlo casi en el último momento.

En la actualidad toda la maquinaria se está preparando para unas fechas decisivas que tienen lugar todos los años por esta época: la reproducción. Los técnicos del Lagartario ya están procediendo a separar a los ejemplares con el fin de no repetir los cruces de campañas anteriores. Para ello se llevan a cabo unas cuidadosas tareas de pesado con el fin de poder elegir las parejas. De los trescientos ejemplares que actualmente existen en el centro, dos tercios se dedicarán a tareas reproductivas y el resto a la reintroducción.

Por estas fechas, el personal del Centro está ocupado en unas tareas que califican como puzzle: se eligen los ejemplares y emplazamientos, teniendo en cuenta variables como su idoneidad y disponibilidad de espacios. Es difícil calcular el número de nacimientos. Una hembra puede poner entre 12 y 2 huevos, con lo cual el abanico de posibilidades resulta bastante amplio.

Las labores de selección incluyen también a los lagartos que se consideran más aptos para reintroducirlos en el medio natural. En el año 2014 se llevó a cabo una suelta de 150 ejemplares en un punto del norte de La Gomera. Porque al fin y al cabo ese es el objetivo final de todo el programa: que el lagarto regrese a su hábitat natural. Por ello, desde hace años se trabaja con las miras puestas en poder contar con una población estable en, al menos, un punto de la Isla. Aparte de la que existe desde hace miles de años en el risco de La Mérica.

Lógicamente no se dan a conocer detalles del lugar elegido con el fin de evitar la llegada de curiosos que alteren la vida de la nueva colonia. Los candidatos a ser reintroducidos son sometidos a un duro entrenamiento para que estén lo más preparados posibles a las condiciones a las que tendrán que hacer frente el resto de su vida. Todos los detalles son cuidados pero hay dos que se tienen especialmente en cuenta: la alimentación y los deprepedadores. En este último caso, los meses previos una maqueta con sonidos y la sombra de aves intenta que los lagartos aprendan a reconocer a los que van a ser sus futuros enemigos y de los que han estado artificilmente protegidos desde que nacieron en cautividad. En principio las estimaciones apuntan a que durante los meses de otoño se procederá a la segunda suelta.

Uno de los objetivos que se plantea a medio plazo es la construcción de un centro de interpetación dedicado de forma monográfica al lagarto gigante. De esta manera sería posible atender a las miles de personas que cada año quieren conocer a este particular animal en las condiciones apropiadas y sin tener que molestar a la apacible vida de los animales. Es raro el día que desde el Lagartario no se reciben llamadas de colegios o grupos de turistas.

En cuanto a los resultados de la primera y única suelta, aún no hay datos definitivos. El lugar elegido es muy inaccesible y por ello es preciso contar con escaladores profesionales que no siempre están disponibles. En principio parece que efectivamente los ejemplares han encontrado en este enclave su nuevo hogar. Una vez que fueron liberados los lagartos de forma natural, se dispersaron guiados por un instinto marcadamente territorial. Pero aún no se ha podido confirmar un dato que resulta clave: si se han reproducido.

En su momento se eligieron varios enclaves que con posterioridad fueron vallados. Uno fue en el que se llevó cabo la primera reintroducción, otro en el que se hará la próxima y sobre otro más planean algunas dudas, dado que es un lugar en el que se han sucedido una serie de derrumbes que han destrozado las vallas.

Desde el comienzo de las tareas para garantizar la supervivencia de este reptil, se despertó un inmediato interés científico. Estudiosos de todo el mundo se han desplazado cíclicamente a La Gomera y han sido incontables las universidades que han elaborado algún informe sobre este curioso animal. El Cabildo cuenta también con el asesoramiento de profesionales sobretodo de las dos universidades canarias que de forma desinteresada colaboran en estas labores.

Imprescindible ha resultado la cooperación establecida desde 2008 con el equipo que ha alcanzado un gran éxito en el trabajo desarrollado con el lagarto de El Hierro. Hasta ese año en La Gomera reinaba un tanto de desánimo dado que las tasas de reproducción no eran las deseables. Después de recibir los consejos de los técnicos herreños el porcentaje de éxito se elevó hasta el 90%.

Y no es casual. En la Isla de El Meridiano los ejemplares han pasado a la fase de “vulnerables” y por lo tanto se ha dado un paso más allá a la hora de alejarse del peligro efectivo de extinción. En El Hierro ha resultado existosa la reintroducción de ejemplares en el Roque Chico donde se ha creado una población estable perfectamente adaptada a este hábitat.

Historia de un descubrimiento

El “descubrimiento” del lagarto gigante de La Gomera tuvo lugar hace diecisiete años. Concretamente, fue el 9 de junio de 1999 cuando un grupo de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) integrado por Alfredo Valido, Carlos Rando, Manuel Nogales y Aurelio Martín, confirmaron la existencia de una especie que se había vuelto legendaria y de la que cada vez existían más indicios de que había logrado sobrevivir hasta nuestros días. Los investigadores no se desplazaron a La Mérica de forma casual, sino que seguían la estela que dejaban algunos fósiles. Finalmente, pudieron comprobar que efectivamente existía un lagarto que llegaba a alcanzar casi el medio metro y presentaba diferencias sustanciales con el también descubieron no hacía muchas fechas atrás, en El Hierro.

Ante el riesgo más que cierto de que la especie se encontraba en peligro de desaparición, el Cabildo decidió hacer todo lo posible para garantizar su supervivencia. A lo largo de más de tres lustros, la institución insular encabezó una tarea que está arrojando los resultados esperados. En estos años se ha conseguido que más de medio millar de ejemplares hayan nacido en el Lagartario construido en Valle Gran Rey. De forma paralela, se llevaron a cabo tareas para estabilizar la población en su hábitat natural, donde hoy se calcula la existencia de alrededor de 400 ejemplares.

A lo largo de este tiempo se ha contado con el asesoramiento de un número considerable de técnicos cualificados en varias disciplinas que han puesto su talento y entusiasmo en la misión de conseguir que esta legendaria especie sobreviva. En 2014, coincidiendo con el quince aniversario del hallazgo se enviaron tres ejemplares a El Hierro de manera que si sobreviniera una epidemia o cualquier otra catástrofe en La Gomera, sea posible que la especie sobreviva en el exterior. Éste era otro de los puntos contenidos en el protocolo y al que también se le ha dado cumplimiento.

A algunos el cuidado que desde el Cabildo se presta al lagarto podría resultarles exagerado. Pero no lo es en absoluto. Por ejemplo, es preciso obtener el permiso de la institución insular incluso para sacar ejemplares muertos de la Isla.

En la última reunión del Patronato de Espacios Naturales se abordó el préstamo de tres lagartos fallecidos conservados en alcohol con el fin de proceder a su estudio mediante escaneo y digitalización en tres dimensiones. Un trabajo que se llevará a cabo en el laboratorio de Triste en Italia y que es un encargo del Departamento de Biología Animal y Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna (ULL). Pero hablamos tan sólo de uno de los cientos estudios que tienen a esta milenaria especie como objeto de análisis y que buscan desentrañar los secretos genéticos que expliquen su milagrosa supervivencia.

Deja tu comentario