El chico de los balcones


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el chico de los balconesSon una parte importante de la arquitectura tradicional canaria; los balcones eran la prolongación de la casa y como tal se decoraban. Los Balcones de la Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma son uno de los rincones más fotografiados de la capital palmera. En eso ha tenido que ver, no sólo la arquitectura doméstica de Canarias, sino además el trabajo que desde hace unos 6 años viene desempeñando Heiko Bartsch, el chico de los balcones. Los palmeros hemos vuelto a mirar hacia arriba, hacia los balcones para admirar las plantas que desde ellos penden “me gusta que la gente mire a los balcones, es una forma de reencontrarte con la naturaleza. Cuando estoy regando algunos de las plantas de los balcones, veo gente, amigos mirando el móvil, les doy una pequeña regadita y ellos dicen Heiko está por ahí y miran y ven la naturaleza colgando”, me cuenta en un español muy parco y cargado de un fuerte acento alemán. Y es curiosa su historia.

Heiko nació en el norte de Alemania; vivió con su abuela en una casa en pleno campo alemán. Quizá por eso, se percató siendo muy pequeño lo que quería hacer en un futuro. Recuerda que con tan sólo tres años de edad plantó sus primeros esquejes y supo que era aquello, ser jardinero, lo que quería hacer de mayor “planté tomates y una planta típica de Alemania que no sé cómo se dice en español, y todo nació bien. Creo que lo aprendí todo de mi abuela, cosas que por ejemplo hoy no se aprenden en las escuelas der jardinería. Mi abuela para mí fue un ejemplo de cómo se debía tratar a las plantas. Tenía un gran conocimiento sobre plantas medicinales y eso también me lo transmitió”. Tras años de estudio Heko se convirtió en diseñador de jardines y pronto comenzó a trabajar realizando jardines en un centro de salud mental en Alemania. Sentada al sol en su casa en Malpaís en Mazo, lo miro extrañada, “¿en un centro de salud mental? Le pregunto; sí, hay muchos estudios que demuestran que un jardín bien diseñado, con las flores adecuadas ayudan a mejorar la sensación de angustia de estos pacientes. Los colores, y, los olores especialmente traen a la memoria recuerdos que se creían olvidados; es entonces cuando los doctores pueden obtener mucha información que ayuda en el proceso de curación de estos pacientes. Eso es lo que hice durante diez años y puedo decir que me iba muy bien”.

Pero el destino le tenía reservada a Heiko un cambio en su vida. Me cuenta que habla mucho con las plantas, algo que me parece normal, ya que la mayoría de las personas que tienen plantas en sus casas suelen hablar con ellas, personas entre las que yo también me incluyo. Sin embargo, un día hablando con alguna de sus plantas en la residencia se le acerca una persona y le dice que como el resto de los pacientes está loco por hablar con las plantas, le da un número de teléfono y le insiste para que hable con un jardinero especial que se encuentra en La isla de La Palma “ y claro que llamé a este jardinero , ¿qué te dijo? Pregunto con curiosidad; pues fue muy claro; en Alemania los inviernos son muy largos y no se puede trabajar en jardinería; durante esos meses me dedicaba a la limpieza de las calles. Él me dijo que si quería hacer eso o plantar todo el año. Mi respuesta fue inmediata, plantar y después de esa conversación cuando tuve el primer invierno libre, creo que fue en el año 2005 vine a La Palma y me enamoré de la isla.

Y es que el aterrizaje de Heiko en la isla fue impactante. En un solo día conoció las bondades del clima en Los Cancajos en Breña Baja, subió al Roque de los Muchachos nevado, recuerda, y terminó en la Villa y Puerto de Tazacorte comiendo pescado con un espectacular sol “para mí era increíble, creo que no hablé casi nada y mis amigos se reían de mi cara de asombro. ¡Cómo en una misma isla puede haber tantos climas!, exclama; yo creo que descubrí el paraíso y no lo dudé desde que arreglé todos los papeles me vine, y, aquí estoy en mi Malpaís desde entonces”.

Y el chico de los jardines se convierte en La Palma en el chico de los balcones. Su gran vocación tomó otra forma en la isla bonita; el diseño de espacios verdes dio paso a la recuperación de los viejos hábitos de nuestras abuelas, la de decorar los balcones con plantas “mi primer cliente fue el Restaurante de la Placeta; su antigua dueña es alemana y a nosotros los alemanes nos encanta poner plantas en los balcones. A partir de ahí no he parado. Trabajo en casi toda la Avenida Marítima y muchos edificios de la Calle Real también se han puesto en contacto conmigo.” Lo que refleja su trabajo es un colorido entusiasmo por aquello que hace. Las plantas muestran toda su belleza en unos balcones que han vuelto a revivir gracias a los mimos y cuidados del chico de los balcones. La elección de las plantas es todo un tema de estudio para Heiko, porque no vale todo “ahora a mis clientes les ha dado por las petunias y no sirven cerca del aire del mar porque se debilitan. Debo pensar también en sus economías, para mí sería muy fácil ponerlas y ya está. Pero no trabajo así. Busco plantas que aguanten la sal que llega con el aire del mar. Y me gusta que los balcones sean diferentes. Uno de mis clientes quería su jardín como los otros y le dije que no y casi se enfadó. Pues ahora su jardín está en un libro y por eso ahora dice gracias Heiko” me cuenta con una enorme sonrisa.

En su casa de Malpaís en Mazo cultiva parte de las plantas con las que trabaja pero también está en contacto con los viveros de la isla. A lo largo de estos años, me explica ha encontrado curiosidades como que a los palmeros no les gusta los geranios en sus balcones, cosa que para los alemanes es parte imprescindible en estos rincones “cuando propongo poner geranios no quieren y en casa tengo variedades raras de estas plantas; a los alemanes nos encanta los geranios”.

Su trabajo ha comenzado a dar sus frutos y está adornando muchos balcones en Los Llanos de Aridane. El clima más caluroso le ofrece otros retos diferentes a las del salitre en el aire “en los Llanos, el calor y la calima que hay en verano produce más plagas y eso hay que controlarlo muy bien. Y ¿qué te piden en cuando a decoración floral los clientes de Los Llanos?, le pregunto; me mira y responde con voz muy divertida “quieren sus balcones como los de la Avenida Marítima. No lo entiendo”, me dice en un español con un rotundo acento alemán. Me asegura que, en toda esta aventura en la que se ha embarcado, lo que más le gusta es que las personas de la isla le confiesen que les gusta su trabajo “me lo han dicho mucho en Los Llanos, especialmente las señoras mayores. Me paran por la calle y me dicen que lo que hago les recuerda a los balcones de sus abuelas. Eso para mí es un gran alago”.

Sin dejar de plantar Heiko se inicia en otros proyectos con las plantas como eje central. Me explica que ahora está plantado en todos los lugares que puede Asclepias o algodoncillos, una planta con 140 variedades que atrae a la mariposa monarca, una especie al borde del peligro de extinción “empecé en la Plaza de Santo Domingo y allí ya hay mariposa monarca; he visto incluso huevos de la mariposa. Me gustaría plantar cuantas más mejor para intentar atraer a esta mariposa. Y es curioso porque si la flor de la mata es amarilla, las alas de la mariposa serán de eso color y así con todos los colores de esta planta”. Lo que más le ha gustado de esta nueva experiencia es haber visto a una fotografiar con su móvil a una de estas mariposas “por un momento, dice, ha tenido a la naturaleza a un clic de cámara”. Nosotros, afortunadamente, tenemos gracias al chico de los balcones, jardines verticales. Solo hace falta subir la cabeza y despegarla de nuestros móviles y disfrutar de lo que el paraíso palmero nos ofrece.

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