Discurso de Anselmo Pestana por el Nombramiento de Hijo Predilecto de La Palma de Miguel González Pérez


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Hoy celebramos un pleno extraordinario, un pleno también lleno de significados y de reconocimiento, un pleno en el que el Cabildo Insular de La Palma, entrega el título de Hijo Predilecto de nuestra isla, a una persona extraordinaria. Un título que le fue otorgado por acuerdo plenario de fecha 27 de noviembre de 2015, adoptado por unanimidad de los miembros de la Corporación, a la que doy voz como Presidente en esta intervención.
Don MIGUEL GONZÁLEZ PÉREZ (Miguel “Fife”), nacido en S/C de La Palma el 27 de abril de 1927, conocido en el mundo del fútbol como “El Palmero”, ha sido uno de los mejores futbolistas que ha dado el fútbol canario y nacional. De hecho, es el quinto futbolista canario que más veces ha jugado en la selección española absoluta (quince veces), y sólo le superan David Silva, Valerón, Pedro Rodríguez y Tonono.
Inició sus pasos futbolísticos de manera federada en la capital palmera en el Español (45/46), en su primera ficha firmada el 02 de Octubre de 1945 aparece su domicilio en la Calle Vendaval Nº6, hoy la calle Pintor Francisco Concepción, y de profesión se le asigna como tabaquero, ya con 20 años tiene un breve paso por el Iberia de Tenerife (46/47) para luego fichar por Racing Club Victoria de Las Palmas de Gran Canaria(47/48-48/49), periodo en el que tiene que intercalar su pasión por el fútbol con el deber de cumplir el servicio militar como joven soldado de aviación.
Es en la isla de Gran Canaria y el Racing Club Victoria el equipo que negocia su traspaso al Atlético de Madrid y que cobra medio millón de pesetas, en ese momento tenía apenas 22 años y ya era ”la figura del futbol canario”. Había aprovechado muy bien nuestro paisano su paso por el Club Victoria, que por aquel entonces era el equipo más potente de nuestro archipiélago, campeón de Canarias y equipo fundador de la U.D. Las Palmas.
En las crónicas de su traspaso al Atlético de Madrid se dice que “Miguel, muchachito noble en todos los aspectos, no tiene enemigos en ningún bando porque los futbolistas que unen a su gran clase una nobleza alta captan las simpatías del hincha más exaltado”.
Con el Atlético de Madrid se proclama campeón en las temporadas de 49/50 y 50/51. Estuvo cedido al Real Oviedo en la temporada 51/52, equipo que logra el campeonato de segunda y el ascenso a primera división. Regresa al Atlético de Madrid con Helenio Herrera de entrenador y con otros destacados jugadores canarios como: Silva, Mújica, Farías, Agustín, Lobito Negro, Durán y Montes. Permanecerá en el Atlético, del que llegó a ser su capitán, hasta la temporada 59/60, cuando se proclama campeón de la Copa. Había quedado subcampeón de copa en otras dos ocasiones. 214 partidos y 62 goles.
Posteriormente ficha por el Real Zaragoza (60/61, 61/62 y 62/63) y el Club Real Murcia (63/64-64/65). En total 15 temporadas como futbolista en la máxima competición del fútbol nacional, con 305 partidos disputados y 81 goles.
A los 38 años abandonó el terreno de juego para continuar con la responsabilidad de entrenador de categoría nacional durante varias temporadas. En el Atlético de Madrid (67/68-68/69), en el Real Betis Balompié (69/70), en el Hércules CF (70/71) y en nuestra Sociedad Deportiva Tenisca (84/85).

Don Miguel González Pérez en su puesto de extremo derecho destacó como jugador habilidoso y rápido, de fácil dribling en corto, gran velocidad y certeros centros. Un extremo derecho muy inteligente, que entendía el juego de la época, sus compañeros decían que era espectacular con el balón en sus pies, lo llevaba cosido a la bota y era resolutivo cara a la portería y con unos centros medidos muy apreciados por sus compañeros; pero por encima de otras consideraciones, siempre fue un futbolista noble, que lo llevaron a vestir en 15 ocasiones la camiseta internacional absoluta con jugadores de la talla de Kubala, Di Stéfano, Suárez y Gento.
Pero como todos los grandes de su época, Don Miguel no tuvo un camino fácil hacia el éxito. Nacido del matrimonio formado por Miguel González y Juana Pérez en mi querido barrio de San Telmo, era el segundo de siete hermanos. Su infancia transcurrió en el barrio que le vio nacer entre juegos y fútbol, y es a los cuatro años cuando su padre lo llevó por primera vez a un encuentro de El Mensajero. Don Miguel fichó por primera vez en un equipo en su barrio una vez finalizó la Guerra, el Celta, donde la clave era correr tras el balón.
Eran tiempos difíciles y Don Miguel tuvo que abandonar la escuela y ponerse a trabajar como aprendiz de mecánico. No llevaba un año cuando su padre le buscó un nuevo empleo en una fábrica de tabacos envolviendo puros pero siempre buscando tiempo para jugar al fútbol como bien contó Don José (Pepe) Feliciano en un artículo publicado en 1978, “Don Miguel junto a numerosos amigos jugaba en La Explanada, en el Campo de Fútbol Viejo, en la carretera de Timibucar, en los Prismes, en la Playa de El Muelle, en las Plazas de Santo Domingo y San Francisco, en la Calle de La Portada y en otros muchos rincones de Santa Cruz de la Palma” donde se empezó a crear la afición por este deporte en la isla”.
A los dieciséis años ingresó en los juveniles del Mensajero, en ese momento Don Miguel tenía una velocidad endiablada que compensaba su falta de corpulencia a la hora de disputar los balones, luego pasó a El Español, un equipo que estaba formado por muchachos que realizaban el servicio militar, y todo ello a pesar de la negativa de su padre, forofo de El Mensajero. Sus actuaciones en El Español fueron suficientes para que en el verano de 1945 el Iberia de Tenerife lo fichara con un sueldo mensual de 300 pesetas y el pago de la pensión. Don Miguel tenía 18 años.
Al año siguiente Don Miguel consiguió el sueño de entrar a jugar en el Victoria de Las Palmas, considerado, como señalamos antes, el equipo más importante de las islas, donde permaneció dos temporadas y donde los ojeadores de la península iban en busca de talentos. Y en su segunda temporada en Gran Canaria es donde se plasma su traspaso al Atlético de Madrid de Helenio Herrera en 1949, Don Miguel debutó con 22 años y con gran éxito en Madrid al anotar tres goles en su primer partido, un triplete, o un hat-trick, que diríamos hoy el argot influido por el mundo anglosajón.
Y después, como dijimos antes, su gran historia: dos campeonatos de liga, una copa de España, dos subcampeonatos de copa, un ascenso a primera, y la selección nacional, con la que jugó, como mencionábamos antes, quince veces en la absoluta, tanto en España como en estadios míticos europeos como Wembley de Londres, Heysel (Bruselas), Hampden Park (Dublín), o el Parque de los Príncipes (París).
Pero el recuerdo de Don Miguel ha permanecido vivo gracias a que la Federación Interinsular de Fútbol de Santa Cruz de Tenerife, en su Delegación Insular de La Palma, creó en la temporada 1968/1969 el Trofeo “Miguel González Pérez” a la deportividad o corrección deportiva, un trofeo de carácter anual con el cual se pretende recordar su importante y ardua labor en el fútbol nacional del jugador palmero que más veces ha vestido la camiseta de la selección nacional absoluta y donde dicha distinción viene a premiar la corrección deportiva, de la cual Don Miguel hizo gala durante todo su concurso futbolístico. Sin duda, un ejemplo a seguir.
Como señalan en nuestra isla, la grandeza de Don Miguel ha sido el no olvidarse de donde procede – a pesar de sus éxitos- y eso ha sido lo que los palmeros han destacado también como su mayor riqueza, su mayor virtud. Con bastante asiduidad realizaba visitas a nuestra isla acompañado de su mujer Doña María del Carmen Bacenilla y de sus dos hijos. Era costumbre que aquellos futbolistas palmeros que desarrollaban su vida deportiva fuera de la isla, cuando regresaban a sus pueblos de origen para pasar las vacaciones, jugaran algún que otro partido en la isla y Don Miguel junto con Macario, Pepe Arias o Rosendo eran de los habituales en la década de los 50, que reforzaban a los equipos locales para extender la afición.
Asimismo, han sido muchas las tertulias compartidas con sus amigos de la infancia, amistad creada de manera mayoritaria en la carretera de Timibucar, y a la cual ha permanecido fiel. Se decía y destacaba en las crónicas y entrevistas que se le realizaron a Don Miguel el que “hable con la misma sencillez de antaño, de tú a tú, sin humos petulantes, y se apreciaba todo cuanto vale este palmero, no sólo como futbolista en la plenitud de sus éxitos, sino también como hombre virtuoso en amplio sentido. Parece que Don Miguel no ha dejado de ser “Fife”. Y ello hace que le estimemos profundamente, robusteciendo su valor en sumo grado”.
Antes de proceder a la entrega del título de Hijo Predilecto a quien hoy representa a D. Miguel González Pérez, y a escuchar un mensaje del hoy homenajeado, concluyo con una cita de Francisco Antequera Amor, que en el tomo II de su libro “El Fútbol en La Palma”, nos recuerda:
“Fue un referente para todos aquellos que seguimos su trayectoria deportiva a través de la prensa escrita y de la radio. Cuando Miguel jugaba con la Selección Nacional, siendo el canario que más veces lo había conseguido en aquella época, era como si fuera una parte de nosotros y seguimos sus éxitos con verdadero orgullo”
Es por esos méritos acreditados en el correspondiente expediente por lo que, en nombre de cada uno de los miembros de esta Corporación y de todos los palmeros, tengo ahora el honor de entregar el título de Hijo Predilecto a D. Miguel González Pérez, título que recoge en su nombre D. Miguel Oriol Mederos.

Anselmo Pestana Padrón

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