Dic 14, 2015
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José Negrín “Joseito”, el sanador palmero

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joseitoSiendo un niño nada le hacía presagiar que en un futuro recibiría un “don” con el que sanar a muchos palmeros. José Negrín, “Joseíto”, es a sus más de 70 años, uno de los pocos sanadores activos que aún quedan en La Palma. Me cuenta que su capacidad para mejorar problemas de salud la descubrió en su edad adulta “fue una tía mía de la Gomera quien me habló sobre este don, recuerda. Yo la visité y le pregunté si ella sabía de donde venía este don y me dijo que mi abuelo y un tío mío tuvieron la misma capacidad que yo”. A Joseíto le gusta referirse a su capacidad como un don; es un regalo, asegura, con el que se siente satisfecho porque considera, que en mayor, o, menor medida ha ayudado y continúa haciéndolo a muchísima gente “es muy complicado explicarlo, me dice con calma, pero yo te lo cuento como lo vivo. Creo que esto es un regalo de Dios. Me ha dado la capacidad de tratar determinadas afecciones usando mis dedos, pero igual que te digo que es un regalo, esta facultad también hay que estudiarla y mejorarla con el paso de los años”.

Ha perdido la cuenta de los palmeros que han pasado por su pequeña consulta en Santa Cruz de La Palma. Lo que aún tiene muy fresco en su memoria es la primera persona a la que ayudó “se trata de un señor que vive todavía en La Galga; había sufrido un ictus y no podía caminar. Durante tres meses fui a diario a su casa y lo ayudé; esto pasó en el año 1988; fue mi primer caso, si es que se puede llamar así; y me sentí muy bien al ver que ayudé a aquella persona”. A partir de ahí su fama en La Palma no ha parado de crecer, pero también su responsabilidad con todos aquellos que lo visitan. Joseíto me explica que no atiende determinadas afecciones, tan sólo aquellas que sabe que su tan apreciado don puede mejorar “la persona que te diga que puede sanar todo te miente. Yo sólo puedo sanar problemas en el cuello, lo que llamamos las corrientes en el omóplato, lumbalgias, esguinces de tobillo, las contracturas musculares, todo aquello en lo que haya un tendón o un músculo, porque yo lo que sé es colocar con mucho cuidado los tendones y músculos que por alguna razón se hayan descolocado”.

Los años de experiencia y la naturaleza le brindan muchos de los remedios con los que tratar las dolencias de los que se acercan hasta él, pero sobre todo, reconoce, el trato hacia la persona es un aspecto muy importante que siempre tiene en cuenta “a una contractura muscular le aplico agua y sal y cola de caballo. Cuando ese tejido está sano lo coloco, pero lo más importante es la actitud con la persona que viene a mí. Soy muy respetuoso, hablo con ellos con tranquilidad y eso transmite seguridad”. Y tan respetuoso es, afirma, que nunca se ha aprovechado de nadie. Cuando una persona que acude a su consulta no puede recibir su ayuda, es su propio cuerpo quien se lo hace saber, “mira esto me sucedió hace pocas semanas. Vino una señora con un dolor, yo la toqué y mi mano se quedó pegada a su espalda. Entendí que yo no podía ayudarla y le dije que tenía que pedir cita para acudir al Hospital. Esa señora me dio las gracias porque en el Hospital le diagnosticaron un problema más serio y ya está en tratamiento. Yo intento ayudar en todo lo que puedo, pero hay cosas que no”.

Joseíto conversa conmigo con tranquilidad con largas pausas buscando las palabras más adecuadas para explicarme qué hace y por qué lo hace, ahora soy yo la que busca la mejor forma de preguntarle si en algún momento ha tenido problemas con los médicos por tratar este tipo de afecciones; se toma su tiempo y contesta “ los médicos curan, yo sano. Nunca he tenido problemas con los médicos, sé perfectamente cuál es la labor de cada uno, y, como te dije anteriormente cuando algo no es para mí, inmediatamente le digo a la persona que debe ver sin falta a un médico.”

Pero Joseíto, no sólo trata temas musculares, si hay un mal intrínsecamente unido a la cultura popular palmera, ese es sin duda, el mal de ojo. Son muchos los casos, afirma, que ha tratado a lo largo de su vida. El mal de ojo, me explica, es una mala mirada hecha con el ojo izquierdo por una persona muy negativa. El mal existe, dice y hay personas a las que le gusta ejercer el mal “hay gente mala, siempre ha existido el mal. Una vez, me cuenta, me encontré con un problema de mal de ojo muy serio, en un niño, eso me pasó el 3 de Mayo de este año; yo recogí su mal y terminé en urgencias, el niño sanó”. Y es que me explica cuando el mal sale de la persona es su cuerpo el que lo recoge, un hecho que hace, que en muchas ocasiones sea él quien enferme, pero me asegura que pese a eso, merece la pena pasar durante unas horas por un trance como ese “lo acepto con tranquilidad, sanar un mal de ojo no me asusta. Si tengo este don lo utilizo para ayudar a esa persona que lo necesita en ese momento”.

Su consulta nunca ha estado vacía, ni siquiera en estos últimos años de crisis. La gente sigue haciendo cola para que sus dedos traten sus dolencias. La fama del sanador de La Palma se ha acrecentado de tal modo que, desde hace tiempo, todos los fines de semana acude a Tenerife para sanar a cientos de personas, “trato los mismos problemas que aquí en La Palma y lo hago de la misma forma”. Jubilado hace ya varios años y faltándole tiempo, en muchas ocasiones, para sanar, me asegura que por ahora no piensa en retirarse, hay muchas personas a las que todavía les puede ser útil, afirma, y quiere estar activo para ellos.

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Entrevistas · La Palma

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