Nov 10, 2015
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Custodia de la Biosfera

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061115 Anselmo Pestana y Embajadores de Buena Voluntad de la Reserva Mundial de la BiosferaTal vez algún día, en el Instituto de Astrofísica de Canarias ubicado en el Roque de los Muchachos en la Isla de La Palma, desde donde se contempla un maravilloso paisaje celeste una vez el sol se esconde entre el mar de nubes y el océano Atlántico, puedan ver el huerto de papas custodiado para sobrevivir por el astronauta Mark Watney, botánico e ingeniero mecánico de la NASA, interpretado por Matt Damon en la película Marte (The Martian) dirigida por Ridley Scott. Y ello, tal vez sea posible, gracias al Gran Telescopio de Canarias (GTC) – el mayor del mundo y uno de los más avanzados – o al Cherenkov, o a cualquier otro de los telescopios ubicados en ese misterioso paraje natural que escrutan el cielo en busca de nuevas respuestas sobre el Cosmos.

El desfiladero de la Caldera de Taburiente, considerado como Reserva de la Biosfera, resguarda de este modo, una de las instalaciones científicas más importantes de España a 2.406 metros de altura. Unas instalaciones Smart en una isla bonita y amable susurrada por los alisios.

La bóveda celeste de La Palma, elemento imprescindible desde 2007 en la concepción insular de la Reserva Mundial de la Biosfera La Palma, constituye por sí misma un elemento de astroturismo, Aunque su desarrollo sea todavía incipiente, instituciones, empresas y guías Starlight han apostado por este patrimonio natural como uno de los elementos diferenciadores de la oferta turística a nivel mundial.

Por otro lado, bajando a escala terrestre y marina, ¿a qué sabe La Palma? Sabe a papas arrugadas, a mojo rojo y mojo verde, a deliciosos quesos de cabra con denominación de origen, a pescados como los meros, las viejas y morenas, a gofio…Todo ello regado con los vinos palmeros, únicos ya que se elaboran con variedades que ya han desaparecido en otras regiones europeas.

La Palma, que estos días celebra su XIII aniversario como Reserva Mundial de la Biosfera desde su nombramiento por la UNESCO el 6 de noviembre de 2001, está promoviendo una Estrategia Integral de Custodia del Territorio en Reservas de la Biosfera que cuenta con el apoyo y cofinanciación de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

En este contexto, hay que entender la custodia del territorio como un conjunto de estrategias e instrumentos que pretenden implicar a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y el buen uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos y que para conseguirlo, promueve acuerdos y mecanismos de colaboración continua entre propietarios, entidades de custodia y otros agentes públicos y privados.

Y es que según el programa “Hombre y Biosfera” (MaB de la UNESCO) las Reservas de la Biosfera incluyen una gran variedad de entornos naturales y tratan de integrar la protección de los elementos naturales existentes con la protección de formas tradicionales de gestión sostenible e inteligente – tal vez deberíamos decir sabias- de los recursos naturales. Y es aquí donde la estrategia de la custodia terrestre y marina es clave para La Palma y para el resto de las Reservas de la Biosfera de la Macaronesia. Una magnífica oportunidad para la Custodia de la Biosfera.

Además, si el Hombre es parte del programa, ¿qué papel debemos dar al ser humano en este proyecto de custodia?. Creemos que debe darse un escenario que le permita mantener su libertad y dignidad inalienable como ser humano, desde un Humanismo avanzado, que integre el paradigma de la bioconservación y de la conversión ecológica con el paradigma de las tecnologías emergentes. Si ello resulta posible, claro. No todo lo que la ciencia y la tecnología pueden hacer nos conviene.

En el libro ¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano (Fragmenta, 2015) presentado recientemente en el Casino de Santa Cruz de La Palma, se nos advierte de los riesgos de la ideología del transhumanismo que nos pone ante el dilema ético de un cambio radical en la evolución humana y en su naturaleza como especie, empujándonos hacia una nueva cultura de la mejora, donde las personas y las generaciones futuras tendrían el deber moral de ampliar sus capacidades físicas y cognitivas mediante la interacción y la integración en su cuerpo y mente de las llamadas tecnologías convergentes NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Infotecnología y Cognotecnología).

Este planteamiento también pretende incidir en la biosfera y en la noosfera de la Tierra, mediante el desarrollo y la expansión, sin límites, de la vida sintética y la inteligencia artificial fuerte.

Es urgente pues, en este periodo del llamado Antropoceno, custodiar la Biosfera, como sistema global formado por el conjunto de los seres vivos del planeta Tierra y sus relaciones, incluyendo, por supuesto, al ser humano.

Con las estrategias de custodia del territorio pasamos del cosmos al planeta Tierra, de la vida inteligente a la vida consciente, y de lo global a lo local, poniendo al ser humano y al resto de los sistemas de la tierra por encima de las tecnologías smart que deben ser meramente instrumentales y estar al servicio de unos valores y principios éticos que nos hagan más humanos y conscientes de nuestra pertenencia inescindible a la naturaleza. Y el ejemplo más sencillo, resulta ser, el huerto de papas custodiado tanto en una colonia de Marte, como en una medianía de la isla de La Palma, en medio del océano Atlántico o del mare ignotum del universo.

Albert Cortina, abogado y urbanista. Embajador de buena voluntad de la Reserva Mundial de la Biosfera La Palma

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