Oct 27, 2015
0 0

Martina Rasi, agricultora de la biodiversidad: “En mi finca soy como una directora de orquesta”

Written by
FacebookTwitterPinterestLinkedInGoogle+Share

Martina   Estudió enfermería y ya tenía trabajo en Berna cuando Martina Rasi    decidió dar un giro completo a su vida. Dejó un trabajo estable y bien remunerado para trasladarse a las Islas Canarias. Primero Fuerteventura donde la enfermería dio paso a su hobby, la pintura. Allí recuerda realizó murales para empresas de ámbito nacional. En 1990, el amor la trajo hasta la isla de La Palma donde se asentó como platanera “yo en esa época tenía una pareja de aquí de La Palma, mi padre había fallecido unos años antes dejándome algo de dinero. Mi pareja me animó a comprar este terreno de plataneras y así fue como comencé; una relación me hizo descubrir otra gran pasión”. Pero cosas de la vida, como me explica Martina en un excelente español con un marcado acento insular, la relación no funcionó y ella se quedó con los plátanos “no hay mal que por bien no venga, me dice, él me introdujo en este mundo que me gusta muchísimo y que ahora no cambiaría por nada”.

   Unos primeros años de trabajo duro en los que contó con la inestimable ayuda de amigos que la animaban a desarrollar esta faceta de agricultora. Cultivaba haciendo uso de productos fitosanitarios, pero pronto se dio cuenta de que, el uso de estos productos, entraban en contradicción con su estilo de vida basado en hábitos más saludables. Por eso decidió cambiar toda su producción al cultivo ecológico “cuando cambié al cultivo ecológico me llovieron las críticas; a mí no me lo decían directamente, pero me llegaba todo de oídas; sabía que no me tomaban en serio, se ríe. Los plataneros tradicionales decían que me iban a comer los bichos y además me enfrentaba a un año cero sin producción. Conté con el apoyo de Ildefonso Acosta un técnico especialista en eco-cultivos que me indicó lo que debía hacer”.

Pero la plantación exclusiva de plátanos a esta palmera suiza, se siente ya más de aquí que de su país natal, le parecía poco. Martina decidió entonces que era el momento de volver a la agricultura más tradicional del hombre, a la de sus orígenes, y, que hoy se conoce como biodiversidad “me parecía interesante cultivar muchos productos a la vez; cuando cambié a ecológico, planté las plataneras en doble fila dejando pasillos intermedios, esto me dio la posibilidad de introducir todo tipo de cultivo de verduras. Planto lechugas, calabazas, todo lo que puedas imaginar y todo sale. No estoy inventando nada nuevo, me asegura, tan sólo vuelvo a hacer lo que hicieron nuestros antepasados”. 

   Y es que lo que ha creado en su plantación es un ecosistema a escala en el que cada bichito y cada planta tienen una función determinada. Un sistema de agro producción, en el que, siguiendo la filosofía más básica del cultivo ecológico se ha erradicado el uso de los pesticidas. Martina cultiva en su huerta variedades de pimienta picona que sirven de repelente, igual que las plantas aromáticas “tengo una variedad de pimienta que es muy picona cuando la preparo para limpiar las plataneras lo hago con mascarilla; pero insisto, me repite, esto no es nuevo; siempre se ha sabido que la pimienta es un buen repelente de insectos. Además en mi finca cultivo plantas aromáticas como la artemisa, variedades de albahaca y tengo una planta de crisantemo con un olor muy fuerte que también ayuda a repeler a los insectos. Y todo me lo da la naturaleza”.

Plantas que, por cierto, y debido a su colorido también han   propiciado la aparición de otros insectos, me explica y la pregunta que en ese momento le hago es que si no teme la aparición de algún bichito que pueda dañar su producción, la contestación es clara “ mira ayer vi una nueva larva posiblemente de una avispa, es nueva, pero es un depredador; si está aquí es por algo; pero que tengas un nuevo bicho no significa que entre una plaga, eso se produce cuando hay un desequilibrio entre el bichito que come y su depredador natural; se trata, simplemente, de dejar que la naturaleza utilice sus propios recursos para crear su equilibrio”.

   Y de esa forma tan natural, usando bichitos y plantando verduras alrededor de las plataneras, ha conseguido erradicar   algunas de las plagas más comunes en este cultivo, “he conseguido frenar la lagarta, por ejemplo, porque tengo pajaritos que se alimentan de ella; aparece alguna, pero eso no es plaga; me siento, como la directora de una orquesta en la que voy dirigiendo cada movimiento y cada sonido de los animalitos que hay aquí. Cuando entras en verano no los ves, pero los oyes y entonces sabes que están trabajando todos en el tono adecuado”, me explica con una enorme sonrisa.

Su finca y su forma de trabajo se han convertido en todo un referente. Son muchos los colegios de la zona que acuden hasta La Laguna en su tramo hacia la Villa de Tazacorte, incluso turistas llegados desde Alemania o del resto de Canarias se interesan en conocer este estilo de vida y de agricultura “yo no hago visitas guiadas, se sonríe, la gente viene y me dice si pueden pasar y claro que los dejo; terminamos siempre hablando de la ecología de sus beneficios y si consigo convencer a alguien para que compre   estos productos, me doy por satisfecha. No cobro entradas, pero me dejan donativos que destino a un colegio en Madagascar con el que colaboro”

Hoy, aunque no le guste reconocerlo es ya toda una experta en biodiversidad. Está contenta porque, poco a poco, los agricultores, y, los plataneros, en especial, comienzan a cultivar en ecológico. Hay un clima de cambio del que La Palma forma parte “hay muchos plataneros que se han reconvertido aunque cultiven solo plátanos y no biodiversidad, eso ya es muy bueno; asegura; además todas las Cooperativas tienen ya una línea ecológica; la mía en concreto, Volcán de San Juan lleva años apostando por este sistema “.

Pero no todo es bueno en la agricultura ecológica, me dice, lo que personalmente no le gusta son los elevados precios de estos productos en La Palma. Considera Martina, porque “corta las alas al propio sector” al no poder llegar a una gran mayoría, “a mí no me gusta trabajar para una parte pequeña de la sociedad con mejores recursos económicos; creo que toda la población debe tener acceso a este tipo de productos más sanos; es verdad que es un producto más caro, pero debemos ser más coherentes”.

   Asegura que actualmente no cambiaría su estilo de vida por nada. Ve a sus amigas estresadas trabajando en oficinas al ritmo de un horario que no marcan ellas. Se siente orgullosa de ser su propia jefa, administrar su tiempo y tener un sueldo adecuado “se puede vivir de la agricultura; es verdad que el pasado año, por ejemplo, el sueldo fue menor porque tiré varias plataneras y eso se refleja en la producción, pero no siempre es así. Yo puedo decir que mi sueldo es mejor que el de muchas amigas”. Después de 25 años cultivando plataneras en biodiversidad, Martina es hoy miembro del Consejo de su productora Volcán de San Juan, un reconocimiento del que se siente muy orgullosa y desde donde me asegura seguirá predicando   con su ejemplo y ayudando con su experiencia a todo aquel agricultor que se interese por la biodiversidad. En mi caso particular, no tengo plataneras, pero en mi pequeña huerta probaré algunos de los consejos que Martina, amablemente me ha ofrecido.

 

 

 

 

Article Categories:
Canarias · Entrevistas · La Palma

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *