Sep 29, 2015
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Discurso de Anselmo Pestana en la Festividad de San Miguel Arcángel, patrón de la isla de La Palma.

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Fieles a un inveterado rito que se remonta a más de quinientos años, en este nuevo ciclo anual que hoy, 29 de septiembre, inauguramos, brindamos al patrón de la isla de San Miguel de La Palma nuestros desvelos y esperanzas; nuestras alegrías y aspiraciones, nuestros retos y deseos más legítimos para el pueblo palmero, tu pueblo, San Miguel, que bajo tu protección camina en las coordenadas de crecer de forma solidaria con los más necesitados y respetuoso con el don de la naturaleza con que hemos sido distinguidos, tal y como hemos procurado hacer a lo largo de la historia.

Y decimos ciclo anual y casi podría acuñarse la expresión de comienzo de año. Porque en La Palma, cada inicio del otoño, con la festividad de San Miguel Arcángel, se inaugura una nueva etapa. Desde el ámbito educativo, hasta el orden social, el económico, el político o el cultural se sirven de estas fechas, sin duda alguna, como el referente de un «año nuevo». Incluso, la tradición ha asentado desde tiempo inmemorial en la onomástica de San Miguel la principal referencia en la predicción meteorológica; válida según el saber popular hasta la primavera siguiente.

Confiamos al Patrón de La Palma que bendiga nuestros campos del agua tan vital para nuestros agricultores y sus producciones, tras el ciclo de sequía que hemos padecido y que ha hecho una mella considerable especialmente en esta comarca del Valle de Aridane. No cabe duda, por tanto, que con San Miguel y su festividad inauguramos los palmeros un nuevo año y esperamos que sea una temporada de lluvias, que renueve nuestros acuíferos y garantice en las mejores condiciones la actividad de nuestros agricultores.

Éste es un año que comienza cuajado de esperanzas para La Palma y los palmeros. Tanto en el aspecto personal como en el colectivo. Pero también un año que se inicia con la desesperanza de los que huyen de lejanas guerras y que buscarán en esta tierra refugio a las dramáticas vicisitudes que les ha tocado vivir.

Miguel, arcángel de La Palma y de los palmeros. Desde el mismo siglo XVI, la iconografía miguelina se representó erigida sobre un castillo, con la balanza de la justicia en una mano y una palmera en la otra, y todo él elevado sobre el mar.

Y es que el océano Atlántico ha sido el elemento que más ha moldeado la personalidad de nuestros convecinos. De una parte el mar nos ha aislado e incomunicado; de otra, ha sido también a través del mar como se nos han abierto ante nuestros ojos las puertas del mundo: primero las de Europa, después las de América y de África. Ahora será Asia el continente que se asome a nuestra ventana.

En territorio tan frágil y reducido como el nuestro, la isla ha sabido progresar y encontrar a lo largo del tiempo la esperanza y un bienestar que debemos compartir con quienes carecen de él. Como ejemplo del buen gobierno, de la justicia y del anhelo de protección, la imagen del ángel-patrón se encuentra representada a lo largo y ancho de nuestra geografía insular. En estos delicados momentos debe alentarnos como fundamento para los que buscan una vida alejada del terror y de la intolerancia.

Por esta razón, la isla de San Miguel de La Palma, y con esa vocación aperturista que ha caracterizado nuestra posición estratégica en el Atlántico, no ha permanecido al margen del éxodo masivo de ciudadanos sirios provocado por la Guerra Civil que padece ese país, de unas proporciones similares a los vividos durante la II Guerra Mundial, y se ha ofrecido desde el minuto cero para acoger refugiados. Una isla que es tan generosa en su naturaleza, lo es todavía mucho más en su humanidad.

La violencia que sacude el mundo nos ha tocado dramáticamente de una forma directa a los palmeros este año, con el asesinato de un hijo de este pueblo, Tazacorte, Jhonatan González. Permítanme que en esta celebración de San Miguel tenga un recuerdo especial para este joven bagañete, que ha sido víctima de la crueldad más irracional que sacude a buena parte del mundo, y de su familia, ofreciendo todo el afecto y la solidaridad en representación de la Corporación Insular y del pueblo palmero.

Pero también debemos proseguir el trabajo para mejorar la situación de nuestros ciudadanos, poniendo nuestros recursos y lo mejor de nuestros esfuerzos en trabajar a favor de los palmeros que peor lo están pasando, así como las medidas necesarias para que La Palma continúe por las vías del desarrollo, sostenibilidad, cultura y solidaridad de la que siempre ha hecho gala.

Como presidente del Cabildo, sé que a la sociedad palmera no le podemos pedir más paciencia, pero sí confianza. No pedimos una confianza ciega, vacía, ingrávida, sino comprometida en que estamos poniendo todos aquellos mecanismos y el mayor de los esfuerzos posibles para dar el salto cualitativo que necesita la isla de La Palma y alcanzar así el progreso que se merecen sus habitantes.

Un progreso real, eficaz, sostenible y sostenido en el tiempo, haciendo una apuesta decidida por alcanzar un modelo económico que sea más plural, equitativo y representativo de una comunidad insular en pleno siglo XXI. Vamos caminando en esa senda, es verdad que no siempre al ritmo y a la velocidad que requieren las urgencias sociales por las que atravesamos y al que a nosotros mismos nos gustaría avanzar, pero caminamos con paso firme y sin titubear en nuestra voluntad.

Estamos convencidos de que vivimos un tiempo decisivo para la isla de La Palma. Es un momento crucial en el que nos ha situado la historia para establecer los cimientos de lo que será su futuro.

En esta encrucijada, al comienzo de este nuevo curso, creo que debemos hacer frente a un gran reto: el de la unidad en la defensa de los intereses de la isla de La Palma. Es la hora de dejar a un lado el resto de intereses, muchos de ellos legítimos, para situar como principal objetivo la defensa de los intereses de nuestra isla.

Sabemos lo que tenemos que hacer, tenemos la voluntad de realizarlo y confío que este camino lo hagamos desde la unidad y el consenso de los colectivos políticos, sociales y económicos. El reto que nos demanda la sociedad palmera o lo hacemos juntos o no podrá salir adelante con la fortaleza y la fluidez que requiere una isla que precisa de estos cambios de una forma urgente.

¿Y qué cambios son los que precisa la isla de La Palma? Fundamentalmente aspiramos a una economía menos dependiente y que propicie más focos de generación de riqueza como el conocimiento, la ciencia y la innovación, las telecomunicaciones, el turismo y la propia cultura.

Fortalecer estas vías de crecimiento, junto con nuestra agricultura y todo el sector primario, cada vez más ligado a una producción ecológica, y a la puesta en valor de nuestros recursos naturales, tanto de nuestro paisaje terrestre, celeste y marino, son las claves por las que estamos apostando y por las que pedimos la máxima implicación y unidad de todos y todas para su impulso.

Concluyo esta ofrenda ante nuestro patrón, San Miguel, renovando nuestro compromiso en contribuir a dignificar la vida de los hijos de su pueblo, el pueblo palmero. Una responsabilidad de la que somos conscientes por su necesidad y urgencia, y que solo la alcanzaremos si trabajamos desde las claves del interés general, la unidad y la solidaridad. Que San Miguel nos ayude a no perder la confianza en que podemos crecer y, sobre todo, en que podemos crecer sin que nadie se quede al margen del progreso y el desarrollo.

Buenas tardes y que ¡Viva San Miguel!

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La Palma

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