Sep 28, 2015
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Marta Candelario: “Mi vida es el campo en Garafía”

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foto de martaLlegar hasta el caserío de Los Guanches en el Barrio de Don Pedro en la Villa de Garafía me ha llevado casi dos horas; no puedo, ni siquiera imaginar, cómo sería acercarse hasta esta zona hace 86 años. No elijo este número al azar, sino porque son los años que tiene la vecina más veterana de este entorno y que continúa viviendo y trabajando en Los Guanches. Nació un 25 de Abril de 1929, Marta Candelario Macho, así se llama, me corrige amablemente “nací un poco más abajo, soy la más pequeña de 10 hermanos, vine a vivir aquí algo más tarde, después de casada en Agosto de 1955”.

Su cara veteada por las arrugas desprende una gran amabilidad y cercanía. Me explica, con grandes pausas, que nunca ha salido de su querida Garafía “a mí, jamás me ha desconsolado una capital para vivir, pero soy de las que digo que si hay que hacerlo se hace”. Desprende una gran vitalidad en la que se apoya para continuar realizando las mismas rutinas que comenzó cuando solo tenía 5 años ”en aquella época yo hacía los mandados; luego con más años ya me ocupaba de las cabras, gallinas , conejos, de sembrar y de recoger”. Hoy la rutina de Marta es muy similar. Me asegura que lo único que ha variado el horario para levantarse “me levanto entre las 8 y las 9 de la mañana, si me corre algo de prisa en la veta, lo hago y luego voy a echar de comer a las cabras”. Reconoce que su infancia fue dura, pero que en su casa tanto los “machos como las hembras”, trabajaban en lo que podían; nunca hubo discriminación, me dice, por cuestiones de sexo; no se perdía tiempo en esas cosas “porque el campo necesitaba manos todos los días”. Y esa necesidad del campo y la familia, propició que Marta no fuera al colegio, aunque con el paso del tiempo y la ayuda de algún hermano aprendió a leer y escribir, “era normal, los campesinos no iban al colegio porque además, los pocos que habían quedaban muy lejos. Aprendí sola mirando libros y luego con la ayuda de mi hermano. Sé escribir, pero sé que tengo faltas de ortografía”.

Poco a poco con cada pregunta descubro a una mujer recia y dulce a la vez, pegada a su tierra, a los suyos, y, noble; un ejemplo, creo, de la mujer campesina palmera del siglo XX, que con un trabajo silencioso y abnegado sacó adelante no sólo a la familia, sino a la isla. Una mujer campesina, hoy casi desaparecida, pero cuyo trabajo y esfuerzo ha configurado el carácter de la mujer palmera actual. “Ni me parece bien, ni me parece mal, me contesta, sonriendo, cuando le pregunto si se siente un ejemplo de mujer campesina; pero en lo de callada, trabajadora y que no he pedido nada, en eso si te digo que sí; no me quejo de nada, me parece que hoy la gente, sobre todo los jóvenes, se quejan mucho, mientras la vida me deje vivirla, la vivo”.

Me asegura que, en las labores del campo, no tiene quehaceres favoritos, le gusta hacer todo lo que pueda en el momento que considera adecuado. Es su hija Milagros quien me indica que le pregunte por “sus papas de colores”, es una auténtica devoción, me asegura su hija. Marta es de las pocas agricultores que aún hoy en día continúa cultivando una variedad de papa de color muy apreciada por su calidad en la isla hace años “no puedo decir que me sienta orgullosa, pero sí muy contenta. No he dejado que se pierdan. Es una variedad que cultivaban mis padres y que sé que llegó de Las Américas, de los Andes, por eso le decían andinas. La gente que las prueba les gusta mucho, a mí me gustan, pero ya hay muy poca gente que las cultive en Garafía, no sé si en otro sitio lo harán, aquí, lo hago yo”. Afortunadamente las papas de colores de Marta no se perderán. Hace 10 años, el Cabildo Insular procedió a la recogida de semillas de esta variedad para depositarlas en su Germobanco, y, yo como agricultora aficionada estoy pensando en pedirle semillas para cultivarlas en Las Breñas. Espero que me dé buenos consejos para cultivarlas.

Hablando con doña Marta, me acuerdo de algo que mi abuela decía cuando yo era una cría. Antes se enamoraba de otra forma y le pregunto cómo conoció a su marido y cómo se enamoraba; sonríe abiertamente y sus ojos brillan, supongo que será por recordar al que fue su marido “pues no sé cómo decirte que se enamoraba; él era del barrio, yo lo vi y comencé a pensar en él, y, él se dirigió a mí, sin saber que yo, ya, pensaba en él. Alberto y yo pasamos toda una vida juntos, salvo tres años que fue a Venezuela y siempre trabajando en el campo. Esa fue nuestra vida”. A mí personalmente, me parece una bonita forma de enamorase. Su marido y ella siguieron dedicándose a las labores del campo y a los animales. Lo que sobraba se vendía “se podía vivir bien, me dice, porque si había para comer y estábamos tapados ya estaba”. Así sacaron adelante a dos hijos y hoy es una abuela y bisabuela orgullosa.

Pero el interés de doña Marta, no sólo gira en torno a su tierra y en seguir cultivando como lo ha hecho siempre desde que comenzó siendo una niña. Se interesa por todos los temas de actualidad y por la política. Le pregunto si hay algún político de la isla, o, nacional que le guste; es la única vez donde no hay sonrisa en su boca, y, la respuesta no se hace esperar “hay cosas que no veo normal en los políticos, son todos unos indecentes y con eso te contesto. No me gusta lo del proceso de separación de Cataluña, me parece feo, es una estupidez; porque ¿no es usted español si ha nacido en España?, yo nací en Garafía, dicen que estoy en las Islas Canarias y desde mi niñez escuché que soy española, cada uno es de donde nació y si usted no quiere ser de ahí, marche a otro país”. Contesta, considero, con contundencia, porque sabe lo que es un proceso separatista; tres de sus hermanos participaron en la Guerra Civil en una época en la que vivir en Garafía era vivir aislado del resto del mundo.

Además, me dice, que desde su perspectiva y experiencia la isla ha empeorado con el paso de los años; y su respuesta vuelve a dejarme sin palabras “considero, empieza, que la isla ha ido a peor porque el pueblo de Garafía antes de yo nacer y muchos años después, alimentaba a toda la isla y hoy no da nada. El campo es duro, pero si no produce, la capital lo pasa mal y se está pasando mal”. Y desde luego, razón no le falta. Los jóvenes hemos abandonado la dureza del campo por la comodidad que ofrece un horario en la ciudad; me dice que consejos a los jóvenes para que vuelvan al campo no me va a dar, pero que mientras ella pueda seguirá haciendo lo que hace ahora, trabajar sus queridas tierras del pueblo que la vio nacer.

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Canarias · Entrevistas · La Palma

Comments to Marta Candelario: “Mi vida es el campo en Garafía”

  • Marta, de la familia, todo un ejemplo a seguir, tanto ella como mi abuela tila candelario. Dos mujeres de campo muy fuertes y trabajadoras!

    naroa candelatio Rodríguez septiembre 29, 2015 11:37 am Responder

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