Sep 13, 2015
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La última artesana del telar

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Foto Doña Rosario-8No recuerda a qué edad se acercó por primera vez a un telar, pero lo cierto es que lleva unos 60 años, o, lo que es lo mismo toda una vida trabajando en ellos. Rosario Álvarez Lorenzo es a sus 79 años, la única trapera que, en la isla de La Palma, continúa tejiendo “ya van quedando pocas, dice, había una chica de Barlovento que empezó a ir por las Ferias, pero lo dejó; este oficio no es muy rentable, así que sí se podría decir que soy de las últimas “.

Rosario nos recibe en su taller, junto a su casa. Sentada al lado de su telar. Una pieza de museo, diría, que heredó de su madre, “tiene más años que yo, que ya es decir, bromea, lo he sacado en pocas ocasiones a Ferias una en el Paso, otra en Los Llanos y en una Bajada en S/C de La Palma. Es muy pesado, pero me gusta trabajar más en éste que en el nuevo porque tiene otro peso, otra forma”. Y yo, incluso, me atrevería a decir que prefiere trabajar en este telar porque fue en el que aprendió viendo las labores que, con calma y paciencia, tejía su madre “cuando era pequeña mi misión en casa no era el telar, yo hacía frivolité; pero mi madre enfermó y el médico le mandó reposo; mi madre tenía entonces sin terminar en el telar una manta que mi hermana recién casada quería llevarse a Venezuela, así que empecé a dar pedal y a tejer y terminé la manta”. Un estilo de artesanía que aprendió poco a poco tan sólo observando lo que su madre hacía mientras disfrutó de buena salud; algo de lo que se siente profundamente orgullosa “la satisfacción que tengo es que no he ido a ningún curso a que me enseñen nada, todo lo he aprendido sobre la marcha; cuando mi madre empeoró y no podía urdir, empecé también a hacer esa parte, cuando definitivamente dejó de tejer, yo, ya empecé de forma más continuada a tejer y ella rellenaba la cañuela y así fui aprendiendo; observando todo lo que mi madre hacía recogí los frutos del telar”.

De esta manera tan sencilla, por ayudar a la familia fue como se inició la andadura de esta mujer recia en el telar. Rosario habla con suma naturalidad de una forma de artesanía que hoy la mayoría de la población desconoce y que de no ser por su dedicación desaparecería de manera irremediable “antes, me explica, en la mayoría de las casa había un telar, porque era la única forma de vestir; imagínate de un grano de linaza salía toda la ropa que nos poníamos, y, en el telar también se hacían los costales para traer las papas del monte; era importante tener un telar en casa”.

Rosario es una mujer inquieta; acude sin problemas allí donde se lo piden .Me cuenta que la primera vez que mostró en público su forma de trabajar el telar, lo hizo en su Breña Baja querida “me acuerdo que vino el concejal del Ayuntamiento, él vino a tocar en la puerta de mi casa y me pidió que participara en una pequeña muestra; así que empaqueté el telar y lo hice”. A partir de ese momento no ha habido Feria en la que no haya participado. Ha estado presente en todas las muestras organizadas por el Cabildo Insular, incluida la XXVIII Edición celebrada en S/C de La Palma con motivo de la Bajada de La Virgen. Pero la isla se le ha quedado pequeña, su telar ha recorrido todo el archipiélago canario y ciudades de la península “fui a la Feria en Segovia y me hicieron un reconocimiento por ser la artesana con más edad que se encontraba allí. Había gente de muchos países. Los organizadores me llamaron “venga pacá y ¿para qué decía yo?”, una compañera me dio una toca y allí me dieron mi primer homenaje, a la artesana con mayor edad”. Porque curiosamente Rosario ha tenido muchos reconocimientos, ninguno en su tierra natal; el último en la feria de Pinolere celebrada entre los días 3 al 6 de Septiembre en el municipio tinerfeño de la Orotava. Pinolere en su Trigésima Edición homenajeaba a los 7 artesanos tradicionales con mayor trayectoria de cada isla. De La Palma, Rosario Álvarez quien casi no acude porque según el Cabildo Insular le faltaba puntuación “hay que fastidiarse, se queja, que me digan que a los 79 años no tengo puntuación habiendo ido a todas las Ferias que me han abierto sus puertas sin yo llamar a ellas”.

Es la única vez en toda esta charla en la que he atisbado una mínima decepción en la cara de Rosario que cambia cuando le pregunto por otra de sus grandes aficiones enseñar a los pequeños, no sólo como se teje en un telar sino las labores del campo. Por ejemplo, al colegio de San José acudió con sus cabras para mostrar de cerca a los niños como se ordeña “lo de las cabras me gusta; en casa siempre hubo animales: me gusta enseñar a los niños y que me reconozcan; me regocijo yo por dentro con que ellos se acuerden de mí”. Y seguro que muchos de ellos la recordarán con cariño porque es de esas mujeres que dejan huella cuando la conoces ya que se involucra en cuerpo y alma en todo lo que hace. Me cuenta que por un Día de Canarias, una amiga y ella bajaron su telar hasta la carretera “lo hicimos para que los niños vieran como se trabaja en un telar; fue divertido; luego lo empaquetamos de nuevo, y nos fuimos con el telar hasta el Instituto de las Breñas para hacer los mismo, toda una aventura”.

Porque iniciativa y ganas de aventura es de lo que Rosario anda sobrada; hacer senderismo es otra de sus pasiones. Es miembro honorífico, junto con dos compañeras más del Club de senderistas El Atajo “¿cómo sabes tú eso?, me pregunta; bueno nos llaman las chicas de oro, sonríe de nuevo. Camino, pero, ya voy diciendo las cosas como son. Si hay una caminata de 20 km eso ya no lo puedo hacer; la pena que me queda, me mira, es que la gente joven no pise más la isla”. Con su club ha recorrido las islas y ha hecho parte del Camino de Santiago. No se disfruta de la misma manera llegar hasta Roque faro en coche que salir desde el Roque de Los Muchachos con un pan y agua en la mochila. Me asegura que no sabría quedarse con un lugar porque todos le parecen especiales por el simple hecho de haber tenido la oportunidad de visitarlos “valoro cada rincón en el que he estado porque he podido disfrutar de lo que no tuve intención; el que de joven haya viajado tanto como yo ahora, cuando llegue a mi edad querrá estar acostado en la cama, digo yo“. Y lo que personalmente valoro de Rosario es que ha sido y continúa siendo una mujer emprendedora en una época de dificultades y que, además, nunca ha perdido la ilusión en todo aquello que hace; algo de lo que todos, deberíamos aprender.

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Entrevistas · La Palma

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