Sep 6, 2015
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Las obras del dramaturgo palmero Antonio Tabares se representan en Caracas, Sevilla, La Palma, Tenerife y Gran Canaria antes de Navidad

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“Esto lo vives como un regalo, que recibes sin saber por qué; ya que muchos lo buscan sin encontrarlo”. El carácter de Antonio Tabares, dramaturgo y periodista palmero de 42 años, se desprende perfectamente de la respuesta al preguntarle por su exitosa carrera como autor teatral. Su primera obra, La punta del iceberg, llevada a escena en 2014 por Sergi Belbel, en el teatro La Abadía de Madrid, ganó el Premio Tirso de Molina de Teatro y, además, fue finalista de los Premios Max de las Artes Escénicas a la mejor autoría teatral. Ahora se representa este mes de octubre en Caracas, donde impartirá un taller durante la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo, en Venezuela. También este octubre, los días 3 y 4 de octubre estrena El mar y las estrellas, compuesta por tres piezas, las otras dos escritas por José Padilla e Irma Correa, que 2RC Teatro representará primero en el Teatro Cuyás, de Las Palmas de Gran Canaria, y luego en salas de La Palma y Tenerife. Pero, además, este mes de diciembre, el reconocido director nacional Sergi Belbel vuelve a estrenar una obra de Antonio Tabares, Una hora en la vida de Stefan Zweig, esta vez en Sevilla. Y todo esto viviendo en La Palma, una isla en la que reconoce sentirse “muy a gusto”, en la que puede desarrollar su oficio de autor desde la humildad y el silencio, como es él, pero sin esconderse porque como sentencia: “Escribo porque me gusta, porque tengo una necesidad y no puedo dejar de hacerlo”.

El Mar y las Estrellas

Vivir en La Palma y tener el reconocimiento nacional como autor teatral convierte a Antonio Tabares en un privilegiado cuya obra La punta del iceberg pronto le dará también fama internacional, pues ya ha sido traducida al polaco, al rumano, al serbio y al italiano. También, Una hora en la vida de Stefan Zweig ha sido llevada a escena en gallego, al que fue traducida tras encontrar el director la edición escrita en una librería. Pero no solo la magia del espectáculo guía la pluma y la carrera de Tabares, sino que ahora de nuevo Sergi Belbel, escoge una creación suya, esta precisamente, para representarla en Sevilla en diciembre. Él se siente dramaturgo sobre todas las cosas, porque “he desarrollado una sensación especial con lo que veo y lo que oigo para escribir teatro”, explica. De hecho, este arte que escogió con el corazón le gusta porque “se trabaja en equipo y eso me encanta”. “Al poner en escena una obra”, anotaa, “da igual que seas actor de reparto, director o autor”. De ahí que rechazará participar en el guion de La punta del iceberg, que será adaptada al cine por el director tinerfeño David Cánovas. “El cine y el teatro son muy distintos, aunque ambos tengan diálogos, y yo prefiero disfrutarla como espectador”, apostilla. 

Este 3 y 4 de octubre otra pieza suya  formará parte de la obra El mar y las estrellas, escrita a tres bandas con José Padilla e Irma Correa. Esta producción de 2RC Teatro fue un encargo y señala que, aunque le gusta escribir para otros, “desde que soy padre he aprendido a decir que no, aunque si el proyecto me gusta mucho me implico totalmente”. Así sucedió con esta obra, en la que cada pieza cuenta la visita de un personaje reconocido a las Islas Canarias. José Padilla escribe sobre Agatha Christie y su estancia en Gran Canaria,  Irma Correa sobre Miguel de Unamuno y Fuerteventura y Antonio Tabares sobre la visita del ya anciano astronauta Neil Armstrong al Roque de los Muchachos, en La Palma, hace apenas cinco años. La obra estará primero en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria y, luego, en Tenerife y La Palma.

Y es que en su obra, Antonio Tabares no hace sino poner el acento sobre los temas, la mente y la creatividad de este artista palmero que comenzó escribiendo poemas “como todos a los dieciséis años”, reconoce sonriente, al que se le metió dentro muy pronto el arte dramático. Primero como actor y, luego, como autor, también para la compañía canaria Delirium Teatro, siempre plasmó por escrito los sueños que tenía al recibir toda esa energía que se respira desde el patio de butacas. De hecho, ahora repasa una de sus primeras obras escritas porque hay un director interesado en llevada a escena en 2016. “Es una obra con muchos personajes”, explica, “y trato de centrarme en la parte técnica” porque, como autor teatral, reconoce que la mente funciona de forma diferente cuando se escribe una historia para ser representada en un escenario. “El teatro”, señala, “tiene unas reglas y unos códigos estrictos que hay que conocer, aunque sea para romperlos. Es un trabajo de equipo que se hace en directo, no pueden haber fallos. Es el arte del actor por excelencia”, agrega.

Con un sentido del arte tan acentuado, Tabares, al ver su creación tomar vida, lo pasa “muy mal en la primera representación”, confiesa. Porque dado el grado de exposición que vive un autor al escribir de lo que siente y de lo que conoce, sumado a la implicación directa durante los ensayos con el director y los intérpretes, este “es un momento maravilloso y horrible”.

Sin embargo, a Antonio Tabares le compensa todo con el teatro. Es uno de esos autores que no puede evitar sentarse y contar lo que tiene en la cabeza y cómo siente respecto a lo que le rodea. Sus obras son eminentemente urbanas, ya que vivió ocho años en Madrid y al final, pese a lo que muchos puedan pensar, “los conflictos no son tan diferentes a los que suceden en La Palma”, explica. Además, no es una de esas personas dadas a las multitudes o a la pompa y boato que a veces gustan a los artistas. “Prefiero pasar desapercibido”, revela, algo imposible desde que ganó el Premio Tirso de Molina de Teatro con su obra La punta del iceberg, en 2011.

Así que el de Antonio Tabares es un sueño cumplido en La Palma y él será uno de los artistas palmeros que llevará a la isla por todo el mundo. La próxima cita con una obra teatral suya en octubre, en Gran Canaria y Caracas, y la siguiente en diciembre, en Sevilla, pero sigue escribiendo en su casa de La Palma. Aquí tiene su hogar y camina, como uno más, por la calle Real de Santa Cruz de La Palma, con la sonrisa puesta pero con la mirada atenta y perdida del autor que lleva dentro.

 

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Canarias · Entrevistas · La Palma

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