Jul 12, 2015
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“Claro que duele no haber recibido el Premio Canarias. Es como los Reyes Magos, si el regalo que más querías no está, será que no les dio la gana o que no existen”

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“Voy poniendo el café al fuego”. Con esta frase contestó la escritora, poeta y editora, Elsa López, a mi aviso por whatsapp de que ya iba llegando a su casa. Y no hay palabras que saquen más pronto una sonrisa a los amantes de reunirse para conversar, reir y arreglar, o desarreglar, el mundo. Y es que así es ella, abierta, libre y cercana; una de esas personas que, si te pierdes conocerlas, habrás perdido una mirada excepcional sobre la vida, sobre la familia, sobre la mujer y sobre la política. Aunque nace en Santa Isabel de Fernando Poó, Guinea Ecuatorial, ha vivido La Palma (Canarias) la gran parte de su vida, y continúa viajando allá donde la curiosidad, y las amistades o la familia la lleven. También es antropóloga, licenciada en Filosofía y ha recibido el Premio Internacional Ciudad de Melilla, el Premio Internacional de Poesía Rosa de Damasco y el Premio de Poesía José Hierro. De sus novelas, como Las brujas de isla del viento y de sus versos, porque después de muchos poemarios ahora publica semanalmente en un medio de comunicación y es la presidenta del jurado del VII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Santa Cruz de La Palma, de su dirección de la Fundación Antonio Gala, o su ejercicio como profesora de Literatura Española en Suiza, entre otras muchas cosas, puede entresacarse que es una mujer que ha buscado al ser humano, en lo más profundo y lo más sincero y, sin embargo, afirma rotunda que ahora es “más animal que nunca”. Así que al llegar a su hogar el aroma a café invade los sentidos, y a lo lejos, un piano serena el espíritu. “Siempre tengo esa música puesta”, se ríe mientas sirve ella para las dos.

P_Quería empezar por tu nominación al Premio Canarias por tu labor de escritora, editora, por impulsora de nuevos escritores. Es impresionante, ¿no te parece?

R_Sí, bueno, yo lo llevo, todo eso lo llevo con naturalidad porque es parte de mi misma y que te nominen me parece un exceso. Es algo añadido, como cuando tú haces un potaje con todo lo que lleva y a última hora dices: “Pues le voy a poner algo especial, le voy a meter comino”. Un premio para mí es como el comino de un potaje. Me hice ilusiones, siempre te las haces porque no es la primera vez que me nomina el Cabildo o el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma o alguna institución de la Isla, y de fuera de aquí; de hecho, hubo un año que me nominaron del Ateneo de Madrid. Luego no me lo dieron, no lo sé, será porque no me lo merecería. Los jurados son jurados y deciden quién es mejor y quién es peor, bueno, yo no creo que decidan eso, creo que cuando dejan de votar a alguien somos todos parecidos y tenemos los mismos méritos, si no no habría esa nominación. Luego, el jurado es muy particular y muy individual, y cada uno tiene sus amores y sus fobias pero hay algo que es indiscutible y yo lo reconozco y es que yo soy editora, que he editado a muchísimos canarios, que he hecho un esfuerzo porque la literatura canaria se conociera fuera del archipiélago…también es cierto que tengo méritos como investigadora, como antropóloga porque eso es una cosa objetiva y ahí no cabe duda. El problema es la cuestión literaria y habrá quien considere que soy una buena poeta y habrá quien considere que soy pésima. Nada de eso me preocupa ni me duele, pero un poco sí porque siempre que esperas un premio te haces ilusiones. Es como los Reyes Magos. Si el regalo que más querías no está a los pies de tus zapatos será que no les dio la gana o se equivocaron de camino o que no existen.

P_Sí, tal vez los Reyes Magos no existen pero a ti las personas te quieren mucho, te leen mucho y te siguen mucho.

R_Sí, ese es el premio. Cuando salió en la prensa que había sido nominada la gente me paraba por la calle para felicitarme, porque no habían entendido lo de la nominación. Me daban como premiada ya. Me paraban en la Recova, en la calle, la gente que yo amo y me daban besos y abrazos pues la barrendera que me quiere y me ve todos los días, porque el premio me lo ha dado la gente. Porque eso sí lo sé, que la gente me quiere, así como dudo de que me quieran las altas esferas políticas, sociales o culturales de estas tierras. El amor de la gente se nota en detalles, como que aparezca una mujer por aquí y traiga unas croquetas  para que yo las congele y tenga porque sabe que me va a venir gente en estas fiestas, que me venga con un ramo de flores la vecina de enfrente porque a veces, simplemente la invito a café, que una señora deje su casa y se va a Tenerife y me regale lo que más aprecia, que era un microondas para que yo lo pueda usar. Yo soy muy de la calle porque yo me crié en la calle, y son los detalles que más valoro.

P_Ahora que estamos en las fiestas de la Bajada de la Virgen, en las Fiestas Lustrales de 2015, querría que me comentaras una frase que te he oído sobre “la Bajada que a ti te gusta’. ¿Cuál es esa Bajada?

R_Sí. Yo no disfruto con toda la Bajada. Disfruto cuando baja por esa cuesta del Planto, me parece que es una expresión de popularidad de alegría y de fuerza muy grande. Eso lo primero, luego me gusta todo lo que hay en la calle: La Pandorga, los Mascarones…este año hubo una cosa magnífica que fue una cabalgata que anunciaba la Bajada de la Virgen, los acróbatas, toda esa expresión popular donde hay mucha gente implicada como La danza infantil coreada, que este año era preciosa y que impactó, como lo hizo la cabalgata. A mí esa es la Bajada que más que llega, las otras actividades que hay, aunque sean más esplendorosas y sean un lujo para la ciudad tener esas manifestaciones de arte pero la calle es la fuerza de la gente para mí y yo he visto este año, como en cada Bajada, a la gente emocionarse cuando pasan la Virgen, los Mascarones, sus propios hijos haciendo los acróbatas, a los niños chiquititos acompañados de sus padres y de sus madres en La Pandorga…

P_Ahora que hablas de los niños y sus madres. Tú vas a participar estos días en el rodaje en La Palma de la película sobre El alma de Tacande con tu hija Alba Cabrera, que es actriz. Tienes que contarnos esa experiencia porque no es habitual en el cine.

R_Sí, y además hago también de madre en la ficción de mi hija y el personaje me encanta, estoy como una cría porque soy una especie de Bernarda Alba. Además, es una leyenda que me entusiama, todas pero esta muchísimo. Han rodado la parte de la Inquisición en la península y ahora ya estamos ensayando en La Palma y empezaremos estos días el rodaje. Y es una experiencia especial porque vendí mi alma al diablo porque, ¿a ver qué hago yo en una película? De joven trabajé en dos o tres escenas, nunca como protagonista de nada pero siempre mis amigos del cine y del teatro me reclamaban para sus obras para llenar hueco, para un personaje de última hora…y en Nueve cartas a Berta, de Basilio Martín Patino, me pidió que saliera en un papel, de gente revolucionaria, siempre me cogen para papeles de Agustina de Aragón (se ríe), y tengo la experiencia de una película de la Escuela de Cine, El príncipe y la huerfanita, con Pedro Costa. Que luego esa película, para regocijo de mis hijos y alumnos, se ha puesto en muchos sitios para que se rían un poco de mí porque aunque es un melodrama tiene un tono de broma que a mí me va muy bien, por mi carácter porque me encanta la ironía y el humor y al mismo tiempo personalmente soy muy melodramática. Y en El alma de Tacande la película transcurre en dos tiempos. Uno es moderno, con unos personajes que vienen a La Palma y van a ver esa casa y, el otro tiempo, con lo que ocurrió en el siglo XVII que hay una muerte y hay un alma en esa casa que se aparece a determinados miembros de esa familia e interviene la Iglesia, porque piensan que eso es una posesión, sobre todo porque en aquella época de movimiento luterano, la historia de que haya un alma penando en el Purgatorio le conviene a la primera. Ese mundo intermedio en el que está esa alma, ni en el Cielo ni en el Infierno, que niega el Luteranismo y que ocurre en La Palma, hace que Obispos, frailes y demás jerarquías eclesiásticas intervengan para ver qué pasa. Yo pertenezco al siglo XVII, soy la madre de esa familia y me gusta mucho ese personaje, me gusta mucho la idea de La Palma, de la zona rural, de la mujer dura, acostumbrada a la lucha y a mantener a los hijos. Con un esposo más duro todavía, un hombre rudo, unos hijos temerosos y con un alma que está en tu casa. Yo no la veo, otros personajes sí pero como toda mujer, tengo la intuición de que algo está sucediendo.

P_ La nueva Ley Orgánica de seguridad ciudadana, conocida como “Ley mordaza”, y dos reformas del Código Penal que, en esencia, restringen mucho lo que se puede y no se puede hacer en Internet, ¿cómo se la explicarías a las personas de a pie, a la gente de la calle?

R_La sociedad a veces vive ignorando lo que sucede alrededor. O bien porque no quieren saber nada, o bien porque saben demasiado y tienen miedo. Y esta es una ley que nos afecta absolutamente a todos los ciudadanos del mundo desde el momento en el que te ponen una mordaza para que no hables, para que no digas, para que no pienses, porque en el fondo, si no puedes decir lo que tienes dentro el pensamiento se va borrando de la Tierra. En ese momento, los ciudadanos tienen que darse cuenta de que están haciendo algo terrible con su libertad; les están atando los pies y las manos, no solamente la boca porque aunque parezca una tontería y es algo muy simple porque son cuatro puntos como que no se puede hablar mal de la Corona, no se puede hablar mal de no sé quién, etc, pero han elegido puntos claves, puntos claves de los que no se puede hablar en este país y que se estaba haciendo; por ejemplo había un movimiento muy feroz a favor de que vuelva la República. Tienen miedo a que la gente siga colgando en la red lo que ganan o dejan de ganar los políticos y qué hacen, pues prohibido hacer algo que se estaba haciendo que es gritarle a la gente a la cara que están robando y, en el fondo, lo que están haciendo es impedir que hagan una crítica de todo lo que nos rodea y luego yo que escribo semanalmente en un periódico no puedo opìnar sobre determinadas cosas. Entonces uno dice, ¿por qué yo no puedo opinar? ¿Por qué yo no puedo decir lo que a mí me parece mal, entonces yo no entiendo nada. Bueno, sí, entiendo que hacen lo único que pueden hacer para que no digamos en este momento lo que queremos decir: amordazarnos. “Ley Mordaza” lo que consigue es que yo, por ejemplo, he escrito un artículo sobre una persona determinada y me llevan a juicio por hablar mal de una periodista.

P_En los últimos años, muchas personas de entre 20 y 40 años, por poner una franja de edad, han tenido que marcharse, de La Palma, de Canarias y de España. Dicen que es por la crisis económica, porque no hay trabajo…Tú que has estado fuera de La Palma y que has visto tantas cosas, ¿qué opinas de esta emigración porque justo son las personas más frágiles pero las que tienen más fuerza para crear?

R_ Sí, son las más frágiles en su alma, porque eso es un dolor, pero al mismo tiempo están creando y esa creación nos la vamos a perder. Yo estuve en Berlín hace un año, presentando un libro, y había una muchacha de La Palma que me dio una tristeza verla allí. Y me dije, le está dando a Alemania su alegría, su empuje, su creatividad; pudiendo darlo en las Islas, porque aquí no tenía trabajo. Y es un ejemplo de alguien que yo vi entre el público, y como ella cientos, miles de palmeros que están fuera. Ahora me los encuentro por la calle con la Bajada, alegres, felices, porque son fiestas y vuelven pero lo triste es que tienen que volver a marcharse. Porque venir a La Palma en este momento requiere un esfuerzo mental, una alegría de vida de decir: “No, yo vuelvo a La Palma, me da igual, aunque sea para trabajar en el campo. No voy a dejar mi isla”. Y es que aquí está disminuyendo la población pero no ya porque se vayan los jóvenes, también se van los adultos; no quieren vivir aquí. ¿Y qué va a pasar? Pues que se va a convertir la isla en una isla de jubilados. Y yo necesito la vitalidad de la gente joven, pero claro, tienen que buscarse la vida fuera y ¿qué ocurre? Qué cuando sean grandes y famosos ya no serán de La Palma, serán de ese lugar donde los ayudan.

P_Y ya para terminar, como escritora y como persona, ¿qué haces cuando pierdes la inspiración para la literatura, para la poesía, para la vida?

R_No, eso no es cierto. La inspiración no se pierde. En cualquier momento te surge del día, de la noche. El ánimo es lo que te hace que esa inspiración que tienes, que esos versos que te llegan, que ese texto que se te aparece delante de ti escrito, como si lo hubieras escrito tú ya no se sientas con voluntad y disciplina a trabajarlo. Pero la inspiración no se va porque la vida te rodea y si eres observadora, si eres sensible, si intuyes cosas, la vida te está dando constantemente señales. Es decir, yo voy a la Recova a comprar tomates y yo veo el tomate, ¡y que yo puedo hacer un poema al tomate! El problema es que luego llego a casa y el calor, la tristeza o el malestar por las razones que sean me impiden sentarme para reproducir lo que me ha venido a la cabeza. Y te puede ocurrir un día, dos, tres, semanas y hay a quién le ocurre durante años. Arrinconarse dentro de sí misma y decir, no puedo, no puedo. Y yo he luchado toda mi vida contra eso, a quedarme en la cama para no ver a nadie y no saber nada del mundo. Pero hay una fuerza que me da que me dice: “No Elsa, te levantas y te tiras a la calle, o te poner las zapatillas y le das de comer a los perros”. Esa misma fuerza de voluntad me impulsa a sentarme, a tomar un café y sentarme a escribir.

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