Jul 1, 2015
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Misticismo y Geodiversidad en la isla de El Hierro

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Existe la rara y atractiva sensación de que en la mágica isla de El Hierro las cosas no ocurren por una u otra razón, tan solo fluyen, surgen, aparecen. Un lugar en el que todo parece un caprichoso –y precioso- juego del Señor Destino, donde el hombre no puede hacer otra cosa que mirar.
Mirar con respeto y sentirse pequeño ante la naturaleza puede resultar un ejercicio muy sano. Volver a la esencia de lo que hoy se sigue conociendo como el planeta ‘Tierra’ pero que cada vez tiene menos de la misma, convertida por el hombre a su antojo. La historia nos ha enseñado que el hombre ni debe ni puede luchar contra las fuerzas naturales, una norma intrínseca que hace mucho que aprendieron en la isla de los bambiches. (bimbaches)
Desde que en el siglo II de nuestra era Ptolomeo consideró El Hierro como meridiano cero estableciendo el fin del mundo antiguo conocido en el Faro de Orchilla, ‘Hero’ o ‘Essero’ – como así era designada en el antiguo lenguaje del archipiélago canario- no ha dejado nunca de rodearse de un aura de misticismo y encanto que la hace tan especial.
Su particular historia y el ser un punto clave en viajes transoceánicos la ha ayudado a dotarse de sensaciones especiales y de significaciones culturales. Estas últimas las ejemplifica mejor que nadie los primeros aborígenes que poblaron la isla hace siglos. Entroncados cultural y genéticamente con los bereberes del norte de África, los Bimbaches era el poblado aborigen que habitaba El Hierro antes de la invasión castellana.
Algo de los bimbaches ha quedado para siempre en el ambiente que rodea a la isla. Hoy en día, podemos aún observar vestigios de otra época, en la que los ‘whatsapps’ se escribían en forma de petroglifos, los que reciben a uno de(en) los yacimientos más extensos y relevantes de las Canarias: los letreros de El Julan. Y es que ellos, los bambiches(bimbaches), ya entendieron mejor que nadie la norma principal: adaptarse rápido a la naturaleza antes de que se ponga muy furiosa contigo. Y adaptarse a un lugar con tanta geodiversidad no es fácil, así que tuvieron que aprender a refugiarse en las sabinas moldeadas al gusto del caprichoso viento, a trabajar las volcánicas piedras de la isla y a sortear sus inmensos y preciosos acantilados.
El Hierro, rica en variedades de materiales, formas y procesos que dan forma a su terreno, es una isla relativamente joven, algo que ha ayudado en gran manera a conservar toda esa pureza y misticismo de antaño. Algo que, sin duda, debemos seguir conservando, respetando y protegiendo. Y es que El Hierro es, en proporción a su tamaño, la isla con mayor superficie protegida de todo el archipiélago (un 58% del total de su territorio).
Nada ejemplifica mejor el misticismo y la geodiversidad de la isla que su endémico lagarto gigante y el árbol Gaoré,(Garoé )rodeado de un romanticismo sempiterno. El Hierro, una isla pequeña, bastante desconocida pero con muchas cosas que ofrecer y sensaciones que transmitir. Un lugar para ser visitado, por lo menos, una vez en la vida.

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