Feb 18, 2015
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¿Es Podemos el nuevo PSOE?

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En los últimos meses, en los últimos años, estamos siendo espectadores de la caída en desgracia y el suicidio asistido del Partido Socialista Obrero Español, algo que es difícilmente discutible y quedará comprobado tras las elecciones de este año. Todo empezó, quizá, cuando Zapatero se plegó a los designios de la troika y cambió el artículo 135 de la Constitución de la mano del PP, en verano del 2011, con agosticidad y premeditación y sin contar con los ciudadanos, para cumplir con las directrices que marcaban los macropoderes económicos. Después de eso, la gente empezó a preguntarse qué diferenciaba a PP y a PSOE, sobre todo en materia económica, en mucho de lo verdaderamente importante, y fue calando la idea de un PSOE sin identidad, un partido fantasma, mentiroso, una copia suavizada de los populares. Luego vinieron mil casos de corrupción, gestoras, tránsfugas, imputados y más imputados, alcaldes y dirigentes tan caciques como el más rancio de los señoritos y una última intentona de reinvención que se queda en mero márketing, para acabar eligiendo como Secretario General al señor Pdro Snchz -esta es su marca en Twitter, de risa-, más por su cara bonita y por su continuismo que por otra cosa, frente a sectores verdaderamente renovadores que se postulaban.

Entonces, los de arriba que todo esto lo ven muy bien, empiezan a ver que su fórmula perfecta de la alternancia programada derecha-izquierda en el poder para que todo siga más o menos igual podría tener problemas de continuidad si el PSOE se convierte en poco menos que residual, y pasar así a un peligroso escenario con un batiburrillo ingobernable de partidos alternativos, o aún peor, a la canalización del descontento popular por otras vías menos pacíficas y controladas. Atendiendo a la teoría clásica de la alternancia política, se busca pues, se necesita conformar otro par de opuestos, el bueno y el malo, el norte y el sur, el blanco y el negro, siempre preferibles a una gama variada de colores indefinibles, y es ahí cuando empieza a sonar machaconamente el señor Pablo Iglesias en varias televisiones del sistema, a lo que sobra que diga nada más porque la historia es ya bien sabida.

En este punto, a febrero de 2015 unas encuestas sitúan primero en intención de voto a Podemos, otras mantienen todavía al PP en ese lugar, pero todas colocan ya al PSOE como un partido en caída libre, sin contabilizar el remate final que ha supuesto el asunto de Tomas Gómez en Madrid o las imputaciones de Griñán y Chaves en Andalucía.
El PSOE se ha hecho el harakiri, ya sólo falta una cosa: que Podemos se vaya amoldando a lo que prefieren los de arriba sin perder del todo sus aires de revolucionarios chachis, pareciendo una cosa nueva y distinta sin molestar demasiado ni cambiar demasiado las cosas. Los recientes postulados y movimientos de Podemos en España y en sus distintas plazas no hacen más que corroborar esta tendencia.
En lo que se refiere al programa, sin restar mérito y valía a la parte del mismo que apunta al saneamiento democrático, al control de lo político, a la transparencia y a la lucha contra la corrupción, lo cierto es que muchas de las revolucionarias propuestas que les valieron 5 escaños en las Europeas se van descafeinando con el paso de los meses, quedando en ideas ya antiguas de la izquierda trasnochada o en declaraciones de intención que están por ver si se verán algún día. La cuestión de la pobreza, la que más me importa a mí por ejemplo, no hay demasiado tajo a los ricos, y la Renta Básica Universal ya no es tan universal, es una especie de subsidio ampliado para los que no cobran nada.

En cuanto a la construcción del organigrama del partido, para empezar se descarta entrar en la batalla de las Elecciones Municipales, donde habría que pasar a un cuerpo a cuerpo de pequeña política poco controlable por los de la central madrileña. Apoyar candidaturas y opciones ya existentes es la consigna, evitando así construir de abajo hacia arriba, como sería más lógico en un movimiento que pretende ser una cosa nueva y distinta, optando por elegir primero a la cúpula -y construir de arriba hacia abajo-, donde se impone la facción liderada por la megaestrella mediática el señor Pablo Iglesias. Seguidamente, en las elecciones internas a Secretarías Generales en las Comunidades Autónomas, bien se cuidan de apoyar con su «Claro que Podemos» a gente ya contrastada y fiable, para ellos, más bien dóciles y no precisamente antisistemas, que acaban ganando en la mayoría de plazas autonómicas, quitándose de en medio a los demasiado «radicales» de Izquierda Anticapitalista que empezaron con ellos esta movida y otros grupos de similar corte, y también de paso a las gentes de buena voluntad que se acercaron con nobles intenciones y ninguna adscripción anterior a ningún partido, que nunca se sabe por dónde van a salir.
Digno de destacar por lo lamentable, lo que ha ocurrido en la tierra en la que yo vivo, la que a mí me duele más, las Islas Canarias: machetazos a diestro y siniestro, dobles militancias e invasiones en masa, para acabar llenando los órganos de gobierno de gente de la vieja política.

En otros asuntos espinosos, las tensiones independentistas por ejemplo, muchos guiños y palabras bien sonantes, y un indefinido y poco realizable «derecho a decidir» dentro de la Constitución. Para acabar con lo que leo hoy mismo en la prensa patria, donde se nos cuenta que el señor Pablo Iglesias acaba de dar un discurso en Nueva York que es interrumpido varias veces por aplausos, y en el que usa nada menos que cinco veces la palabra «patria» para referirse a España, mitigando así algunas críticas que lo acusaban de ser algo antiespañol en sus discursos.

Y hasta aquí llega mi reflexión, nada nuevo que no hayan visto otros ya antes. Esta por ver si se cumple lo que parece, aunque esta vez bien me gustaría estar equivocado y que fuera este Podemos en verdad algo realmente bueno para los españoles. En cualquier caso, siempre mejor una alternancia que un rodillo eterno del PP. Mucho más escéptico eso sí en lo que se refiere a Canarias. Aquí no valen los sucursalismos, el problema es de otra índole, mucho más profundo, y pocos son los que parecen verlo, por desgracia.

Eloy Cuadra

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Canarias · La Palma · Lanzarote · Opinión

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