May 26, 2014
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Fernández: “Lo que empezó como un juego acabó en forma de libro”

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libro-2 (1)Antonio Fernández, coautor junto a Mirtea Fernández, del recién publicado libro La Bruma del Roque, editado gracias al apoyo de la Consejería de Cultura del Cabildo de La Gomera, sobre la vida del médico y político gomero, Eustaquio García Y González destacó el pasado miércoles 21 de mayo en la presentación de la obra que «lo que empezó casi que como un mero juego acabó finalmente en forma de libro». El autor quiso así destacar la importancia de desempolvar la figura de este polifacético e intelectual gomero, que probablemente, como muchos otros ilustres canarios, pasaría definitivamente al olvido si no hubiese sido por la cuantiosa memoria y el recuerdo de personas como Mirtea Fernández, coautora del libro.

Los dos investigadores se mostraron muy felices en el Real Casino de Tenerife por ver como el arduo trabajo realizado a lo largo de los últimos cuatro años culminaba con la publicación y presentación de un libro que «inmortalizase la vida de Eustaquio García, médico y destacado político gomero». De esta manera, Fernández, además, quiso desvelar dos de las interrogantes que más se le han cuestionado acerca de este trabajo, como el por qué de su sociedad con Mirtea o su interés por la figura de Eustaquio.

Primeramente quiso dejar claro que, pese a la coincidencia en el apellido no tiene parentesco alguno con su compañera, independientemente de la ascendencia gomera de ambos, en el caso de Antonio, una de sus bisabuelas, Hortensia Fariña, procedía de Vallehermoso, localidad en la que también nació la propia Mirtea. El estudioso también quiso dejar claro que los cinco años que pasó ejerciendo la docencia en San Sebastián, así como el nacimiento de su hija, también le han creado un especial vínculo con la Isla, «allí dio sus primeros pasitos y pronunció sus primeras palabras, por lo que fueron cinco años bastante buenos».

Seguidamente expuso las circunstancias que le condujeron a Mirtea, propiciadas principalmente por un familiar residente en Santa Úrsula, que ávida por conocer parte de sus orígenes se desplazó hasta Vallehermoso con el ánimo de recabar algún dato sobre sus raíces, «una vez en el municipio se dedicó a preguntarle a todo el mundo si sabían o conocían algo sobre el pasado de mi bisabuela, pero todo resultó infructuoso, puesto que no se topó con nadie que pudiese darle alguna indicación», señaló. Pero cuando todo parecía ya abocado al fracaso y cuando se proponía abandonar Vallehermoso, justo en el último instante, «se encontraron con Mirtea, y al preguntarle por una tal Hortensia Fariña, sorprendentemente, sabía algo sobre esta mujer y, por supuesto, les proporcionó toda una serie de datos que dieron origen a la investigación», agregó.

Con estos pequeños pero valiosos retazos regresó a Tenerife este familiar que, posteriormente le transmitió al padre del autor parte de sus hallazgos, así como también el nombre de la valiosa fuente, Mirtea Fernández, de la misma manera, y dada la gran afición del autor tanto a la Historia como a la Genealogía, su progenitor también le hizo saber una buena parte de estas revelaciones sobre sus orígenes familiares. Indudablemente, el autor rápidamente contactó con Mirtea para tratar de contextualizar la información desvelada sobre este familiar, relación que, poco a poco, se fue ensanchando, máxime al compartir ambos una misma afición en común, como es la Historia.

Para Antonio, su compañera es como una auténtica wikipedia familiar, es decir, una enciclopedia libre, «puesto que no sólo es capaz de conocer cualquier dato sobre alguno de nuestros parientes, sino que también nos proporciona la suficiente información de los mismos como para saber parte de nuestros orígenes, y lo mejor de todo, nos lo narra o novela como si de un cuento se tratase», indicó. Desde ese momento ambos autores comenzaron a intercambiar datos sobre la figura de la bisabuela Hortensia Fariña,» y sin saber por qué, en un determinado momento se cruzó en la conversación la figura de un tal Eustaquio, puesto que tiene cierta relación familiar con Mirtea. No obstante, pese a saber que había sido una persona de cierta relevancia, prácticamente no sabía nada sobre su vida, puesto que no tenía información».

Este nombre, por supuesto que agitó la inquieta mente del autor, que con lo poco que sabía, que era doctor en Medicina, que había vivido en Santa Cruz de Tenerife, concretamente en la Calle El Norte, y que se había ido para Madrid, no dudo de hacer una pequeña búsqueda en Internet, por lo que, lo ya clásico que se suele hacer en este tipo de situaciones, «se busca en Google el nombre de nuestro personaje, Eustaquio García González, pero apenas había referencias, muy poca cosa, algún que otro pequeño dato, pero de repente, su nombre aparece impreso en una de las memorias de la antigua Caja de Ahorros, concretamente en el apartado dedicado a los fundadores de la misma, en el que, además, se les hacía una mención de honor, y entre los catorce fundadores se encontraba Eustaquio García».

«Éste último dato me despierta un poco más la curiosidad, y se lo comento a Mirtea, y a partir de esos momentos, conjuntamente, comenzamos a investigar en diferentes archivos, en Barcelona, en Madrid, en Andalucía, en La Palma, en La Gomera, en Tenerife, así como también en diferentes hemerotecas», consiguientemente una vez recababa toda esta información se engarzan todos estos datos, como si de un auténtico puzle se tratase, y se encajan las piezas que más tarde permiten seguir el hilo conductor de una fructífera investigación. También el autor quiso concluir su participación con los consabidos agradecimientos, entro lo que quiso reconocer la labor de Carlos, la del casi centenar de personas presentes, así como también quiso dedicar un recuerdo especial para «mi tío José Manuel, que está en México, poeta y para mi tía Carmen que unos problemas de salud no le han permitido estar aquí”.

A continuación tomó la palabra la coautora del libro, Mirtea Fernández, que primeramente quiso elogiar las bellezas del pueblo que la vio nacer allá por finales de la década de los treinta del pasado siglo, Vallehermoso, y más concretamente «los imponentes riscos que lo rodean y que, por consiguiente, supeditan la vida de quienes vivimos allí» También quiso desvelar las enormes dificultades de su infancia, debido tanto a las grandes precariedades económicas como a las incomunicaciones que dificultaban la convivencia, aunque ya a principios de los años cuarenta de este pasado siglo, con su padre ejerciendo las labores de alcalde, «el pueblo dejó de estar incomunicado al concluir los trabajos de la carretera, permitiendo así la llegada de los primeros coches y camiones».

La autora recuerda perfectamente «la apoteósica fiesta que se celebró para festejar la llegada de la carretera, con la participación del Gobernador y del Obispo, asistiendo prácticamente todos los coches que había en la zona norte de La Gomera, aproximadamente una veintena, una auténtica locura, la gente ante tal desconcierto no hacía más que llorar», recordó con nostalgia la autora. Pero la investigadora no se limitó únicamente a desvelar este tipo de datos sino también, sobre el libro quiso dejar claro que «todo es verídico, auténtico, La Gomera era tal y como se refleja, no había más que miseria, salvo para unos cuantos ricos que, además, eran los que mandaban, algunos en mi propia familia», señaló. Previamente a la intervención de los autores del libro, el profesor del Departamento de Historia del Arte, de la Universidad de La Laguna, Carlos Castro Brunetto, presentó la obra en la que quiso destacar principalmente «la nueva imagen que de La Gomera se transmite, puesto que retrata maravillosamente a la Isla, haciéndole además justicia a la cultura gomera».

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La Gomera

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