May 18, 2014
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El efecto terapéutico del silencio

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inocenciaVivimos en un mundo lleno de ruidos. Tanto internos como externos.

Ruidos externos como la radio, la televisión, la música como fondo, las palabras innecesarias.

No hablo de cada uno de estos estímulos como malos en sí mismos, sino por el automatismo y la inconsciencia con que se usan.

Hay personas que no soportan estar en silencio, las deprime, les causa ansiedad, piensan demasiado (en cosas en las que no quieren pensar).

Sin embargo el silencio invita al sosiego, la tranquilidad, la reflexión, el contacto con uno mismo y con lo que nos rodea.

Si a lo largo del día, la persona no goza de varios momentos de silencio, vive alienada, desconectada de sí misma, vive de forma automática e inconsciente.

Se puede estar en silencio tanto solo como acompañado. Esto no quita valor a la palabra, escuchar música, ver una película…

Hablo de hacer esas cosas conscientemente, no de forma automática, inconsciente, a todas horas.

Y es que el tener ruido constantemente, aturde, hipnotiza, crea adicción.

Los seres humanos nacimos para ser libres, conscientes, no para vegetar y vivir de modo automático sin tener en cuenta

nuestras verdaderas necesidades.

Al igual que una planta necesita una serie de condiciones para crecer y dar su fruto (agua, tierra, abono, sol…), las personas necesitamos de una serie de condiciones para vivir de forma autoconsciente y plena.

En el silencio, nos tranquilizamos, recargamos las pilas, descansamos del ajetreo cotidiano, reflexionamos sobre nosotros y nuestra vida, tomamos decisiones.

Todo esto no es posible en un mundo lleno de ruidos que impiden pensar, sentir, averiguar qué es lo que queremos.

Hasta ahora he hablado del silencio externo. También es necesario tener momentos de silencio interior. Con ello me

refiero a crear espacio entre los pensamientos, ralentizarlos, estar en el presente, atender a lo que nos ocurre aquí y ahora.

Para ello es necesario recurrir a métodos que nos ayuden a realizar esto. Por ejemplo, observar la naturaleza, sentir nuestro cuerpo, meditar, hacer yoga, taichí…

Con todo esto, disminuyendo el ruido externo, siendo más conscientes de él y creando espacios de silencio en nuestro

interior, lograremos ser personas más equilibradas, despiertas y autoorientadas. Con ello, también se desarrolla la creatividad, la constancia, la paciencia y la atención.

Eso sí, requiere decisión y recurrir a algún método que te oriente.

La meditación, por ejemplo, ha sido experimentada y estudiada desde hace miles de años. Y ahora, la ciencia empieza a validarla como buen método terapéutico para aumentar la paz interior y el equilibrio.

Inocencia Castellano Herrera

Psicóloga-psicoterapeuta

S/C de la Palma

Tfno.: 922416896

inocaster@gmail.com

elblogdeinocencia.com

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Artículos · Psicología

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