Mar 10, 2014
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Manolita Chen se mueve

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Por fin los integrantes de La Gomera Se Mueve (LGSM) han dado el trascendental paso que dista entre ser un personaje de cómic y tener existencia real. No se trata de computadoras de última generación capaces de ejecutar maestros jaquemates, ni seudónimos tras los cuales se esconde un equipo multidisciplinar expertos en todo y en nada. No, tal y como sospechábamos los personajes de LGSM, algunos de los cuales aparecen recovertidos en aspirantes a políticos integrados en Sí se puede, sólo son expertos en el insulto y en el resentimiento. En jugar con los dobles sentidos hasta el punto de situarse en el lugar exacto en el que se encuentran: la pérdida absoluta de respeto hacia ellos mismos y como consecuencia hacia los demás.

LGSM hace tiempo que se quedaron petrificados. Exactamente en el verano de 2012 cuando la Isla por desgracia fue presa de las llamas. Una tragedia que ocurre en miles de sitios cada año y que debía habernos servido para extraer lecciones y sacar lo mejor de nosotros mismos. Por el contrario a lo que dio lugar fue a movimiento social frustrante pese a que al principio tuvo cierta credibilidad precisamente por el momento en el que surgió. En aquel entonces personajes que durante un tiempo parecían irreales como Pedro Rodríguez se declararon apolíticos, lo que seguramente aumentó en algo su crédito. No querían saber nada de partidos y su desinterés sólo podía ser comparable al de un Moisés llevando al pueblo a través de las aguas.

Bajo esta bandera apolítica y apocalíptica convocaron una manifestación que tuvo éxito precisamente porque apeló a lo que más nos toca la fibra sensible a los gomeros: nuestra Isla. La gente creyó que aquellos jóvenes sólo funcionaban por alturismo, por amor a la tierra y sin ningún protagonismo personal. Leche machanga. El tiempo ha cumplido los peores de los presagios. Detrás de estos activistas con más cara que un saco de sellos sólo se encontraban personajillos con una indisimulada ambición por pillar poder al precio que sea. Inclúyase el insulto, faltas de respeto, la manipulación y el engaño como bandera.

La constitución como partido político es una estupenda noticia. Pese a ser sábado de piñata y por lo tanto entrar en lo posible que llevaran caretas, en principio parece que ya tienen forma real los que un día sí y otro también se han dedicado a jugar con la vida, honradez e integridad de los demás. Supongo que a partir de ahora se les acabará el ingenio y se cuidarán muy mucho de dosificar su ironía. Forman parte de un proyecto político y se les atribuye cierta seriedad. Aunque en su caso es la segunda vez que se les presupone algo inexistente. Hasta ahora sus columnas tenían dos versiones. La moderada que repartían a los periódicos regionales y la disparatada para consumo interno. Mucha paciencia han demostrado algunos de los que han sido objeto de sus críticas por no haberlos llevado ya a los tribunales. Alguna de sus últimas columnas con alusiones personales o incluso contra los hippies de Valle Gran Rey les han quitado definitivamente la careta y demostrado que merecen el mismo respeto que dan: exactamente ninguno. Estos presuntos políticos se han metido tanto en su personaje que como una vedette en prematura decadencia ya no saben qué hacer para mantener funcionando el teatro en la mejor tradición de Manolita Chen.

Ssp en Tenerife se ha ganado fama de ser el sector ecologista de Coalición Canaria (CC). Sacan la patita pero no muerden, enseñan el colmillo hasta que el dueño les llama al orden. Aún así da pena ver a Pedro Arcila sentado al lado de estos personajes de guiñol. Hasta ahora creíamos que se trataba de un buen abogado, serio y la prueba es que jamás ha entrado en cuestiones personales a la hora de criticar enemigos mucho más tremebundos que los que dicen haber encontrado aquí en La Gomera. Pero la constitución de estos personajes en partido político tiene su lado positivo: primero porque ahora se verá cuál es el verdadero apoyo electoral con el que cuentan. Y segundo porque por fin hemos descubierto el rostro de quienes se escondían detrás de las grandes ideas y altruismo ilimitado. Cuatro individuos sin valor para dar la cara que se parapetaban en columnas hechas para satisfacer el cotilleo propio de un infierno chico. Mucho nos tememos que han confundido el morbo de leer artículos disparatados con la labor política. A última hora por lo visto el teatro de Manolita Chen ha conseguido renovar la temporada. Seguramente la última.

Inmaculada González

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La Gomera · Opinión

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