Abr 18, 2013
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El médico de los corderos, toda una vida entregada a los demás

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Bárbara Évora y Jesús Giráldez, durante el acto de presentación del libro sobre el médico de los corderos en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de AntiguaDe Jandía a Corralejo, y hasta en Lanzarote. Agustín Afonso, el llamado médico de los corderos, atendía a todos los pacientes que requerían sus servicios en los albores del siglo XX. Toda una vida entregada a los demás. Como un auténtico peregrino, recorrió cada rincón de la Maxorata rural, unas veces en burro y otras caminando, desde su casa de El Escorial, la finca que le cedió el Ayuntamiento de Betancuria. A la hora que fuera, salía para asistir a una persona enferma.
El escritor y profesor Jesús Giráldez Macía resaltó anoche en Antigua la figura de Agustín Afonso durante la presentación de su libro El médico de los corderos. Una historia oral de Fuerteventura, una iniciativa incluida dentro del programa de actividades del Día del Libro, impulsado por la Concejalía de Cultura, que dirige Bárbara Évora.
“Era la persona más conocida en toda la Isla, más que cualquier político u otra persona de renombre del momento”, para definir al médico “más popular, bondadoso y humilde” que se entregó a la gente de esta isla desde 1907 hasta 1946, ofreciendo remedios y terapias más asequibles para curar las enfermedades.
El autor rescató de la tradición oral a la palabra escrita la vida del llamado médico de los corderos, apodado así por llegar de Tenerife, en un año sin determinar, como tratante de ganado. Para ello recogió los testimonios de 57 mayores, así como de las tres nietas de Don Agustín, Victoria, Carmen y Ana, si bien ya ha comenzado a trabajar en un nuevo libro ante el abundante número de informantes que ha localizado en los municipios.
Giráldez subrayó que la figura de Agustín Afonso es “fascinante y enigmática”, por cuanto se desconoce cómo pasó de tratante de ganado a médico de los corderos. En el libro refleja que todo el mundo coincide en dos cosas: “no era médico, pero curaba como los mejores”. Para la población majorera” era médico… pero de yerbas”. El autor precisa que, antes de su llegada a Fuerteventura, “probablemente tuviera contacto con el estamento médico, bien ejerciendo de mancebo en alguna botica, bien desarrollando alguna labor de ayudante o de cierta responsabilidad en alguna clínica”. En tal sentido, los testimonios de familiares y personas cercanas “aseguran que trabajó en Tenerife en la clínica Zerolo o en alguna farmacia”.
Lo cierto es que fue una figura destacada en el oficio por “una excepcional buena praxis, los acertados diagnósticos, las estrategias para percibir los signos y síntomas y la certeza de que durante un tiempo recetó fórmulas magistrales “, recoge el autor en el libro.
Giráldez señaló que, entre todas sus recetas para la prevención y cura de enfermedades, sobresale la utilización de la yerba clin, planta usada para el dolor de muelas, ciertos dolores estomacales y, sobre todo, para enfermedades del aparato respiratorio. “Tiene carácter preventivo ante los catarros y su sabor es tremendamente amargo, pero si al tomarla no se notaba su amargor, don Agustín lo consideraba un síntoma inequívoco de que se había contraído una pulmonía”.
Además de infusiones, el médico de los corderos prescribía cataplasmas, sangrías y otros tratamientos que en aquella época resultaban “revolucionarios”. Entre ellas figuran sábanas y paños fríos para bajar la temperatura corporal, baños de sol (estimulan la producción e vitamina D contra el raquitismo), el aire fresco (para la tos ferina) o la recomendación preventiva de caminar descalzo por la arena para tonificar la musculatura y activar el flujo sanguíneo.
Respaldo popular
Jesús Giráldez destacó que Don Agustín coincidió al menos con dos facultativos titulados: Santiago Cullen y Gerardo Bustos, que no llegaban a las zonas rurales de la Isla ni estaban al alcance de los bolsillos más modestos. Cullen lo denunció en 1920 ante el Juzgado de Instrucción de Puerto Cabras por intrusismo profesional, pero el médico de los corderos contaba con un gran respaldo popular, era muy hábil y “no dejaba rastro por escrito de sus recetas”.
El autor señaló anoche que el abogado defensor de don Agustín impulsó la recogida de firmas en la Isla para apoyar al médico de los corderos en el proceso judicial. Unas 800 personas de toda Fuerteventura defendieron su labor en un documento de 38 páginas, incluido en el expediente judicial. Giráldez detalló que ha tenido acceso a esta información después de la publicación del libro.

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Fuerteventura

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