Abr 16, 2013
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Las dos veterinarias de la Isla que ejecutan el programa de evaluación morfológica de la raza autóctona exponen esta tarde su trabajo en las Jornadas Ganaderas previas a la feria

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ganado de recria cabrasDos veterinarias de Fuerteventura, Inés Martín Junge y Ángeles Marichal Noda, cumplen su segundo año de trabajo para plasmar en un documento oficial una realidad centenaria –incluso milenaria-, que es el trabajo llevado a cabo por los ganaderos de la Isla seleccionado y potenciando los mejores ejemplares de una raza, la cabra majorera, que por su resistencia y rendimiento productivo ya cuenta en la actualidad con el máximo reconocimiento internacional.

Este trabajo se ha denominado ‘Gestión del libro genealógico de la raza caprina majorera’, un proyecto de la Federación de Asociaciones de la Cabra Majorera que se ejecuta en el marco de un convenio de colaboración con el Cabildo de Fuerteventura.

Esta tarde, en el marco de las Jornadas Ganaderas de Feaga, Martín y Marichal expondrán en la Granja de Pozo Negro los resultados del trabajo llevado a cabo hasta el momento desde principios de 2012 y en lo que llevamos de año. Las dos veterinarias han recorrido hasta 40 ganaderías de la Isla, de las 58 que se integran en la Asociación de Criadores de la Cabra Majorera.

Se trata de un trabajo laborioso pero también satisfactorio, comentan, «porque la cabra representa la cultura y la tradición de Canarias. Es nuestro animal por excelencia», y por eso contar con la raza pura caprina majorera catalogada y definida en un árbol genealógico «supone un valor añadido incuestionable».

Durante los trabajos de campo han evaluado entre 2012 y 2013 a un total de 9.219 animales, 253 machos y 8.966 hembras. Entre todos ellos, aquellos que han superado las pruebas morfológicas (con una baremación de 60 puntos o superior) han sido 6.264 ejemplares, 169 machos y 6.095 hembras, que han quedado certificados como de pura raza y registrados dentro del árbol genealógico.

Se trata de un porcentaje bastante elevado (67,9%) que evidencia como «los ganaderos conocen perfectamente qué cabras dan más leche y cuáles son los caracteres que deben seleccionar porque lo llevan haciendo durante generaciones y generaciones. Nosotros ponemos sobre el papel una cosa que ellos llevan haciendo a ojo durante muchísimos años, porque saben perfectamente qué ejemplares son los mejores», dice Inés Martín.

Algunos factores desestabilizadores de la pureza de la raza están relacionados con la conocida como cabra holandesa -aunque su nombre real es cabra saanen y fue introducida desde Francia- introducida años atrás por su supuesta capacidad de producción que ha alterado una parte de la cabaña.

Junto a la calificación del estándar racial (sistema mamario, apariencia general, etc.) el libro genealógico se complementa con un estudio de la productividad lechera, un trabajo que desarrolla la empresa regional GMR y que mide parámetros como la cantidad de leche producida, la calidad de los rendimientos de sólidos (grasas y proteínas) y otros secundarios como la eficacia de la reproducción.

Aunque, como es lógico, lo que se busca es la mayor cantidad y calidad del producto, la morfología resulta imprescindible para la conservación de los estándares genéticos. En este sentido, como declara Ángeles Marichal, los sementales, que cuentan un menor número de inscripciones, «son fundamentales, porque son los que transmiten los tipos genéticos».

Una vez inscrito un animal en el registro, sus datos se introducen directamente en la plataforma PROGEOM, el programa informático de registro animal del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente que funciona a nivel nacional.

La creación del libro genealógico se dirige no sólo a conservar la pureza de la raza, sino a mejorarla. El hecho de contar con un registro de los mejores ejemplares –documento oficial acreditativo incluido- y también de sus descendientes, permite potenciar los mejores valores genéticos de la especie. De esta manera se mejora paulatinamente la raza.

La cabra majorera, solicitada en la península e internacionalmente

Este proceso de registro de la raza caprina majorera se ha puesto en marcha por primera vez después de muchos años y varios intentos. Destaca la importancia de que se lleve a cabo este trabajo en Fuerteventura, no sólo por extender la raza, sino dado el interés que ha existido por llevarse el programa genealógico a la península y registrar la raza desde allí.

Una de las ventajas de completar el registro genealógico en su Isla de origen se relaciona con las posibilidades que ofrece comercializar la genética de la raza. «La cabra majorera si está certificada se puede vender muy bien, porque dentro del sector se reconoce su productividad y su adaptación rapidísima a las zonas áridas. Para exportarla a África, por ejemplo, resulta muy interesante», dice Marichal.

 

Conectar con los criadores

Otra labor que realzan Martín y Marichal es la de animar a los criadores a que se integren en este programa. El nivel de participación se puede mejorar, «pero es difícil, porque en muchos casos la primera preocupación de los ganaderos es mantener una buena alimentación y la sanidad de los animales, y apenas pueden dedicar esfuerzos a otras tareas. En muchos casos, no saben siquiera si van a poder continuar con su actividad. Hay desánimo, sobre todo porque el precio del alimento se ha disparado, lo que se une a la sequía en la Isla de los dos últimos años».

De ahí el interés por realzar el potencial económico que tiene en sí misma la raza de cara a su exportación, y también encontrar nuevos modelos dentro del propio programa genético de mejora de la raza. «Vender animales es una posibilidad», pero también y llegado el caso, vale la pena componer una cabaña de pura raza. «Hoy en día está la opción de tener menos animales pero con una alta producción y una buena alimentación. Permitiría optimizar los costes. Nosotras intentamos que vuelvan a creer en esto».

 

El libro genealógico sigue su camino en toda Canarias

Después de que se constituyera la Federación de Asociaciones de la Cabra Majorera en el año 2011, y de que comenzara la elaboración del libro genealógico desde 2012, Inés Martín y Ángeles Marichan calculan que este trabajo puede completarse en un plazo de entre tres y cuatro años más. Al cabo de este periodo se concretará el registro fundacional definitivo de la raza caprina majorera.

Se trata de un procedimiento que se lleva a cabo de manera paralela en toda Canarias, no sólo con la raza majorera sino con las otras razas reconocidas. En estos momentos se desarrollan programas de mejora genética en Fuerteventura Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote. La Gomera se ha integrado con los criadores de Fuerteventura, y próximamente lo harán los criadores de La Palma y El Hierro con los de Gran Canaria.

La Federación de Asociaciones de la Cabra Majorera tiene sede en Fuerteventura y está presidida por Eva Cano, ganadera de Los Adejes. La Reglamentación Específica del Libro Genealógico de la raza Caprina Majorera se aprobó en el BOC nº 105, de 25 de mayo de 2007. De ese mismo año data la creación del Centro Autonómico de Control Lechero del Gobierno regional, que coordina los procesos de las tres especies de cabra en canarias, la majorera, la tinerfeña y la palmera.

 

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