Sep 5, 2012
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Reconocimiento al sacerdote Pedro Manuel Francisco de las Casas

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Sabemos que, con este acto, contradecimos en algún sentido los deseos de una persona que, además de cumplir ejemplarmente con sus obligaciones pastorales, ha sido en todo momento nuestro amigo y consejero, el hombre bueno que resolvió, con inteligencia y justicia, cualquier situación y un defensor de lujo de las parroquias de los barrios que tienen el alto privilegio de entornar el corazón espiritual de la isla de La Palma.

El Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves es lo que es, y representa lo que representa por la fe, la voluntad, la inteligencia y la gestión incansable y oportuna. Don Pedro Manuel Francisco de las Casas llegó a este destino con un claro programa de actuación que expresó a sus superiores y feligreses desde su toma de posesión, hace más de cuatro décadas, hasta que su fidelidad y obediencia lo llevan a otro destino.

Pero no queremos que este homenaje tenga el más leve sentido de despedida. Por una razón elemental. Nadie se marcha del todo de su casa y, mucho menos, si este alguien ha tenido un papel determinante en la construcción y buen funcionamiento de esta casa.

Todas las acciones que emprendió en la defensa singular del Santuario del Monte, no sólo sirvieron para poner en valor el impresionante patrimonio de cinco siglos de arte y de piedad a favor de una hermosa y enigmática imagen de terracota, sin duda alguna, la más antigua de las advocaciones marianas llegadas a Canarias, según destacados especialistas de arte medieval.

Don Pedro Manuel consolidó el templo que, a través de medio milenio, adquirió sus dimensiones y aspecto actual; por su fuera poco, enriqueció el ajuar del sagrado recinto y consiguió que numerosas familias y coleccionistas donaran al notable complejo valiosas piezas de distintas épocas y estilos.

Cumplió una vieja aspiración de los vecinos y de los fieles que, a lo largo del año, visitan la Casa de la Virgen, como era liberar el lugar de la servidumbre del tráfico, mediante una obra conjunta del Cabildo Insular y del Gobierno de Canarias; un flamante túnel que desvía el tráfico.

Ponemos también en su positivo balance la adquisición de la finca que entorna el complejo, por parte de la Corporación de Gobierno Insular, que garantiza el sector de especulaciones y lo dotará de las infraestructuras e instalaciones culturales y sociales complementarias que justifiquen el carácter religioso e integrador del hermoso lugar.

Tenemos que felicitarnos porque Don Pedro Manuel impulsó, dirigió y gestionó el más bello sueño común de La Palma y los palmeros: conservar, mejorar y tutelar un lugar en homenaje a nuestra excelsa Patrona, Alcaldesa Perpetua de todos nuestros municipios, Regidora Mayor de la Isla, referente de nuestras asociaciones vecinales, Madre de Dios y Madre Nuestra.

Con el mismo amor y el mismo celo, cuidó, restauró y mejoró los templos dependientes y las ermitas de Mirca, bajo el título de La Candelaria, y la de San Vicente Ferrer, de Velhoco, se convirtieron en parroquias, servidas con el mismo cuidado y celo por nuestro querido párroco.

Cuatro generaciones de vecinos, vecinos privilegiados porque somos los devotos más cercanos a la Gloriosa Imagen de María de Las Nieves, hemos establecido una relación que va más allá de la del sacerdote y el feligrés; fuimos y seremos sus colaboradores y amigos; porque nos acompañó en los días buenos y, también, en las desgracias; porque de Don Pedro recibimos la aguas del Bautismo y las arras de la boda; los auxilios espirituales y el consejo sabio, conciliador, generoso y oportuno.

En el más estricto espíritu democrático, las asociaciones aquí representadas, hemos aprobado dejar constancia de nuestro cariño y gratitud a Don Pedro Manuel Francisco de las Casas y recordarle que aquí están sus casas, las espirituales, por las que tanto luchó y luchará porque es un hombre de ideales y amores fijos, y las de nuestras asociaciones, que tanto animó con su aliento e iniciativas y, por supuesto, más francas o tan francas como todas, las de nuestras casas que seguirán siendo, como hasta ahora, las suyas, donde siempre se le espera.

Gracias por tanto. Gracias por ayudarnos a estar más unidos como barrios y como pueblo. Gracias por la esperanza. Ha realizado una labor que la historia, como hoy todos nosotros, reconocerá en su justa medida. Gracias Don Pedro Manuel. Cuente con el más sincero afecto de cuantos le rodeamos hoy, y aún más, de quienes por muy diversas razones, no han podido acompañarnos. En cualquier rincón de la jurisdicción, que administró con tanta sabiduría, le esperamos. Porque, esta marcha, tiene retorno. Usted sabe que no se va del todo y que aquí le aguardamos con la paciencia y la alegría con la que esperamos los pastores nobles y a los buenos amigos.

Gracias, otra vez, por tanto.

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