Ago 23, 2012
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Esteban Velázquez (teólogo): “Me he cuestionado qué hago en una estructura en la que convivo con personas como Rouco Varela, pero prefiero luchar desde dentro por transformar la Iglesia”

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SB-Noticias.- El jesuita Esteban Velázquez, representante en las islas de la Teología de la Liberación, reflexionó de este modo en el programa La Trapera de Radio San Borondón sobre el papel de la Iglesia en la actual sociedad y el rol que están jugando actuales dirigentes como el Cardenal Rouco Varela, muy alejado de sus posicionamientos personales y en definitiva de los valores y de las enseñanzas que en su día expuso Jesucristo.

Esteban Velázquez explicó que dentro de su experiencia como religioso ha habido momentos muy duros en los que se ha cuestionado cómo es posible convivir dentro de la Iglesia con personas tan contrarias a sus postulados como Rouco Varela y dijo en este sentido que en una de sus estancias en misiones en Latinoamérica mantuvo algunos encuentros con Monseñor Álvarez, vicario general castrense del ejército de El Salvador, enemigo número uno de Monseñor Romero, a quien le preguntaba constantemente por qué no denunciaba violaciones de los derechos humanos tan graves como el asesinato de 200 niños, de forma que siempre vio a este hombre más como un coronel de un ejército corrupto y asesino que obispo.

Esa convivencia con posiciones tan antagónicas dentro de la Iglesia es simple y complicada a la vez. Opina que es totalmente legítimo que haya personas que sientan que no pueden convivir con ciertos personajes que ocupan puestos de relevancia dentro de la estructura de la Iglesia, pero considera que su posición de seguir dentro es igualmente legítima y válida.

En este sentido, explica que si precisamente aquellos que no están de acuerdo con estas historias, porque piensan que la Iglesia tiene que ser de otra manera distinta a la actual, en donde dejara de ser Estado y el Papa dejara de ser jefe de Estado, acaban abandonando la lucha desde adentro, dejando por tanto que se apropien como si fueran los únicos dueños de la casa de todos, realmente estarían haciéndoles un favor. “Yo prefiero seguir trabajando y luchando internamente por la transformación de la Iglesia, por demostrar que también me siento parte de ella desde otras coordenadas y paradigmas prácticos”.

Advierte que siempre ha sido partidario de las luchas intrainstitucionales, pero reconoce que todo tiene un límite, de modo que si algún día le resulta imposible seguir por cuestiones de conciencia porque le prohíban hacer cosas y traten de imponérselas en contra de sus ideales, ese día saldrá de la institución, sin embargo mientras no llegue ese momento, luchará para tratar de que no se apropien de la Iglesia aquellos sectores que en principio no tienen mucho que ver con el legado de Jesucristo y con la comunidad con la que siempre ha soñado.

El teólogo dijo que todos los ciudadanos debemos partir de la idea de que la esencia de la vida es amar y ser amados, teniendo siempre presente que del “querer” sale todo, incluso la transformación activa de la sociedad, de modo que no tiene dudas de que la motivación profunda del auténtico revolucionario debe ser el amor a las personas.

Afirma que sin amor y amistad la vida no es vida. De esta forma, asegura que si da un vistazo hacia atrás, agradece a la vida el haber sabido dejarse llevar por el amor solidario a nuestros semejantes, haber estado a pie de calle para tratar de contribuir con su particular granito de arena a la transformación de la sociedad, como igualmente tiene que agradecer a una gran cantidad de personas que a lo largo de su vida le han brindado una amistad sólida y que en realidad son los refugios vitales en la vida.

“Vive el que ama y es amado, no vive el que no ama ni es amado” podría ser un resumen existencial de sus experiencias en la vida recogidas a lo largo de una trayectoria de trabajo para los demás, porque es una cuestión que tiene trascendencia en los niveles sociales, familiares y personales que presentan las relaciones humanas.

Hablamos de un amor que no solamente es una cualidad aplicada a las personas, sino con connotaciones estructurales, sociales y políticas, algo que contrasta con la personalización que normalmente se hace del amor, ya que en cierto modo esa capacidad común en las personas solemos tender a espiritualizarla tanto que le hace perder carne.

Al que le sea indiferente la tragedia de los demás, no ama. Como ejemplo de lo que habla indica que quien no sienta cómo se le revuelven las tripas cuando mueren inmigrantes tratando de conseguir una mejor vida realmente no ama, como tampoco lo hace alguien que siente indiferencia cuando alguien de su entorno tiene que ser hospitalizado por un problema de salud, y así mil motivos que son buenos para llevar a cabo ese principio universal de la solidaridad, que al fin y al cabo es una muestra de amor por la humanidad.

Velázquez sostiene que hablamos de amor no evasivo y espiritual que sirve como motor para que las personas se rebelen ante situaciones de injusticia y con todo aquello que resulta contrario a lo humano. En este sentido, hace suyas las palabras de Che Guevara a su hijo cuando le pedía que no le resultara indiferente la injusticia en ningún lugar del mundo.

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Canarias · Religión

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