Jun 26, 2012
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Los canarios no podemos cambiar Europa ni España, pero sí Canarias.

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Es posible trasformar nuestra nación y para ello se hace preciso tomar conciencia de quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde nos dirigirnos. El proceso de inoculación y asimilación impulsado por el reino de España desde el siglo XV y hasta la actualidad, ha imbuido en la spique de los canarios, tanto individual como colectivamente, que carecemos de capacidad para emprender algo y, por lo tanto, para dirigir nuestro destino. Para lograr esta patraña colonialista, todos los gobiernos españoles, en todas las épocas, y con la colaboración y obediencia de los sub-gobiernos delegados en la posesión ultramarina, han hecho asumir a los canarios que todos los sistemas impuestos por la metrópoli, desde el cultural hasta el económico, es lo natural e imprescindible para la supervivencia; reemplazando con ello nuestras formas, virtudes y aptitud, creándonos una inseguridad y limitación intelectiva que abre paso a la falsa dependencia. Ahí radica el verdadero comienzo del gran cambio que necesita Canarias: en hacer una labor contrapuesta al adiestramiento españolista; concienciando a los canarios de que somos competentes, como cualquier otro pueblo del mundo, para alcanzar nuestra emancipación. Practicar responsablemente la canariedad, arraigando la identificación nacional en las familias, y desde la cuna, para que trascienda al barrio, a la isla, al archipiélago y a la nación, es el mecanismo antropológico natural y único posible para cohesionar una sociedad desintegrada por el colonialismo: más que el adoctrinamiento ideológico, que cambia fácilmente con los acontecimientos coyunturales, por no ser esencial sino superpuesto al sentimiento de pertenencia a la nación y por ende a la familia y su idiosincrasia. La responsabilidad de concienciar a la sociedad canaria y de su preparación para el cambio, recae directamente sobre los intelectuales honrados y capaces de poner sus conocimientos al servicio de semejante humanización. Desgraciadamente, el pueblo es un ganado sin otro pastor que las consignas capitalistas, añadidas al secular y deformante colonialismo, basadas en el miedo, la evasión y el acatamiento, y quienes pueden provocar el cambio del orden establecido son aquellas mujeres y hombres dignos que estén dispuestos a desnudar al enemigo, informando y desintoxicando al pueblo para que, desde su convencimiento, tenga la facultad de combatir toda tropelía. El cáncer instalado no se ha propagado porque sea invencible; sencillamente, algunos llamados anticuerpos que tenían el deber de detectar la infección, colaboran con su propagación nutriéndose, felona y egoístamente, de quienes le dieron su confianza para que velara por los intereses de una sociedad sana, sin acordarse de que, como células infectadas, también terminarían pereciendo. Canarias puede salvarse si los anticuerpos sanos, inteligentes y no sobornables, se ponen a trabajar partiendo del diagnóstico de que la enfermedad desaparece si se la combate.
España no debe seguir expoliando Canarias ni a los canarios. España, además, tiene una deuda con nuestra nación por los quinientos años de sujeción colonial y es preciso exigirla en el tribunal competente.
Todos, nativos y personas que se hayan integrado y hecho de Canarias su nación, debemos bregar por nuestro derecho a decidir el futuro que queramos, sin la injerencia de terceros. Afianzar nuestra cultura e idiosincrasia como hecho distintivo para no diluirnos como pueblo, ya que tras la pérdida de identidad espera la esclavitud, hasta moral; señalar y hacer notoria nuestra situación geográfica para movernos en un marco internacional como estado independiente, por la innegable necesidad que supone para nuestro desarrollo e intereses. Se precisa más estado y soberanía que nunca, pues la pérdida de soberanía de las naciones es la fuente donde se sacia el capitalismo. Cerrados a la globalización y abiertos a la universalidad. La globalización es una imposición que se hace de afuera hacia adentro, de arriba hacia abajo y de una minoría a la mayoría. La universalidad se ejercita al revés: de dentro hacia fuera, de forma horizontal y salvaguardando las peculiaridades de cada pueblo: ahí radica la belleza del mundo y el equilibrio entre las naciones. El viejo imperio colonialista se funde pero se hunde, pues esa integración se basa en algo tan frágil como son los intereses de los mercados y no en la voluntad ni el ejercicio soberano de los pueblos. La vieja Europa ha dejado de ser referente para las naciones que ambicionaban su estado de bienestar, no sólo por la pérdida de derechos de sus pueblos sino por su participación militar y fascista contra los países más débiles, persiguiendo el saqueo y la rapiña en nombre de la democracia. Son las antiguas colonias, convertidas hoy en estados soberanos, quienes tienen gran capacidad de decisión en los asuntos del Globo. Los tesoros y riquezas nacionales, tal lo hacen los estados del eje bolivariano, se ponen a buen recaudo para que los especuladores no hagan depender sus economías de préstamos usureros, lo que ya sufrieron en sus propias carnes, y que ahora hacen con Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia…, a través de la perversión y la corrupción de sus gobernantes. Canarias, como siempre, bajo el yugo, paga las fiestas del colonialismo sin haber sido invitada.
La solución de la humanidad está en el camino elegido por los países bolivarianos, donde la solidaridad y la cooperación son principios, fortalecidos con la nacionalización de sus recursos y entidades financieras, y en los que el imperialismo, el colonialismo y los invisibles mercados no pueden meter cuchara. Canarias podría entrar ahí, ¿por qué no?
Isidro Santana León

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