May 30, 2012
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Quien a Hierro mata a hierro muere

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Movimiento por la Unidad del Pueblo Canario (Movimiento UPC). Hero, la isla canaria del meridiano cero junto con Benawaré, se ha rebelado contra la marginación a la que está siendo sometida por el estado y el gobierno colonialista del reino de España y el gobierno pseudiautónomo de Canarias, pues sus habitantes, los bimbaches, no están dispuestos a seguir soportando la desidia y la humillación a la que están siendo sometidos, interesadamente, tanto por el gobierno metropolitano como por el gobierno títere de esta colonia.

Los hijos del Garoé, aquel árbol tan grueso que a duras penas lo podían abrazar cuatro hombres, lleno de intrincadas y espesas ramas, con el tronco completamente cubierto de hiedra, típica de los árboles de nuestra laurisilva, el bosque de lauráceas que condensa la humedad traída por los vientos alisios, que alimentaba una fuente suficiente para mantener a la isla entera, los hijos del Garoé, decimos, reparten el agua que se produce con buena cuenta entre los isleños, según recoge el ingeniero italiano Torriani en su obra “Descripción de las Islas Canarias”.

Según Torriani el Garoé, celebrado por Pitafetta, por Münster y por otros naturalistas, merece considerarse como santo y maravilloso, pues con esta planta la divina providencia quiso asegurar la vida de aquellos que desde el principio vinieron a vivil aquí. Gracias a ella se conserva hasta el presente su descendencia; y por lo mismo colegimos de su inmutable naturaleza que deberá conservarse por toda la duración de los siglos futuros.

Los bimbaches ya habían tenido una amarga experiencia con los piratas de la navegación en el año 1419 cuando el mercenario Juan de Bethencourt se dirigió al Hierro, un aciago 30 de Noviembre, procedente de la Gomera, la isla rebelde (no hay un sólo documento de su sumisión) y al arribar a Heros fueron recibidos con alegría por los herreños, entre cantos y bailes, como siempre hacen con los que los visitan para regocijo de visitantes y visitados.

Cuando el corsario fondeó sus navíos los incautos bimbaches, que al verlos aproximarse los esperaban en la costa, llenaron las barcas, queriendo visitar las embarcaciones. Los denominados cristianos dejaron que se llenasen las barcas y los botes, hasta que los navíos se cargaron completamente. A todos los llevaron a Lanzarote, desde donde los enviaron a los mercados de esclavos y los vendieron (Torriani, op. cit.). El hecho viene corroborado por el texto de Le Canarien, el que sostiene que, a pesar de su acogida, los herreños fueron cautivados por Bethencourt y sus corsarios.

Bethencourt pensó que podía repetir el engaño, por lo que volvió al año siguiente con la intención de proveerse de otra remesa de esclavos, pero al negarse a embarcar a los ancianos, pues los bimbaches intentaban reunirse con sus familiares embarcados el año anterior, sospecharon de la buena fe de los esclavistas así como de su divinidad. Uno de los ancianos sugirió a su hija que abandonase el barco, mientras un corsario encandilado con su hermosura intentó retenerla, por lo que el padre le rompió la cabeza con un palo. La abundante sangría producida convenció a los bimbaches de que eran humanos y no divinos, además descubrieron que no eran sus amigos, como transmitía la leyenda recogida por Torriani y que atribuye al desaparecido libro del Doctor Troya mediante la cual un bimbache llamado Jone antes de morir predijo que, después que él mismo se hubiese vuelto ceniza, vendría por mar, vestido de blanco, el verdadero Eraoranhan, a quien debían de creer y obedecer. Al cabo de cien años lo hallaron hecho cenizas en la fosa mortuoria y a los pocos meses aparecieron los piratas, que, desgraciadamente, confundió a los bimbaches. Los herreños descubrieron que no sólo no se trataba de sus amigos sino que eran enemigos convictos y confesos.

Pero los valientes y aguerridos bimbaches frenaron los desmanes de los mercenarios que en nombre del cristianismo invadieron la isla, pues según el historiador al servicio del colonialismo Abreu Galindo ajusticiaron al capitán Lázaro, encargado por Bethencourt de someter a los herreños, siendo necesario nuevas racias para controlar la insumisión.

El 29 de Mayo de 2012, transcurridos 519 años desde la invasión bethencuriana, los bimbaches volvieron a navegar en otro barco anclado en la isla de Heros, que ahora no trafica con esclavos pero había asumido la responsabildad de mantener líneas regulares entre esta isla y otras del archipiélago canario asociadas al transporte tanto de pasajeros como de mercancías, incumpliendo sus obligaciones y desabasteciendo a la isla, olvidando que los actuales bimbaches son descendientes de aquellos aguerridos soldados que siempre la defendieron, los hijos del Garoé, conviviendo con unas decenas de extranjeros, entre ellos algunos españoles.

Estas cosas no le gustan nada al colonialismo y menos a sus lacayos en la colonia, sin cuya interesada colaboración sería imposible mantener la expoliación de nuestro pueblo.

Los bimbaches, damnificados por la agudización de la crisis crónica que afecta a todos los canarios desde la cruenta anexión española, agudización agravada por la erupción del volcán del Hulan, perfectos conocedores de la naturaleza de su isla, están descorcertados por el inepto y abusivo comportamiento del estado colonial: ahora les cierran las carreteras, luego los desalojan de Sabinosa, después de la Restinga, les desabasten de los alimentos de primera necesitad…¡Ni se les ocurra intentar evacuarlos de la isla!

Tengan en cuenta los herreños que no están solos, pues ahora más que nunca los canarios y canarias estamos unidos como una piña, los canarios que habitualmente viven en Canarias y los que, a causa del régimen monárquico colonial, han tenido que abandonar su patria y su familia para ganarse el sustento.

El 29 de Mayo ya se está celebrando y se conmemorará año tras año como aquel acto heroico, aquella gesta mediante la que los bimbaches se rebelaron contra los insoportables abusos a los que han sido injustamente sometidos, a los que apoyamos incondicionalmente y felicitamos por su contribución a ver realizado el sueño de todo canario, magistralmente recogido en el siguiente poema de Secundino Delgado:

¿Quién, que en las Afortunadas, por su fortuna naciera, viéndolas pobres, diezmadas, de otro pueblo esclavizadas, su libertad no quisiera?

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