Mar 28, 2012
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«Esquiroles y primos ante la huelga»

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Siempre que hay convocada huelga general retomo el mismo argumento; por tanto, mi tesis corre paralela a la huelga general en España y a la cantidad de trabajadores que, por uno u otro motivo, irán a trabajar, o no. El economista Marcur Olson, ante el dilema de asociarse en la consecución socialmente aceptada del objetivo común, señala que es más realista mirar qué pasa; es decir, dejar que sean los demás quienes pidan por uno, que defiendan el interés general, para aprovecharse posteriormente del esfuerzo de los demás. Es evidente que es aquí donde aparece la figura del gorrón, más conocido en relación a una huelga como el esquirol.

Éste, que suele ir por libre y solo, cuestión plenamente justificada, no solo utiliza la posición más racional sino que además atesora la virtud de elegir la más cómoda: si la huelga fracasa a él no le echan y además cobra su sueldo íntegro; de ocurrir lo contrario podría conseguir un presumible aumento de sueldo por ejemplo, el esquirol también se beneficiará de la plusvalía.

Todo ello, según el profesor Gil Calvo, lleva a la conclusión de que el huelguista es, en síntesis, un primo. Por tanto, para que el esquirol o gorrón logren su objetivo necesita obligatoriamente la figura del primo. Aquél, para entendernos, es un parásito que más le vale ser único en su especie, a ser posible, ya que de existir más gorrones o esquiroles que huelguistas los beneficios de la huelga serían nulos. Por lo tanto, el esquirol debe obligarse a captar a unos pocos, no muchos, para conseguir la victoria, a la par que los primos consiguen la suya. Un chollo, vamos

Hasta aquí todo perfecto, el problema surge cuando se plantea una huelga general donde no está claro el éxito de la misma y donde la mayoría, se presume, irán de gorrones, a costa de un grupo de primos infinitamente inferior en número. Es decir, la teoría marcursoniana, avalada por Gil Calvo, según entiendo, señala al fracaso de la huelga general antes de su inicio.

¿Por qué no se planteó una huelga general con el anterior gobierno de Zapatero cuando las listas del paro cabalgaban desbocadas?; no lo sé pero me lo imagino, al igual que los estómagos agradecidos de los dirigentes sindicales cuyos impresionantes sueldazos no son de recibo cuando representan a los trabajadores y más de cinco millones están en el paro.

No sé si ello será bueno o no que la convocatoria triunfe, ocurre que en una época de crisis galopante, de falta de trabajo, de la primera generación nini, la desilusión social y la pérdida de valores identitarios (también de ideología), los embargos de casas por no poder pagarlas al no recibir salario alguno por parte de miles de familias o las indefinidas subidas de todo por hacer frente a un aparato burocrático urdido por una mente enajenada (es lo mínimo que podemos pensar a estar alturas) poco o nada va a ofrecer una movilización que no parece convencer ni a los mismos convocantes: los sindicatos. Y menos a los trabajadores que, si ya tienen congelado su sueldo, más lo van a sufrir cuando en la próxima nómina les descuenten el día de reivindicación.

El Gobierno prefiere negociar «a la chita callando», los sindicatos amenazan por interés y la oposición aprovecha para trincar beneficios, a costa de continuar con su política de hechos consumados y negativa; achacando los problemas actuales al Gobierno que lleva cuatro meses dirigiendo el timón de la nación.

Si usted es un esquirol no se preocupe que las encuestas ya contaban con ello y si al contrario es un primo pues qué le voy a decir, ánimo que si fuera por aquél su logros, si los hubiera, y los de él, que los tendrá de cualquier manera, no serían posibles.

Francisco Roldán. Pte. de la Asociación Española de Consultores Políticos

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Opinión

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