Oct 17, 2011
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La demagogia ha entrado fuerte en precampaña

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Creo que era en la quinta temporada del Ala Oeste de la Casa Blanca, cuando, en un capítulo, en el que preparaban un viaje a Bruselas, cuando se encontró Josh Lyman, el ayudante del Jefe de Gabinete, en su despacho a unos informáticos clamando por salvar su empleo ya que la empresa iba a trasladar su producción a la India. Estos trabajadores, indignados con la Casa Blanca porque les habían prometido en la campaña para la reelección que no iban a perder su empleo. Además habían amenazado a Lyman con no moverse de su despacho hasta que no solucionara la Administración su problema. A partir de esta advertencia, fue cuando intentó mover todos los hilos de manera infructuosa.

Al final del capítulo, el premio Nobel de Economía y Presidente de los EEUU, Josiah Bartlet, le dio una clase magistral de economía a su colaborador en el sentido de que era necesario destruir empleo para crear mucho más empleo. Llegó a poner como ejemplo lo que sucedió con ciertos empleos, hoy desaparecidos. Para avanzar hay que hacer sacrificios. Así que la conclusión a la que Lyman llegó es que no debió prometer salvar esos puestos de trabajo.

Esta serie, aunque basada en la política norteamericana, podría servir de modelo, en algunos aspectos, a nuestra clase política, y uno de ellos sería el capítulo que he mencionado. ¿En qué sentido? En uno en especial: en decirle la verdad al votante. No se debe engañar para arañar unos cuantos votos. En política ha de primar la honestidad. A la larga, esto se agradece.

Corriendo el riesgo de que algún compañero de partido gilipollas y envidioso, como lo definió algún compañero mío de profesión, me acuse públicamente (en privado no responde a nada) de ser un rebotado y de utilizar mis apellidos, o de que pueda molestar a algún que otro socialista (aunque, en este caso, no me puede censurar), lo que está ocurriendo en España es realmente lamentable con continuas declaraciones, criticas y promesas de un claro tono populista, alejadas completamente de la realidad. Ya denuncié las huelgas políticas que organizan contra algunos Gobiernos autonómicos, ahora me estoy encontrando con otro tanto de lo mismo con respecto de la decisión del Gobierno asturiano, presidido por Álvarez-Cascos, en relación a cerrar el grifo a la RTPA (Radio Televisión del Principado de Asturias).

¿Por qué lo digo? Porque más allá de la dudosa legalidad de decretarlo por las buenas el Gobierno contraviniendo una norma de rango legal, ya que fue aprobado por la Ley de Presupuestos, me he encontrado con emotivas defensas de los 700 puestos de trabajo de la RTPA desde todos los sectores, incluido gente del PP. Sinceramente, me parece una tomadura de pelo destinada más bien a hacer daño, aunque sea de manera injusta, al actual Gobierno regional.

O actuamos todos con responsabilidad o salir de esta va a ser demasiado complicado. No se puede hacer demagogia como si no tuviera consecuencias. Cuanto antes se le diga a la gente lo que se ha de hacer, antes lo asumirán y no se llevarán ningún desengaño. No nos engañemos, gane quien gane el 20 de noviembre tendrá que hacer muchos recortes, algunos de ellos no gustarán, pero la situación y Bruselas obligan.

Si estamos en una situación de paro alarmante es porque no se hicieron bien las cosas en su momento, y si tenemos tanto paro las Administraciones no recaudan tanto dinero vía impuestos. Si no tienen las Administraciones Públicas tanto dinero, habrá que ir recortando, en primer lugar, en los gastos absolutamente prescindibles, y a día de hoy, lo que era un capricho cuando el Gobierno de Areces lo sacó adelante, hoy es un lujo que no nos podemos permitir los asturianos. Y lo siento por los 700 empleados del ente, pero es la verdad. Es lo mismo que pasa en las economías domésticas, si una familia no puede permitirse el seguir pagando la hipoteca de un piso, hay que venderlo e irse a vivir de alquiler. Si no se hace, luego o se malvende el piso o se lo queda el banco. A veces es necesario dar un paso para atrás para coger impulso.

Por otra parte, ya sabemos que hay genios, sumamente ideologizados, que creen que la solución es subir impuestos. Justo lo adecuado para que las grandes fortunas se vayan de España, para ahuyentar a los inversores. Ya se vio lo bien que nos fue subir el IVA el año pasado. Sigamos insistiendo en las mismas recetas, y un día tendrán que recaudar el dinero de las ubres del viento. Asimismo, si no ayudamos a las PYMES y autónomos, pero ayudarlos de verdad con incentivos fiscales y con un sistema de contratación laboral distinto, ya que no son multinacionales, o, de lo contrario, el camino de la recuperación va a ser muy duro, con más sacrificios de los ahora necesarios, y muy largo. Si no, al tiempo.

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre, abogado

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Opinión

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