La luz puede jugar un papel en la modulación del miedo y la ansiedad


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La luz, puede jugar un papel en la modulación del miedo y la ansiedad, según un estudio realizado por la University of Virginia (UV), cuyos resultados de este trabajo se han publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

El psicólogo Brian Wiltgen, el biólogo Ignacio Provencio y Daniel Warthen, del College of Arts & Sciences de la UV, trabajaron juntos para combinar estudios de miedo con investigaciones sobre cómo afecta la luz en la psicología y el comportamiento.

Utilizando ratones como modelos, aprendieron que la luz intensa aumenta el miedo y la ansiedad en estos animales, que son nocturnos, casi de la misma forma que la oscuridad puede intensificar el miedo o la ansiedad en los humanos, que son diurnos.

El miedo es un mecanismo natural para la supervivencia. Algunos miedos, como el miedo a los ruidos estridentes, los movimientos rápidos o las alturas– parecen ser innatos. Los humanos y otros mamíferos también aprenden a tener miedo de sus experiencias, que incluyen peligros o situaciones negativas.

Este ‘miedo aprendido’ puede protegerles de los riesgos. Sin embargo, puede convertirse en un factor anormalmente intenso en algunos casos, a veces llevando a la aparición de fobias. Cerca de 40 millones de personas en Estados Unidos sufren miedo desmedido y estados de elevada ansiedad.

Estos investigadores utilizaron un método común para estudiar el ‘miedo aprendido’. Dieron a sus ratones un tono de un minuto seguido, dos segundos después, por un rápida y suave descarga eléctrica. Así los ratones aprendieron a asociar el tono con el ‘shock’ y rápidamente se condicionaron a escapar y permanecer inmóviles cuando escuchaban el tono, de la misma forma que lo harían ante la aparición de un depredador.

Descubrieron que, intensificando la luz ambiental, el ratón experimentaba una mayor reacción de miedo al tono que cuando la luz era más tenue. Esto significa, según Wiltgen, que el ratón, de forma natural, evita ser detectado por los depredadores se quedan paralizados como mecanismo de defensa.

En un hábitat natural, los animales podrían haberse sentido también particularmente ansiosos en la presencia de un depredador y una luz brillante, porque habrían sido más fáciles de detectar. “Demostramos que la luz en si misma no aumenta el miedo necesariamente, pero más luz aumenta el ‘miedo aprendido”, asevera Wiltgen.

Por otra parte, los investigadores quisieron averiguar qué vías visuales al cerebro en los mamíferos podían ser responsables de este comportamiento que se produce en presencia de más luz.

El ojo tiene dos vías que comienzan en la retina y terminan en el cerebro: una forma las imágenes y está constituido por barras y conos y el otro son las células ganglionares no formadoras de imagen, donde se localiza la melanopsina, un fotopigmento regulador de los ritmos circadianos.

Utilizando dos tipos de ratones mutantes, unos sin barras y conos, pero con células ganglionares, los otros sin las células ganglionares pero con las barras y los conos, los investigadores fueron capaces de determinar que la vía visual que afecta el comportamiento ante la luz está en los conos y las barras, los formadores de imágenes.

“Las implicaciones de esto en los humanos es la siguiente: siendo diurnos, la ausencia de luz puede ser una fuente de miedo”, señala Wiltgen, quien añade que, aumentar la cantidad de luz puede reducir el miedo y la ansiedad y tratar la depresión”. “Si logramos entender el mecanismo celular que afecta a este sistema, se podría tratar la ansiedad y el miedo desmesurados con productos mejorados que imiten o aumente los efectos de la terapia lumínica”, concluye.

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