Jun 13, 2011
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Ya está en la calle la primera Guía del Queso majorero

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Esta mañana se presentaba en rueda de prensa ante los medios de comunicación de la Isla la primera edición de la ‘Guía del Queso de Fuerteventura’, publicación que ha editado por primera vez el Cabildo insular con el objetivo de acercar a la población y al turismo el conocimiento del producto estrella del sector primario majorero.

El acto contó con las intervenciones del presidente del Cabildo, Mario Cabrera, y la consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Medio Ambiente de la institución, Natalia Évora, quienes comentaron que «esta publicación nace como una herramienta útil y viva que continuará actualizándose en próximas ediciones para reflejar de la menara más cercana posible a la realidad quiénes son nuestros productores de quesos, donde están y qué tipo de productos ofrecen», dijo Cabrera.

Natalia Évora explicó que la primera edición de la Guía del Queso, que cuenta con un millar de ejemplares en tres idiomas, se distribuirá de forma gratuita en enclaves de interés turístico como los puntos de información, el aeropuerto, las tiendas de artesanía del Cabildo o los hoteles de la Isla. «Las ganaderías de la Isla se encuentran disgregadas a lo largo de todo el territorio y el ámbito rural majorero, por eso esta guía permite conocer dónde están y cómo acceder a ellas, puesto muchas ofrecen la venta directa de quesos y éste es un servicio interesante que queremos potenciar y dar a conocer», declaró Évora.

43 queserías

La Guía del Queso de Fuerteventura incluye información sobre hasta 43 queserías de toda la Isla que se encuentran repartidas por todo el territorio insular a razón de 10 en el municipio de Puerto del Rosario, 9 en Pájara, 9 en Tuineje, 5 en La Oliva, 5 en Antigua y 5 en Betancuria.

Cada una de ellas se encuentra localizada en un mapa que detallada cómo acceder a ella para facilitar el acceso al visitante. La guía incluye también una ficha sobre cada ganadería en la que se refleja su información de contacto y horarios de apertura, además de otros aspectos de interés para los compradores como el tipo de queso producido (tierno, fresco, curado, semicurado), el origen de la leche (cabra, oveja, mezcla), el tipo de leche utilizada (cruda, pasteurizada) o los litros leche y kilos de queso que produce anualmente cada ganadería.

Natalia Évora comentó que alrededor de una quincena de queserías de la Isla no se encuentra en la publicación por no haber estado interesados en participar en la misa. No obstante, manifestó, «tenemos expectativas de que la guía obtenga una buena acogida y que en las próximas ediciones puedan estar representadas todas las ganaderías de la Isla, y desde luego contamos con todos ellos para que nos aporten las sugerencias que tengan y poder así mejorar la guía entre todos».

Denominación de origen

La Guía del Queso de Fuerteventura incluye también en su interior dos apartados reservados uno a la ‘Denominación de Origen y Características del Queso Majorero’ y otro dedicado a la historia de este producto en la Isla majorera.

Historia del queso majorero

Los orígenes de la tradición quesera en la isla de Fuerteventura hay que buscarlos en sus primeros pobladores, los ‘majos’. Esta sociedad preeuropea, que ocupó la Isla durante aproximadamente un milenio, era portadora de un conocimiento heredado de la tradición berebere norteafricana. Desde esos tiempos remotos, la ganadería fue la principal actividad económica que desarrollaron y el queso se constituyó como una práctica eficaz para conservar los excedentes de producción de leche y poder almacenarla. Esta actividad permitía sobrellevar las épocas de hambrunas y carestías que sufrían en Fuerteventura, Isla caracterizada por poseer un medio agreste y fuertemente degradado.

Entre los conquistadores, que son a su vez los primeros cronistas, encontramos algunas alusiones a las formas de vida de los ‘majos’. En Le Canarien, crónica de la conquista de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, llevada a cabo  entre los años 1402 y 1405 por Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, se describe de esta manera  sus formas de vida:

«No comen sal y solo viven de carne, de la que hacen grandes reservas sin salarla, y la suspenden en sus viviendas y la dejan secar hasta que esté bien seca y después se la comen…Están provistos de quesos que son sumamente buenos, hechos solamente con leche de cabra».

Desde los primeros momentos de la conquista, la destreza que los majos demostraran elaborando quesos, hizo que éste se convirtiera en un producto esencial en la dieta de los nuevos colonizadores, iniciándose así la extensión de su fama mas allá de las islas.

Durante los siglos inmediatamente posteriores a la conquista, el queso majorero sigue siendo fundamental en la dieta de nativos y foráneos, siendo de tal importancia su producción y consumo, que podemos encontrar continuas referencias en las actas del cabildo en las que  se dictan las instrucciones a seguir para comercializar el producto, al que se establecía un sistema de medidas y precios, sobre todo, en los años en  que las continuas hambrunas asolaban la Isla. El queso era pues fundamental, ya que se revelaba como una de las escasas reservas de calóricas que se podían encontrar en la isla.

Del mismo modo, habría que citar a las ‘vendederas’, mujeres encargadas de articular el escaso mercado interno existente, y por tanto, responsables de la venta de quesos. A ellas, también hace referencia la información cabildicia.

Cuando las circunstancias lo permitían y el producto podía ser vendido fuera del territorio insular, las autoridades establecían los términos y condiciones en que se debía presentar la mercancía: «que no esté podrido, limpio, enjuto, bien curado y sin acondicionado».

Durante los siglos XVIII y XIX, la fama de los quesos majoreros continúa extendiéndose en la medida en la que científicos, naturalistas y viajeros comienzan a pasar por Canarias. Entre los más conocidos cabe destacar el paso del marino y comerciante George Glas en 1764, en busca de provisiones, a propósito de su huida de la colonia británica que administraba, haciendo acopio de quesos y referencia en sus en sus escritos de sus virtudes y de su comercialización.

Las referencias que hace Rene Verneau  en 1885 son especialmente significativas, debido a su condición de antropólogo y naturalista. Es capaz de describir la isla y sus actividades económicas y por supuesto, la especial manera de hacer queso que practicaban los majoreros.

La conocida viajera inglesa Olivia Stone viaja a las a las islas en 1887, tomando  una serie de apuntes diarios que le permiten escribir su obra ‘Tenerife y sus seis satélites’. En su paso por Fuerteventura, el queso forma parte de su dieta diaria, como así atestiguan sus apuntes, utilizando el calificativo de ‘excelente’ para describirlo.

Será el siglo XX el que verá llegar la exportación de quesos a  mayor escala hacia las islas capitalinas, potenciando en consecuencia el crecimiento cualitativo y cuantitativo del sector ganadero y su industria derivada en Fuerteventura.

El último gran hito en la dilatada historia del sector quesero majorero es la creación en 1996 del ‘Consejo Regulador de la Denominación de Origen Queso Majorero’, que controla el cumplimiento de las normas de origen, calidad, elaboración y maduración.

La  tradición quesera majorera ha dado como resultado un queso excelente, de formas cilíndricas y marcas en sus bordes producidas por las empleitas. Su pasta es compacta y sin ojos y su sabor acidulo. Pueden ser quesos tiernos o curados y untados en su corteza con pimentón, gofio o aceite de oliva.

 

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