May 14, 2011
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El teatro del Puerto de Granadilla y sus actores (y VI)

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El Ministerio de Fomento, publicaba en el BOC del miércoles 23 de marzo de 2011 la modificación del plan de utilización de los espacios portuarios del Puerto de Granadilla, en base al proyecto definitivo aprobado por la UE en 2006, reactivando de esta manera su construcción. De llevarse esta a cabo, va a consumarse uno de los desastres ambientales más grandes de los últimos años. Parece que sólo un milagro podría paralizar este proyecto (alimentado con presupuestos estatales, privados o europeos), milagro derivado bien de la emblemática lucha social que ha generado, bien por causa de la crisis global o porque la justicia pueda, de nuevo, ponerle freno. Respecto a los hechos jurídicos habidos, resaltar la labor de los abogados ambientalistas de ATAN, educados bajo la pedagogía de Montessori con el Mae y después en la experiencia ecologista de la propia asociación, quienes han conseguido desenmascarar continuamente y sacar los colores a unas instituciones que, de forma descarada, no disimulan sus deseos (que en ellas son costumbre) de satisfacer sus intereses aún a costa de pervertir la política y adaptar las leyes a su propio beneficio.
Pero, aún en el hipotético caso de no haberse llevado a cabo el Puerto de Granadilla, el éxito habría sido sin embargo un éxito agridulce, pues ocultos por él y racionalmente olvidados, otros proyectos mucho más invasivos, como el del crecimiento poblacional o el de la energía sucia, por poner sólo dos ejemplos entre muchos más que aquí se citan, han seguido su curso. Aparte de haber tomado un rumbo la lucha ecologista como departamento ambiental de determinados partidos políticos, en lugar de ser plenamente independiente.
Eso sí, de todos modos, la experiencia ha demostrado que el cambio social y político siempre ha llegado de la mano de los nuevos movimientos sociales y no de los partidos, como en su edición de nov. /dic. de 2004 expresaba la revista “El Libertario” de Venezuela (http://www.nodo50.org/ellibertario/): “Ningún Gobierno y ningún Estado promueven verdaderos y profundos cambios. Los Movimientos Sociales, de diverso signo y actuando en diferentes niveles, son la única garantía de transformación. Nuevos valores como la horizontalidad, la democracia directa, la construcción de redes no jerárquicas, la autonomía y la autogestión serán las palancas en las cuales los nuevos movimientos pueden afincarse.”
Pero esa misma experiencia también ha demostrado, que la férrea ley de la jerarquía termina acabando con esos nuevos movimientos sociales, cuyas siglas vacías, pasan, una vez desaparecidos realmente, a formar parte de los intereses de las organizaciones burocráticas y electorales más oportunistas, como quedó reflejado en el subgénero literario del Teatro de Guiñol.
En el cambio de la mentalidad humanista a la ecologista, o lo que es lo mismo, en el caso del ecologismo, como uno de los actores indiscutibles en la lucha por el futuro, “Conciencia Planetaria” de las Islas Canarias se expresaba con meridiana nitidez en junio de 2007 en su página electrónica en el sentido de que esa lucha debe ser: “… específicamente profunda. Y decimos profunda en dos vertientes, una es que la visión de los profundos (anarquistas «primitivistas», ecologistas biocéntricos puros, indigenistas y ecofeministas) siempre es planetaria, no cuadra en absoluto con perspectivas localistas o etnocéntricas, aunque se defina ante estas. Y dos, que la lucha profunda en la práctica es ya una ruptura total con la tradición ambientalista, con la izquierda, la derecha, el populismo, los movimientos sociales. Con todo lo que nace del liberalismo y la revolución francesa. La ecología profunda es la punta de lanza de una revolución cultural antihumanista. Lo que busca es el desmantelamiento de la cultura urbana, la dominación especista, y la demolición de su representación del mundo o imaginario, para crear nuevas culturas totalmente insertadas en los ecosistemas”.
Enfoque que conecta con ese regreso a la Gran Teoría de que habla el filósofo maragato Tomás Pollán (León, 1948) cuando afirma: “No se supera nada con el hombre. Fin de la excepcionalidad humana. Como recordó Freud, la ciencia ha infringido tres grandes afrentas al amor propio de los seres humanos: cuando descubrió que la Tierra no es el centro del Universo; cuando la teoría de la evolución redujo a la nada el privilegio del hombre como un ser excepcional en la creación y cuando, con su teoría del inconsciente, el psicoanálisis sembró la sospecha de que el yo ni siquiera es el amo en su propia casa”. Un adiós pues al antropocentrismo y a todos sus fantasmas políticos y sociales de los siglos XVIII, XIX y XX.

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Opinión

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