May 2, 2011
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¡Goldstein ha muerto!

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Aún tenemos mucho que aprender de la propaganda de aquel Estado ficticio llamado Oceanía que en 1984 atemorizaba a su pueblo con la ubicua imagen de Goldstein. En la novela se insinuaba que Goldstein, al igual que el Gran Hermano, era una invención y nunca podría ser atrapado; así nunca dejaría de ser una amenaza para el socialismo inglés (Ingsoc). Sin embargo, la realidad nos enseña que, de haber muerto, nada habría cambiado en el Estado de Oceanía, y esto es lo que ha ocurrido con Bin Laden, cuya muerte solo ha servido para mantener el statu quo.

Y ese statu quo es la continuación de la eterna “lucha contra el terrorismo”, lucha según la cual se han justificado guerras, crímenes y reducciones de los derechos elementales en muchos países. Diez años después nos han querido demostrar que este sacrificio ha dado sus frutos, pues se ha conseguido derribar al máximo dirigente de Al Qaeda. Como ha dicho Obama, “se ha hecho justicia”, aunque esa justicia sea, como siempre ocurre en la lucha antiterrorista, al margen de la legalidad internacional y sin juicio previo.

A pesar de esta poco prometedora justificación de la guerra contra el terror, nos queda la tranquilidad, si somos optimistas, de que este duro golpe iniciará el fin del terrorismo islamista. Pues bien, “nada más lejos de la verdad”, dicen los políticos. Ahora es el momento de estar más alerta que nunca y seguir con esta lucha. Y, por si fuera poco, los talibanes quieren revancha. ¡Así que de tranquilidad nada!

En definitiva, se mire por donde se mire, la muerte del enemigo público número uno no traerá paz sino más psicosis y más guerra.

Lucas Sainz Delgado

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Opinión

Comments to ¡Goldstein ha muerto!

  • La política del terror, como lo era la de la violencia en otros tiempos, dan buenos resultados para el control de masas, la estructura de poder no va a dejar de usarla.
    La guerra contra el terrorismo no solo justifica el detrimento de nuestros derechos básicos, sino que nos hace sospechar del extranjero, del vecino; tener miedo de otro país, alienta el racismo, nos hace creer que vivimos en una continua amenaza, ese miedo hace del control social su aparente “daño colateral”, sin darnos cuenta que es su verdadera razón de ser.
    Acobardados, con miedo de si vamos a sufrir un atentado en nuestro transporte habitual, con miedo de ir de compras porque podriamos sufrir un ataque, con miedo de siquiera salir a la calle, que nos pueden robar, asesinar, hacer estallar en pedazos,…
    Esa política lleva al inmobilismo social, a que nadie se oponga a ella y a que las personas seamos más manejables por nuestros “representantes políticos”.
    Piensen, señores/as

    Cathan mayo 3, 2011 12:59 am Responder

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