Mar 20, 2011
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Libia, otro reguero de sangre

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EN esta ocasión, EE.UU se cura en salud y desde el inicio de la contienda se hace acompañar en la ejecución del trabajo sucio por gente como Sarkozy y Rodríguez Zapatero. El inicio de la intervención militar sobre Libia, independientemente de su tufillo a petróleo, se desarrolla bajo los mismos parámetros de hipocresía que en Irak y Afganistán. Primero una resolución de la ONU calculadamente imprecisa, para luego adaptarla a los cánones del imperialismo y al infame “nuevo orden”. También en Libia el pretexto de “la defensa de la población civil” se traduce en una cínica intervención militar para iniciar el control del país, valiéndose para ello de los oportunos y desorganizados aliados locales que desde hace semanas, sin estrategas aún identificados, mantienen sus escaramuzas con el ejército regular de Gadafi…

El control del espacio aéreo libio por los aliados occidentales, como finalmente se ha confirmado, no perseguía una acción pacificadora sino la sustitución de los cazas libios por los de las fuerzas de intervención bajo el paraguas de la siniestra ONU. Horas después de las primeras y tibias acciones militares de ensayo contra algunos carros de combate del otrora amigo Gadafi, “la acción humanitaria” de la mano de los países “civilizados”, se tradujo en un bombardeo en toda regla por mar y aire, comenzando así el recuento de víctimas civiles y militares como efectos intrascendentalmente colaterales para doblegar a la díscola Libia y convertirla en un satélite más al servicio de lo que Bush definió como nuevo orden mundial, construido a partir de entonces sobre el apilado de cadáveres de víctimas inocentes que ya superan la altitud de las dos Torres Gemelas americanas.

Indiscutiblemente, Rodríguez Zapatero y su Gobierno con su apuesta por asumir un compromiso preferencial en esta nueva intervención bélica, despejan cualquier duda sobre su acelerada deriva de sumisión y entrega de la soberanía de su país, primero al capitalismo salvaje y al perverso mercado financiero internacional, para ahora subordinarse sin ambages a los dictados de los señores de la guerra en sus objetivos de intervencionismo y de dominación imperialista. Lástima que, añadidamente, los costes de desplazamiento y de la actividad de la maquinaria de guerra española, sean financiados con los recortes sociales y laborales realizados el último año por ese mismo gobierno, o ¿quién sabe?, también con el discriminativo diferencial que en inversiones sociales se impone a los ciudadanos canarios.

Con la injustificable acción armada contra Libia, EE.UU y sus aliados aplican nuevamente el diferente rasero según de quién se trate. En este caso, la eufemística Comunidad internacional, descartó y rechazó desde un principio cualquier acción diplomática que pudiese desactivar los enfrentamientos armados entre Gadaffi y los grupos de insurgentes. En cambio, las reiteradas agresiones de Israel contra Palestina, cualitativamente y cuantitativamente más graves que las se han desarrollado en Libia, han merecido durante muchos años la comprensión, cuando no, la complicidad de la ONU con el país agresor.

Al igual que Aznar, Zapatero ha pactado con el diablo. Pero algo les diferencia: frente a la alianza ideológica natural del primero en la cruzada irakí, el actual presidente español ha vendido su alma a Lucifer, traicionando y engañando con ello a todo su electorado para apuntarse en este nuevo baño de sangre… Los muertos de Japón y la catástrofe nuclear, pueden aún esperar.

Jaime Bethencourt Rodríguez (Delegado de Intersindical Canaria)

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Opinión

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