Mar 15, 2011
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Los tres axiomas de la política canaria

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Las acostumbradas e inevitables cábalas sobre cuál será la composición de los ayuntamientos, cabildos, consejos insulares y diputaciones provinciales tras las elecciones locales del próximo 22 de mayo, así como la de las cámaras legislativas de las comunidades que celebran comicios autonómicos se encuentran ya presentes en las páginas de los periódicos y en las conversaciones diarias de los ciudadanos, especialmente tras la publicación las primeras encuestas de intención de voto.

Sin embargo, en el caso del Parlamento de Canarias, dicha intriga sobre quién pierde un diputado aquí y quién lo gana por allá o sobre si tal partido pactará con cual otro carece de sentido, pues tanto la composición de la Cámara como la formación del Gobierno vienen ajustándose a los siguientes tres axiomas desde hace casi 20 años: no se producen mayorías absolutas, PP y PSOE no pactan entre sí y Coalición Canaria no negocia la presidencia. Dicho de otra forma, las elecciones en nuestro Archipiélago son como las películas de guión plano y final predecible: aburridas.

Merece la pena dedicarle algo de atención a dichos axiomas, en especial al primero de ellos. En efecto, las mayorías absolutas son prácticamente imposibles debido a que el Estatuto de Autonomía establece siete circunscripciones electorales –una por isla–, asignándole a cada una de ellas un número fijo de escaños. Ello implica que para alcanzar una mayoría absoluta en el Parlamento es preciso obtener o bien la mitad de los diputados que cada isla elige, o bien un porcentaje de sufragios excepcionalmente alto (del orden del 70% o superior) en las islas que más diputados aportan.

Teniendo en cuenta estas restricciones, resulta inmediato percatarse de que si ya es muy complicado alcanzar la mitad de los votos en una sola circunscripción, hacerlo en las siete al mismo tiempo es sumamente difícil. Valga como ejemplo el hecho de que si en las elecciones al Congreso de los Diputados se exigiera conseguir la mitad de los escaños en todas las provincias para sumar una mayoría absoluta, ni Felipe González ni José María Aznar hubieran disfrutado de las suyas.

El segundo y el tercer axioma son más simples, puesto que solo conciernen al interés político y están íntimamente ligados al primero, ya que si las mayorías absolutas son imposibles, los pactos son obligatorios. El segundo, en concreto, establece que PP y PSOE nunca subscribirán un pacto de gobierno, pues semejante acuerdo sería prohibido de manera categórica por las direcciones nacionales de ambos, las cuales solo autorizarían una operación de tal calibre para casos muy concretos como, por ejemplo, el del País Vasco.

La tercera y última proposición enuncia que para Coalición Canaria la presidencia del Gobierno es innegociable. No en vano la fuerza nacionalista es un partido concebido desde el gobierno y para el gobierno, por lo que el punto número 1 de todo acuerdo al que se pretenda llegar con ella pasa necesariamente por entregarle la presidencia. De hecho, pasar a la oposición bien podría significar su disolución (tengamos en cuenta que, aun sin dejar el gobierno en ningún momento, ha vivido la escisión de buena parte del partido en Gran Canaria y los vaivenes del PNC y el CCN).

Ni que decir tiene que sería mucho más coherente que las elecciones tuvieran una segunda vuelta para elegir al presidente o, incluso, que los partidos no engañasen a sus electores y dijeran de antemano con quién van a pactar y cuáles serían las líneas maestras de dicho pacto. Pero eso, me temo, es más difícil que otra nevada como la de ayer cubra todas las islas hasta la orilla del mar.

Sergio Armas Pérez

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Opinión

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