Feb 28, 2011
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Identidad no es sólo un acto de voluntad

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¿Qué es ser gomero? ¿Saborear como nadie un pedazo de pan untado de almogrote? ¿Preparar el mejor potaje de berros del mundo? Puede ser eso. Pero es también mucho más. Y no basta con la voluntad o la simple afirmación para apuntalar o consolidar una identidad porque ¿qué ocurrirá dentro de 20 años si no se protegen apropiadamente las raíces que identifican a cada grupo social, entre ellos el gomero, de la imparable globalización?

Arqueólogos y etnólogos -los que estudian las civilizaciones a través de sus restos materiales, los primeros, y las costumbres y tradiciones de los pueblos, los segundos- pueden informarnos en la actualidad sobre las características distintivas de asentamientos y hasta de civilizaciones enteras gracias a lo que quedó de ellas tanto en piedra y barro como en música y poesía.

Es por ello que una apuesta por la conservación del patrimonio, tanto material -arquitectura, artesanía- como inmaterial -la ejecución de las expresiones culturales del lugar- es una garantía para la continuidad de los elementos que distinguen a una sociedad, así como el soporte esencial para permitir a otros definir, y al propio grupo reconocerse, en lo característico y único.

Las instituciones de La Gomera han acometido un ambicioso plan, en la medida de los recursos a la mano, de recuperación de edificaciones que son ejemplos sobresalientes de la arquitectura local. Es una pena que, dados los tiempos que corren, no hayan más fondos para llevar a cabo más acciones de ese tipo, o también que los propios dueños de innumerables viviendas con alto valor arquitectónico no se sensibilicen con la significación de sus inmuebles, o no puedan acometer los arreglos necesarios y los dejen languidecer y llegar a la ruina, como ocurre en diversos puntos de la isla.

Tal recuperación, además del sentido histórico y trascendental, tiene un gran valor de orden práctico. La Gomera, como toda Canarias, ha apostado definitivamente por el turismo. Normalmente, quien viaja a otro sitio quiere entrar en contacto con lo diferente, con lo autóctono del lugar que visita. Y construcciones del tipo que hay en todas partes, como el edificio de Los Descubridores, no serán con toda seguridad las que despierten su curiosidad. El visitante llega para sorprenderse o deleitarse con lo pasado o presente, común o glorioso, pero distintivo. Una casa del siglo XIX o una ermita del siglo XVIII. Y diferente de las que ha visto en otra parte o en su propia ciudad.

Una visión reduccionista o de corto alcance puede llevar a algunos a pensar que el patrimonio religioso es ajeno a la cultura general. Un Estado laico debe ciertamente permanecer a distancia de cualquier manifestación religiosa. Pero con la recuperación de una iglesia o una ermita no se protege el culto. Se protege la historia y la herencia cultural. Y en el caso de llegar a la reducción y la miopía, a esos hospitales del alma también acuden súbditos de ese Estado, electores y elegibles a cualquier función pública y también contribuyentes al presupuesto que es de todos y con igual derecho que quienes son ateos.

Cabe preguntarnos si, pensando en las estrecheces del momento, vale hoy la pena olvidarnos, digamos, de la arquitectura local, o del baile de tambor, argumentando que hay prioridades más acuciantes a las que dedicar los esfuerzos; que lo más importante es sortear la crisis y más adelante se verá qué hacer con lo que distingue a la isla y a sus moradores.

Sin embargo, la conservación del patrimonio genera puestos de trabajo directos o indirectos, en la construcción, en los profesores que mantienen vivo el acervo, porque no basta con el artesano que talla la chácara, también se necesita al que investiga, conserva y enseña el modo en que los abuelos tocaban el instrumento o ejecutaban la danza. En este terreno, el pasado, el presente y el futuro van de la mano. Y un paréntesis puede significar un tiempo irrecuperable y la pérdida, como ya quedó dicho más arriba, de una manifestación notable.

Si a La Gomera la inunda la globalización niveladora y gris y no encuentra muros de contención ¿se podrá hablar de un ser y estar gomero cuando en una tienda de chinos podamos comprar un fonil de bakelita o unos tambores de dudoso parche y madera artificial?

Por Luis Manuel González

 

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Opinión

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