Nov 11, 2010
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El orden de los apellidos: una nueva cortina de humo

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Con el orden de los apellidos, el Gobierno nos ha sacado de la chistera una nueva cortina de humo para hablar de todo menos de lo que realmente importa a los españoles, que es salir cuanto antes de la crisis. Exacto, parece que han renunciado por completo a hacer algo para facilitar la recuperación económica de nuestro país. Se limitan únicamente a jugar su única baza, la propaganda, como los Planes E o el facilitador financiero, que suponen un gasto pero cuya efectividad es prácticamente nula. En cambio, en cuanto a las medidas efectivas, no han aprobado ninguna, por no mencionar la torpeza de subir el IVA, que penaliza el consumo, empobrece más a las clases más desfavorecidas y, como consecuencia de ello, se reducen los ingresos del Estado.

En efecto, con el orden de los apellidos, el Gobierno ha buscado distraer la atención, y en cierta medida lo ha conseguido, porque se ha hablado, a mi gusto, demasiado de este tema. Alguno pretenderá negar la mayor, pero ¿cómo se puede calificar a dar categoría de noticia de actualidad a un proyecto de ley que fue presentado por el Gobierno en el Congreso de los Diputados el 26 de julio de este año y que fue calificado por la mesa del Congreso el 3 de octubre, estando en un ampliadísimo período de enmiendas desde el 25 del mes pasado hasta el 10 del presente?

Entrando en el fondo de la cuestión, personalmente no me importa que quiten la preferencia del apellido paterno en caso de desacuerdo entre los padres, pero lo que considero un dislate es sustituirlo por el orden alfabético. Esta solución supone una discriminación por razón de apellido, y, por supuesto, una baza para el progenitor cuya inicial de su primer apellido le favorece. Exacto, ¿para qué va a querer llegar a un acuerdo si negándose se va a salir con la suya? Por eso lo más justo sería sustituirlo por un sistema aleatorio, en el que cada uno de los dos tienen el 50% de probabilidades de salir ganando.

Por último, no quisiera olvidarme de la falacia con la que han pretendido justificar la reforma. Esta falacia consiste, según he podido oír, en afirmar que la prevalencia del apellido paterno es inconstitucional. Si así lo creyeran, ¿por qué no recurrieron ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo el art. 194 del Reglamento del Registro Civil, que fue reformado por el Real Decreto 193/2000? Esto sin olvidarme de que llevan gobernando España desde 2004 y no se les ha ocurrido hacer nada al respecto hasta este año.

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre, abogado

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Opinión

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